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De la pandemia a la guerra


La pretensión de acabar con la cultura occidental es el próximo virus que nos amenaza. Foto: janeb13, Pixabay

En el 2020 la pandemia del COVID hizo que el mundo entero viviera un episodio de terror,

control, aislamiento. Esta situación condujo a replantearse varios problemas vinculados a

distintos ámbitos, como lo fue: las relaciones interpersonales, mayor uso de la virtualidad

como herramienta de trabajo, el manejo del estado de ánimo. También se puso entredicho el

papel tanto de los gobernantes como del Estado en relación a las medidas tomadas y su

afectación a la libertad individual. De igual manera, se veía con preocupación cómo algunos

gobiernos tenían un pie adelante en la creación de vacunas y atención de sus ciudadanos,

mientras en otras tierras, como la Latinoamericana, en más de un país sus ciudadanos estaban en una espera angustiosa. El virus no reconoció fronteras y afectó países con gobiernos de derecha y de izquierda sin distinción alguna. No faltaron reflexiones come flor que afirmaban que después de la pandemia el mundo y sus ciudadanos serían mejores, pareciera que sucede todo lo contrario. El mundo pospandemia ha comenzado con dos guerras Rusia-Ucrania y Hamas- Israel. Situaciones frente a las cuales hemos visto posiciones tan contradictorias, por no decir desvergonzadas, como las del propio Putin, quien dice que la guerra en Gaza implica la muerte de miles de civiles. Pareciera que el presidente ruso olvida que en Ucrania también viven seres humanos. Como vemos algunos representantes políticos no tienen el más mínimo pudor en criticar y condenar lo que ellos mismo hacen, pero que en su caso pareciera ser válido.


Lamentablemente, las alianzas entre países limitan y condicionan la posición que toman frente a determinadas situaciones, es decir, no hay una posición fundada en un ideal de Estado o nación. Hoy en día, los gobernantes actúan como decía Platón: hacen el bien a los amigos y el mal a los enemigos. Así, vemos cómo Rusia y China reclaman por la suspensión de agua, electricidad y otros servicios básicos en la franja de Gaza por la ofensiva israelí. Pero no hacen este reclamo para Venezuela que sufrimos lo mismo pero somos panas y nos sacan buenos reales.


Pero esta posición relativista de los gobernantes lamentablemente está permeando otros

sectores. Sorprendentemente ha llegado a universidades prestigiosas de los EEUU, y se

evidencia en la postura que sus directivas han tomado frente a las protestas anti-semitas.

Desde el inicio de la guerra Hamas-Israel, en varios campus universitarios de los EEUU se han

venido desarrollando protestas de amenaza contra estudiantes judíos y de apoyo a Palestina,

que son una muestra del crecimiento del anti-semitismo. Pero lo que no deja de impresionarnos es el relativismo con el que las autoridades respondieron en la interpelación

ante el congreso. Ante el cuestionamiento a las directoras de varias universidades respecto a si las manifestaciones y amenazas contra estudiantes judíos violan los reglamentos de conducta de esos centros de estudio, en términos generales respondieron: que depende del contexto o que no es una amenaza en tanto no se ha convertido en acto. Esto más allá de verlo como la posición ligera o errada de unos individuos, muestra relativismo e indiferencia frente a la amenaza que se está levantando contra la civilización occidental, porque más allá de ser un ataque al pueblo judío, es un aviso de ir contra todo lo que muestre civilización. Un hecho innegable y que no puede ser ignorado es que la única democracia que existe en el medio oriente es la de Israel. Sin dejar de mencionar que en el parlamento y en la Corte Suprema de Justicia de Israel los árabes tienen representación.


Por su parte, sus vecinos se caracterizan por un control férreo y autoritario, donde los

individuos no tienen derecho ni siquiera a seguir una religión diferente ni muchos menos

derecho a pensar diferente. Estar en favor de uno u otro, dice claramente cuales son nuestros

ideales.


Veo con preocupación que en un futuro no muy lejano el mal que atentará contra la

civilización será como el COVID, un virus que no respetará fronteras ni culturas, este virus

será la pretensión de acabar con la cultura occidental y la imposición de un sistema de

sometimiento de los individuos. La lucha será entre la civilización y la barbarie.


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