Alexis Montilla convirtió los sueños en destino
- Enrique Rondón Nieto
- hace 7 horas
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Hablar hoy de la partida de Alexis Montilla no es solo hablar de ausencia. Es hablar de un vacĆo que se siente en la montaƱa, en las carreteras, en esos espacios donde Venezuela aprendió a mirarse con orgullo.
Porque Ć©l no hizo turismo. Ćl le dio alma al turismo.
Nació el 22 de mayo de 1944, en la sencillez de Chachopo, estado MĆ©rida. Su historia comenzó lejos de cualquier privilegio. Fue vendedor de artesanĆa, mesonero, un hombre que entendió desde abajo lo que significa trabajar, insistir y creer. Y quizĆ”s por eso logró algo que no todos consiguen: transformar la cotidianidad en experiencia, lo simple en extraordinario.
Dicen que todo empezó conĀ El Caney, un pequeƱo restaurante en la carretera trasandina. A las tres de la maƱana, un camión que iba hacia Barinas se detenĆa⦠y ahĆ, en ese gesto cotidiano, empezó a escribirse una historia que terminarĆa marcando a todo un paĆs.
Pero lo mÔs impresionante no fue lo que construyó. Fue cómo lo soñó.
Porque Alexis Montilla tenĆa una capacidad casi mĆ”gica de ver lo que otros no veĆan. De
imaginar pueblos donde solo habĆa montaƱa. De crear memoria donde solo habĆa presente.
Asà nacieron espacios que hoy son parte del corazón de Venezuela: Los Aleros, La Venezuela de Antier y La Montaña de los Sueños.
No eran parques. Eran recuerdos vivos. Eran identidad.
Tuve el placer de conocerlo. Y entre tantas cosas que pudo decirme, hubo una que se quedó
conmigo como una certeza, como una especie de brĆŗjula en medio de cualquier duda:
āSueƱa, visualiza y crea⦠aunque nadie crea en tu proyecto.ā
Y eso era Ć©l.Ā Un hombre que creyó cuando nadie mĆ”s lo hacĆa. Un hombre que no necesitó
validación para avanzar. Un hombre que entendió que los sueños no se piden permiso⦠se
construyen.
Por eso su partida, el 17 de abril de 2026, no solo enluta al turismo nacional. Nos enfrenta a una pregunta silenciosa: ¿cuÔntos sueños dejamos de intentar por miedo a que no sean posibles?
Ćl vivió respondiendo a eso. Y lo hizo con otra frase que hoy cobra aĆŗn mĆ”s fuerza:
āNo hay nada imposible de hacer⦠porque el Ćŗnico que tiene el derecho de decirte que no, es Dios.ā
Hoy MĆ©rida lo despide con la nostalgia de quien pierde a uno de los suyos. Pero tambiĆ©n con la certeza de que su obra no termina aquĆ.
Porque sus espacios siguen contando historias. Sus caminos siguen recibiendo viajeros. Y sus sueños⦠siguen inspirando a quienes aún se atreven a creer.
Hay despedidas que duelen. Pero hay legados que abrazan.
Y el de Alexis Montilla⦠es de esos que no se apagan.