De las memorias familiares a la historia social
- Horacio Biord Castillo
- hace 4 horas
- 3 Min. de lectura

La reconstrucción de las historias familiares es una grata, pero compleja tarea. Con frecuencia, para las nuevas generaciones conocer y reconocer los orígenes de la familia
puede constituir no solo una simple curiosidad sino, fundamentalmente, una manera de recordar personajes y hechos del pasado familiar en un sentido amplio, reconciliarse con ellos o incluso desligarse, reafirmar las identidades y corroborar recuerdos imprecisos, hilarlos, resignificarlos.
El interés en el pasado puede ser variable: a unas personas les atrae más; otras focalizan determinados aspectos, temas, períodos o personajes. Algunas familias cuentan con árboles
genealógicos (parciales o amplios) o registros más o menos actualizados y relativamente precisos. En otras, en cambio, prevalece una fragmentación total de la información y, por
tanto, de la memoria.
Puede ocurrir que algunas personas quieran olvidar, silenciar o restar visibilidad a ciertos antepasados y sus actuaciones. Entre generaciones contemporáneas o próximas se puede
comprender tales actitudes. Sin embargo, las generaciones posteriores deben hacer el esfuerzo de comprender, sin necesariamente juzgar. Todo esto, a su vez, puede ser una
actitud profundamente sanadora: reordenar o reestructurar el pasado.
Cada grupo familiar presenta especificidades y complejidades distintas. Variables como color de la piel, el estrato social, la pobreza o la opulencia, el origen nacional, regional o étnico,
aspectos lingüísticos y culturales, perfiles educativos y profesionales, especialización de actividades, religión y creencias, entre otras muchas, pueden jugar un papel muy importante en la memoria familiar y el deseo de reconstruirla.
Un aspecto muy interesante y, a veces difícil de entender y ponderar de manera adecuada, es la coexistencia de distintas versiones sobre una persona y sus haceres o ciertos
acontecimientos familiares o sociales. Esas versiones pueden resultar parecidas, complementarias, radicalmente diferentes, contrapuestas o incluso contradictorias. Esta diversidad de versiones, lejos de imposibilitar la reconstrucción, ciertamente la complejiza, pero la hace también más interesante y menos sesgada, al considerar diversos puntos de vista.
El recuento de los sucesos familiares, incluso las anécdotas en apariencia más significantes, y la historia oral juegan un papel no solo importante, sino esencial e imprescindible para la reconstrucción más fluida del pasado familiar. Quizá por la reducción del tamaño de las viviendas y el influjo de las ideas minimalistas, se ha generalizado la percepción de que los
objetos viejos sobran y son absolutamente prescindibles y reciclables. Se les llama despectivamente “cachivaches” o “tereques”. Sin caer en extremos patológicos, como la
acumulación irracional, los objetos del pasado testimonian la historia familiar. Una mesa, una silla, un cuadro, un retrato, una copa, en fin cualquier objeto, por sencillo que sea, testifican y nos recuerdan épocas y etapas de la historia familiar. ¡Cuánto echamos de menos en la madurez algún objeto de la niñez o de la juventud!
En determinados momentos, esos objetos pueden servir de activadores de recuerdos que van ampliando la memoria. De ahí la importancia de cultivar la transmisión oral de los
acontecimientos y de conservar, en lo posible, testimonios físicos que puedan inducir el recuerdo y la evocación de las etapas anteriores de la vida familiar.
En Venezuela, siempre se dice que toda familia ha vivido momentos difíciles, de estrechez económica o de crisis. Esto no solo constituye una enseñanza de vida, sino también una
advertencia metodológica de primer orden. Esas etapas extraordinarias o complejas pueden ayudar a focalizar y, por tanto, a reconstruir la historia familiar.
Reconstruir la historia de una familia, por más intrincado que pueda resultar, tiene, sin embargo, muchas utilidades. En el pasado reciente, incluso en la actualidad, personas de
ascendencia sefardí han intentado obtener las nacionalidades española y portuguesa. Además de esa importancia pragmática y de la relevancia académica como investigación
histórica, la reconstrucción de historias familiares tiene una importancia más íntima: la de activar diacríticos que nos permiten sentirnos parte de algo mayor. En no pocos casos,
también concurre una relevancia social: darle visibilidad a procesos incomprendidos o silenciados y vincularlos con procesos sociohistóricos y socioeconómicos más amplios. En
otras palabras, se puede hacer historia social, local y regional con las memorias familiares.