El fĂștbol: Âżdeporte o guerra?
- Trino MĂĄrquez
- hace 3 horas
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El Mundial de FĂștbol, especialmente la fase final, sirviĂł para aliviar la angustia y distraer un poco a los venezolanos, luego de los pavorosos terremotos del 24 de junio. La gente, viendo a los jugadores correr tras el balĂłn y hacer malabarismos para tratar de encajarlo en la porterĂa del equipo contrario, logrĂł reducir la ansiedad. Esa es una de las virtudes de los deportes: sacan a la gente de su rutina diaria y la transportan al mundo lĂșdico, lleno de
emociones, muchas veces convertidas en ciegas pasiones.
Los deportes suelen elevar al mĂĄximo la adrenalina de quienes los practican y de quienes los observan. La violencia con frecuencia forma parte intrĂnseca de las disciplinas donde hay contacto directo entre los jugadores. Ese el caso del fĂștbol. El hecho aparentemente tan simple de tomar una pelota, rodarla por el cĂ©sped para intentar incrustarla en el arco opuesto, en numerosas ocasiones va acompañado de un Ămpetu desbordado.
Esa dinĂĄmica se saliĂł de cauce en el juego entre Argentina y España. El careo tuvo poco que ver con las tensiones naturales que se desatan en una competencia donde estĂĄ en disputa la Copa del Mundo. El ecosistema que se crea en un campo de fĂștbol sin duda es especial. Los jugadores respetan la camiseta. La sudan. Ese compromiso se multiplica cuando el jugador representa a su paĂs. El mito de la naciĂłn se potencia en esos embajadores que se encuentran en el terreno compitiendo con contrincantes que andan en lo mismo.
El Mundial de FĂștbol fue concebido por Jules Rimet para hermanar las naciones en una etapa en la cual el mundo estaba removido. Las heridas causadas por la I Guerra Mundial no se
habĂan sanado. Rimet, sin duda un soñador, pensaba que las diferencias entre las naciones podrĂan reducirse si las iniciativas se colocaban en eventos internacionales que unificasen. Encontrar metas comunes y poner en contacto a pueblos que compartĂan una misma pasiĂłn. AsĂ naciĂł la primera Copa del Mundo, organizada en Uruguay en 1930. Esa iniciativa, vista al comienzo como una quimera, se convirtiĂł en un enorme Ă©xito y, al igual que las OlimpĂadas, se lleva a cabo de forma ritual cada cuatro años. El ideal se mantiene intacto: cohesionar al planeta a travĂ©s de un deporte cada vez mĂĄs universal.
Es cierto que la FIFA ha transformado el fĂștbol, particularmente el Mundial, en un inmenso y lucrativo negocio. Las cifras financieras arrojadas por este Ășltimo torneo resultan astronĂłmicas. Pero, no se puede desconocer que el fĂștbol, gracias a la labor de la FIFA, se ha hecho cada vez mĂĄs democrĂĄtico y planetario. Esa instituciĂłn cuenta con mĂĄs integrantes que la ONU. Con todo y sus errores, la fraternidad, la pasiĂłn por el juego y la inclusiĂłn de cada vez mĂĄs paĂses, han sido grandes conquistas.
La FIFA -al igual que el ComitĂ© OlĂmpico Internacional (COI)- mantiene viva la esperanza de que el ser humano es capaz de convivir en paz a pesar de sus diferencias. El deporte, lo mismo que la mĂșsica, es un lenguaje universal al que todos los seres humanos pueden acceder, aunque no todos sepan ejecutarlo. Esta es la filosofĂa que inspira los grandes eventos como el Mundial de FĂștbol, las copas continentales y regionales, las OlimpĂadas, a pesar de estar revestidas de mercantilismo.
La idea de que el fĂștbol ây cualquier otro deporte- constituye una expresiĂłn cultural y una forma civilizada de manifestar nuestra vitalidad, hay que preservarla por encima de consideraciones mezquinas. En un campo se gana y se pierde. Si los triunfadores estuviesen predeterminados en un cĂłdigo secreto o en un libro sagrado, entonces no serĂa necesario competir.
La actitud de la selecciĂłn argentina durante el careo y el inobjetable triunfo de la selecciĂłn española en la final de la Copa, hay que condenarla. ViolĂł los valores que definen la competencia deportiva y la filosofĂa pacifista y ecumĂ©nica que inspirĂł la creaciĂłn de los mundiales.
Para guerras, ya el mundo cuenta con la invasiĂłn de Rusia a Ucrania, la conflagraciĂłn entre Estados Unidos e IrĂĄn, el eterno conflicto en el Medio Oriente y la reciente destrucciĂłn de Gaza. No era necesario transformar el estadio de New Jersey en un campo de batalla, ni la ceremonia de entrega de los premios en un desplante insolente con los triunfadores. Nada de lo ocurrido en el terreno justificaba ese comportamiento, que no representa la nobleza de
Argentina como naciĂłn, ni los principios que deben inspirar a los deportistas.
Esperemos que la AsociaciĂłn del FĂștbol Argentino (AFA) y la FIFA aprendan de esa lamentable experiencia. Su obligaciĂłn reside en transmitirles a los entrenadores y jugadores la obligaciĂłn mantener una conducta digna. JamĂĄs deben olvidar que son Ădolos seguidos por centenas de millones de espectadores.
Lamento la forma como la selecciĂłn argentina cerrĂł la era Messi en los mundiales.