Yisero en Madrid: breve crónica de una palabra

El 30 de octubre de 2026 se presentó la vigésima cuarta edición del Diccionario de la lengua española (DLE), anteriormente conocido como Diccionario de la Real Academia o DRAE, por su acrónimo. El acto solemne se celebró en la sede de la Real Academia Española, en Madrid. Aunque se había previsto que los reyes presidieran la ceremonia, y asistiesen otras
autoridades y representantes diplomáticos, la tragedia ocasionada por el choque de trenes ocurrido el 28 de octubre, en Urda, cerca de Toledo, sumió al país en un duelo oficial que obligó a modificar el programa.
En virtud de que los directores y presidentes de las academias que conforman la Asociación de Academias de la Lengua Española ya estábamos presentes en Madrid, se decidió no suspender el acto. Se hizo, pues, un poco más sencillo, igualmente solemne, pero sí con mayor austeridad, tratando de realzar, sin embargo, la significación de esta nueva edición del diccionario académico.
Se debe destacar que el Diccionario de la lengua española, dirigido por la académica Paz Battaner, es fruto del trabajo conjunto de las 23 academias que conforman la ASALE, con apoyo del equipo filológico adscrito a la Real Academia Española. En nuestro país, el trabajo lo realizó la Comisión de Lexicografía de la Academia Venezolana de la Lengua y, muy especialmente, el doctor Luis Barrera Linares, coordinador de dicha comisión.
Para la presentación se nos pidió a los directores y presidentes de las academias de la ASALE que leyésemos una palabra de las que habían sido incluidas en esta edición, ya sea por primera vez o por alguna modificación o inclusión de una nueva acepción. De esta manera, en el acto se lograría no solo mostrar las distintas entonaciones dialectales del español general, sino también su motivación e implicaciones socioculturales. Para ello, se nos
solicitó que escogiéramos una palabra de una lista de sugerencias elaborada para cada país. Dudé, al principio, entre "guayoyo" y "yisero".
La palabra "guayoyo" tiene mucho que ver con la cultura cafetera de nuestro país. A mí, sin embargo, proveniente de una familia que por varias generaciones sembró y cosechó café en el sur del estado Aragua, esa palabra nunca me pareció familiar. No la recuerdo en mi niñez, sino más bien en la adolescencia. Oía, sí, expresiones como “guarapo”, “aguarapado” o “café
aguado”. No significa esto que no se usara guayoyo, incluso en mi entorno cercano, pero no era una palabra de mi léxico familiar más inmediato. No obstante, dicha voz serviría para realzar las maltratadas tradiciones cafetera y cafetalera de Venezuela.
Me decidí, en cambio, por una palabra que tiene una gran complejidad lingüística y una extraordinaria significación social. Incluso, resulta menos próxima a mis propias vivencias, por lo que no hubo una tentación personal en su selección. Se trata de la palabra "yisero", escrita con la letra ye (y), ortografía que nos puede sorprender.
Esta palabra proviene de la marca de carros rústicos Jeep, que fue una de las primeras en entrar al país. Prontamente, se convirtió en una marca genérica, al punto de que en Venezuela decimos que hay "jeeps" Willys, Toyota, etc. Como marca genérica, se lexicalizó o convirtió en sustantivo común y se escribe respetando la fonología del español. Esta palabra se puede dividir en el lexema, que corresponde a la marca genérica lexicalizada y adaptada a la fonología española (yi), y el sufijo "ero" que indica oficio u ocupación (como autobusero, patinetero, carnicero, etc.).
Así, pues, la palabra "yisero" designa a los conductores de los "yises", la mayoría de ellos de marca Toyota, que cubren las rutas de pasajeros en las barriadas populares de Caracas y otras ciudades del país. Los yiseros facilitan la vida de numerosas personas que se ven obligadas, como en el caso de Caracas, la capital de Venezuela, a bajar y subir nuevamente a sus casas, ubicadas en esos cerros que circundan o atraviesan la ciudad.
Yisero es una palabra que tiene una especial valoración social. Al escogerla, sentí que le estaba dando visibilidad, y también prestándole mi voz, en un recinto tan especial como la Real Academia Española, a tantas personas excluidas, despreciadas, discriminadas, infravaloradas. Imbuido mi corazón de tal ánimo, con toda la entonación venezolana y venezolanista posible, leí la definición del diccionario: “Conductor de un yip de servicio público”. Y añadí alguna breve explicación para explicitar el contexto de uso y hacer
referencia así a los vehículos rústicos que cubren rutas populares. De esta forma traté de que conmigo, yiseros y pasajeros, se hicieran presentes en Madrid, en el paraninfo de la Real Academia Española, y ojalá también en la conciencia venezolana, sobre todo a la hora de construir un nuevo proyecto de país, tras estas tormentosas décadas.




Comentarios