Capitalismo, fase superior del socialismo
- Pedro Elías Hernández
- hace 1 hora
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Las revoluciones políticas de esta naturaleza, no se caracterizan ni se identifican por lo que construyen, sino por lo que destruyen. Y aunque se dice con cierta razón que es más fácil destruir que construir, sin embargo, para hacer una demolición con eficacia se requiere de
coherencia y saber qué se está haciendo.
Ya en 1922, en su obra Socialismo, Ludwig von Mises, uno de los pensadores liberales más importantes de su tiempo, definía a la incipiente revolución socialista soviética con estas palabras: “El socialismo no es en realidad lo que pretende ser; es el destructor de todo lo que penosamente han creado siglos de civilización. Nada construye, todo lo demuele”.
Pues bien, para destruir un orden, si se quiere hacerlo bien, se precisa de una visión estratégica, acerada determinación y si es necesario paciencia. En el caso venezolano, nuestro país pudo iniciar hacia principios del siglo XX un exitoso proceso de regeneración republicana que tomó varias décadas consolidarlo. Este proceso se desarrolló sobre cuatro pilares fundamentales, a saber: el sistema monetario nacional, la hacienda pública nacional, el ejército nacional y la industria petrolera nacional. Con precisión quirúrgica, la revolución
socialista bolivariana fue a la yugular de esas instituciones.
El socialismo como sistema tiene como propósito esencial destruir el sistema de precios, reducir de forma sistemática la propiedad privada y anular los contratos voluntarios entre las personas. En tal sentido, califica de forma sobresaliente el ensayo socialista bolivariano.
Esta revolución venezolana del siglo XXI ya lleva casi tres décadas, y como suele ocurrir, los regímenes de tal naturaleza comienzan a mutar, luego de cierto tiempo, hacia formas económicas menos socialistas y pro mercado para evitar el colapso. Simple instinto de
conservación. La historia reciente nos demuestra que el capitalismo es la etapa superior del socialismo. Tanto nadar para morir en la orilla, como dice la expresión popular.
Así sucedió con la revolución mexicana, la soviética, la china, la vietnamita, la camboyana, la cubana, la sandinista y ahora la bolivariana. Es el mismo patrón, aunque no todas con el mismo éxito. Los casos asiáticos han tenido un desempeño más virtuoso en lo que
respecta a la esfera de lo economía, sacando de la pobreza extrema a millones de sus conciudadanos.
Sin embargo, la mutación descrita de relaciones económicas socialistas a capitalistas en los mencionados países no ha sido idéntica. Por ejemplo, los chinos, los vietnamitas y los
camboyanos han asumido sin titubeos la transición al capitalismo. Es decir, han echado mano de fórmulas de mercado y de apertura comercial, no para socorrer a un socialismo moribundo, sino para dejar atrás esa pesadilla empobrecedora. En relación a Rusia, su
ejemplo es bastante peculiar ya que la transición económica se dio en términos bastante opacos y tenebrosos, a diferencia de la forma en que se hizo en otras repúblicas exsoviéticas o naciones de Europa oriental.
En el caso venezolano, el modelo socialista avanzó tanto, que el propio gobierno desde hace algún tiempo, lo quiere revertir en ciertos aspectos. Ahora, después de los eventos del pasado 3 de enero, más todavía. No estamos viendo una transición de un régimen iliberal a una democracia. Estamos observando una transición del socialismo al capitalismo. Con un peligro: enormes asimetrías, reparto de privilegios mercantiles, opacidad en extremo y enorme ineficiencia.
En Venezuela, los que detentan el poder, exhiben puro instinto de sobrevivencia, cuando para dirigir algún diseño económico coherente, se necesita de mucho conocimiento
contraintuitivo. Tal vez pasemos de un socialismo salvaje a un capitalismo salvaje. ¿Cuál de los dos es el mal menor?


