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A favor del CILE en las riberas del Canal de Panamá


Panamá nos espera con la bandera entusiasta del cerro Ancón, que nos habla de libertad, soberanía, igualdad, justicia, paz y hermandad. Imagen: IA Gemini
Panamá nos espera con la bandera entusiasta del cerro Ancón, que nos habla de libertad, soberanía, igualdad, justicia, paz y hermandad. Imagen: IA Gemini

Desde el primero, que tuvo lugar en Zacatecas (México) en 1997, cada tres años se celebra el Congreso Internacional de la Lengua Española (CILE). Coorganizado por el Instituto Cervantes y la Real Academia Española, en conjunto con la Asociación de Academias de la Lengua Española (ASALE), estos congresos buscan resaltar el valor del idioma español y reflexionan sobre sus retos en un mundo crecientemente globalizado y cada vez más expuesto a las nuevas tecnologías. En este sentido, un reto particular lo constituye, en el presente, la enorme influencia preliminar de la inteligencia artificial.


El último de estos congresos se llevó a cabo en octubre de 2025 en Arequipa (Perú), la ciudad blanca, como se le conoce. Uno de los temas fundamentales de ese congreso fue el mestizaje. Allí, tierra de volcanes y enormes montañas, la Asociación de Academias de la Lengua Española acordó, por unanimidad, adherir la candidatura de Panamá como sede del siguiente CILE en 2028. La propuesta debe contar con el beneplácito del Instituto Cervantes para considerarse aprobada y entregada al gobierno respectivo.


Si bien ya en 2013 Panamá fue sede del congreso, esta vez el llamado es hacerlo en las riberas del Canal. El Canal de Panamá, que se extiende de norte a sur, desde el Caribe al Atlántico, simboliza el punto de encuentro de las Américas.  Simón Bolívar, en 1826, convocó el Congreso Anfictiónico de Panamá, cuyo bicentenario se celebra en 2026. Se trata del gran sueño bolivariano de la integración americana, cuando aún estaba vigente el magno proyecto de la República de Colombia que integraban, precisamente, Venezuela, Nueva Granada (Colombia), Ecuador y Panamá. En esta ocasión, un nuevo CILE en Panamá daría

continuidad a los festejos del bicentenario del Congreso de Panamá y reafirmaría el ideal de la integración regional, tan estrechamente relacionada con los proyectos panhispánicos de la ASALE.


Ese ideal panhispánico alimenta proyectos de colaboración en torno a una lengua cada vez con más hablantes, con una perspectiva policéntrica sin pretensiones de imposición de reglas, normas y usos lingüísticos. Dicho esto, ojalá que el gobierno del Reino de España y, más concretamente, el Instituto Cervantes perciban estas razones coincidentes con políticas de Estado en materia cultural y lingüística y allanen el camino para una aprobación de Panamá y las riberas del canal como sede del siguiente CILE.


No se encontraría mejor alternativa para la continuación del jubileo del bicentenario del Congreso Anfictiónico que celebrar el CILE en Panamá. En 2013, el VI Congreso Internacional de la Lengua Española tuvo el gran impulso de la entonces directora de la Academia Panameña de la Lengua, la inolvidable Berna Pérez Ayala de Burrell, y hoy se lo dará Jorge Eduardo Ritter, su actual director. En 2013, como una actividad precongreso y complementaria a los trabajos de este, la ministra de Educación, Lucy Molinar, tuvo el acierto de organizar, sobre todo en escuelas del interior y zonas rurales, cursos de actualización para profesores de español. De esta forma, el CILE de Panamá tuvo una huella social en el país sede y dejó contribuciones más allá de los ámbitos estrictamente intelectual y académico. Hoy de nuevo en el mismo cargo, la ministra Molinar tal vez se anime a repetir la experiencia, mejorándola a partir de los resultados obtenidos hace trece años.


Panamá es el eslabón natural entre Sudamérica y Centroamérica, la puerta de Mesoamérica y Norteamérica. Ojalá que se puedan superar las reservas del Instituto Cervantes, abonadas, en la hermosa ciudad de Arequipa, por la incomodidad que generó la indebida y prematura filtración del apoyo de la ASALE a la candidatura panameña. Un acuerdo en esta materia beneficiaría los proyectos panhispánicos, que tantas instancias perciben como iniciativas de

integración paritaria de los países con comunidades hispanohablantes. El español, como lengua común, oficial en tantos países y hablada por importantes minorías en otros, saldrá reforzado del nuevo CILE, sin que ello suponga arrollar las lenguas indígenas americanas ni las lenguas regionales, como en el caso de España, sino más bien reforzar la idea del español como una poderosa herramienta transiberoamericana. Panamá, por su parte, reafirmará su especial condición de país independiente y, a la vez, de bisagra americana, punto de encuentro y síntesis del Norte y el Sur.


Panamá nos espera con la bandera entusiasta del cerro Ancón, que nos habla de libertad, soberanía, igualdad, justicia, paz y hermandad. Si una vez se promovía la campaña de “my name is Panama”. Hoy, con un grito de hermandad, decimos que “todos nos llamamos Panamá”.


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