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Alexis Montilla convirtió los sueños en destino

Hay personas que no solo construyen lugares… construyen emociones. De esas que se quedan contigo incluso cuando el tiempo pasa. Alexis Montilla fue uno de ellos.
Hay personas que no solo construyen lugares… construyen emociones. De esas que se quedan contigo incluso cuando el tiempo pasa. Alexis Montilla fue uno de ellos.

Hablar hoy de la partida de Alexis Montilla no es solo hablar de ausencia. Es hablar de un vacío que se siente en la montaña, en las carreteras, en esos espacios donde Venezuela aprendió a mirarse con orgullo.


Porque Ć©l no hizo turismo. Ɖl le dio alma al turismo.


Nació el 22 de mayo de 1944, en la sencillez de Chachopo, estado Mérida. Su historia comenzó lejos de cualquier privilegio. Fue vendedor de artesanía, mesonero, un hombre que entendió desde abajo lo que significa trabajar, insistir y creer. Y quizÔs por eso logró algo que no todos consiguen: transformar la cotidianidad en experiencia, lo simple en extraordinario.


Dicen que todo empezó conĀ El Caney, un pequeƱo restaurante en la carretera trasandina. A las tres de la maƱana, un camión que iba hacia Barinas se detenĆ­a… y ahĆ­, en ese gesto cotidiano, empezó a escribirse una historia que terminarĆ­a marcando a todo un paĆ­s.


Pero lo mÔs impresionante no fue lo que construyó. Fue cómo lo soñó.


Porque Alexis Montilla tenƭa una capacidad casi mƔgica de ver lo que otros no veƭan. De

imaginar pueblos donde solo habƭa montaƱa. De crear memoria donde solo habƭa presente.

Así nacieron espacios que hoy son parte del corazón de Venezuela: Los Aleros, La Venezuela de Antier y La Montaña de los Sueños.


No eran parques. Eran recuerdos vivos. Eran identidad.


Tuve el placer de conocerlo. Y entre tantas cosas que pudo decirme, hubo una que se quedó

conmigo como una certeza, como una especie de brĆŗjula en medio de cualquier duda:


ā€œSueƱa, visualiza y crea… aunque nadie crea en tu proyecto.ā€


Y eso era él. Un hombre que creyó cuando nadie mÔs lo hacía. Un hombre que no necesitó

validación para avanzar. Un hombre que entendió que los sueƱos no se piden permiso… se

construyen.


Por eso su partida, el 17 de abril de 2026, no solo enluta al turismo nacional. Nos enfrenta a una pregunta silenciosa: ¿cuÔntos sueños dejamos de intentar por miedo a que no sean posibles?


Ɖl vivió respondiendo a eso. Y lo hizo con otra frase que hoy cobra aĆŗn mĆ”s fuerza:


ā€œNo hay nada imposible de hacer… porque el Ćŗnico que tiene el derecho de decirte que no, es Dios.ā€


Hoy MƩrida lo despide con la nostalgia de quien pierde a uno de los suyos. Pero tambiƩn con la certeza de que su obra no termina aquƭ.


Porque sus espacios siguen contando historias. Sus caminos siguen recibiendo viajeros. Y sus sueƱos… siguen inspirando a quienes aĆŗn se atreven a creer.


Hay despedidas que duelen. Pero hay legados que abrazan.


Y el de Alexis Montilla… es de esos que no se apagan.




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