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¿Y si vivir en paz fuera la opción?

¿Pueden los seres humanos aprender después de todo a convivir sin conflagraciones y entender que somos una sola civilización?... Una fórmula para disfrutar la existencia es que nos reconozcamos como parte del Universo, y descubramos que es un ser consciente…



Un comienzo

 

En este siglo, una pregunta silenciosa regresa e irrumpe en la historia humana: ¿Qué significa realmente vivir en paz?... La humanidad ha construido imperios con la guerra, ha inventado religiones para justificarlas, y para perpetrarlas en nombre de algún Dios. Ha creado sistemas políticos, ha desarrollado tecnologías capaces de viajar al espacio y de descifrar los secretos del átomo, que nos pueden conducir a la ausencia de guerras pero —asimismo— al exterminio. Quizá por ello, a pesar de que ese conocimiento adquirido por la ciencia nos podría dotar de reconciliación, serenidad y de estabilidad, no es así, ya que vivimos en batallas, invasiones y en conflictos, por lo que miles de millones de personas continuamos buscando algo mucho más natural, como es la serenidad de vivir en armonía, sosiego y tranquilidad. La paz no es solo un acuerdo entre gobiernos ni un tratado firmado al final de una guerra hasta la siguiente. La paz es, antes que nada, una forma de conciencia. Y tal vez el mayor descubrimiento de nuestro tiempo —más importante incluso que muchas innovaciones tecnológicas— sea que la paz comienza cuando el ser humano comprende quién es realmente dentro de la humanidad y del Universo.

 

El Universo

 

Hay palabras que parecen sencillas, pero que en realidad contienen denotados significados dentro de ellas. Uno de esos vocablos es “Paz. Se habla de ello en los discursos políticos, en los tratados internacionales, en los libros de historia. Se invoca en las religiones, se escribe en las constituciones y se pronuncia en los hogares cuando una familia desea normalidad. Pero vivir en paz no es solamente que no haya guerra. Vivir pacíficamente involucra toda nuestra cognición. Como psicólogos, pero también como observadores emocionados del misterio de la existencia, creemos que la paz comienza cuando el ser humano descubre algo esencial, que no está separado del Universo… que forma parte de él.

 

La paz comienza en la conciencia

 

Durante siglos, la humanidad creyó que el Universo era una maquinaria fría, indiferente, compuesta únicamente de átomos, materia y energía. Sin embargo, la ciencia contemporánea —desde la cosmología hasta ciertos enfoques de la física cuántica— ha comenzado a revelar algo sorprendente, que la realidad es mucho más interconectada de lo que imaginábamos. En el mundo cuántico, las partículas pueden permanecer vinculadas entre sí a través de enormes distancias de universales e infinitos trayectos. Es el fenómeno conocido como entrelazamiento cuántico. Dos partículas separadas pueden seguir influyéndose mutuamente. Esta idea, que parece casi poética, revela una metáfora inmensa para la existencia humana, la de que no estamos aislados. Todo lo que hacemos —lo que decimos, lo que sentimos, lo que pensamos— se expande en una red invisible que nos une, como si la vida misma respirara a través de todos nosotros, abrazando a toda la humanidad y recordándonos que, en el fondo, somos uno solo. Nuestras palabras, nuestras decisiones, nuestras emociones, incluso nuestros pensamientos, generan efectos en la esta red invisible de la vida. Comprender esto cambia la forma de existir. Porque cuando una persona comprende que forma parte de un todo mayor, la paz deja de ser una obligación moral y se convierte en una consecuencia natural.

 

La felicidad como expresión de armonía

 

A lo largo de nuestras reflexiones sobre la felicidad —tema que nos ha acompañado durante años— hemos llegado a una convicción sencilla pero poderosa: La felicidad no es un estado permanente de euforia. Ser feliz es la sensación de estar en armonía con la vida. Es sentir que nuestras acciones no contradicen nuestra conciencia. Es sentir que nuestra vida tiene sentido. Es experimentar que lo que somos está alineado con algo más grande que nosotros mismos. Cuando esto ocurre, aparece una serenidad profunda. Esa serenidad es la verdadera paz. No una paz pasiva, sino una paz creativa, generosa, luminosa.

 

La imaginación: el puente entre la conciencia y el Universo


 

Hay algo extraordinario —y sólo presente en la Tierra— en la mente humana. Podemos recordar el pasado. Podemos vivir el presente. Pero también, lo clave, lo divino, es que podemos imaginar el futuro antes de crearlo. Como debe haber imaginado la Divina Providencia del Universo antes de crear su cuerpo, el Universo. La imaginación es uno de los dones más extraordinarios del ser humano otorgado en su creación a semejanza de lo omnipotente. Gracias a que podemos imaginar, surgieron las civilizaciones, la ciencia, la música, la filosofía, la arquitectura, la poesía. Porque primero imaginamos. Luego construimos, creamos. Para nosotros —y lo decimos con emoción— la imaginación es una expresión de algo mayor, es la capacidad creativa del propio Universo manifestándose a través de nosotros. Por eso creemos que la paz también está vinculada con la creatividad, dado que una mente creativa tiende a construir. Una mente cerrada tiende a destruir.

 

La paz como inteligencia emocional de la humanidad

 

A lo largo de la historia, la humanidad ha sido capaz de actos extraordinarios de cooperación y también de terribles episodios de violencia. Pero cada generación aprendió y aprende algo nuevo. Hoy sabemos mucho más sobre el cerebro humano, sobre la empatía, sobre la cooperación social. Las neurociencias han mostrado que el cerebro humano posee circuitos dedicados a la empatía y al cuidado. Estamos biológicamente preparados no solo para competir, sino también para cooperar y cuidar —instinto de supervivencia— y continuar nuestra especie. Esto cambia nuestra mirada sobre la paz: porque no es debilidad. La paz es una forma superior de inteligencia emocional colectiva.

 

Cuando la humanidad se mira desde el Cosmos

 

Hace apenas unas décadas, los astronautas que observaron la Tierra desde el espacio describieron algo que transformó nuestra manera de pensar, la de todos. Desde el Cosmos, la Tierra no tiene fronteras. No se ven las divisiones políticas. No se observan los conflictos ideológicos. Solo se ve un pequeño planeta azul suspendido en la inmensidad. Ese punto azul contiene toda la historia humana. Todos los amores. Todas las guerras. Todas las esperanzas. Quizás vivir en paz comienza cuando recordamos esto. Cuando entendemos que, en la escala del Universo, somos una sola familia humana viajando en el mismo planeta. Nada nos separa solo nosotros mismos.

 

La paz como evolución de la conciencia

 

Si algo intuimos, como psicólogos y como exploradores de la experiencia humana, es que la evolución de la humanidad no es solamente biológica o tecnológica. Es también una evolución de nuestra conciencia. Cada generación tuvo y tiene la posibilidad de ampliar su comprensión del mundo. De superar el miedo. De trascender el odio. De elegir la cooperación y de ampliar su hermandad. La paz, en ese sentido, no es una utopía ingenua. Es una etapa posible de madurez de la humanidad y de la civilización que creamos hace más de 40 mil años, cuando aparecieron en las cuevas, las pinturas más impresionantes del Paleolítico. En ese momento el arte nos distinguió de los animales. Es verdad, hace miles de años creamos enemigos por supervivencia, pero ahora, en este siglo, si queremos sobrevivir como especie, debemos aprender a ser amigos, porque por primera vez en la historia, la guerra no amenaza solo a algunos pueblos… puede amenazar a toda la humanidad. Hemos creado enemigos durante milenios… pero la mayoría de los seres humanos no ha muerto en guerra. Esto sugiere algo poderoso: que la cooperación, la vida cotidiana, la familia, la cultura y la convivencia han sido más fuertes, en conjunto, que las guerras y enfrentamientos. Todos los seres humanos compartimos la misma condición frágil de existir. Y tal vez uno de los signos más claros de madurez de una civilización sea la capacidad de transformar enemigos en interlocutores. Porque cuando comprendemos que el otro no es una amenaza absoluta sino otro ser humano con temores, historias y sueños, como los nuestros el conflicto comienza a perder su fuerza. Y en ese momento aparece una posibilidad distinta, no la de vencer a un enemigo, sino la de comprenderlo y trascenderlo. En algunos casos la historia también nos muestra que los enemigos pueden dejar de serlo. Alemania y Francia, después de siglos de guerras, hoy cooperan dentro de la Unión Europea. Estados Unidos y Vietnam normalizaron relaciones décadas después de un conflicto devastador. Esto demuestra algo fundamental como es que los enemigos no son necesariamente permanentes, y lo más importante, pueden ser amigos y convivir.

 

Una invitación al lector


 

Tal vez la paz no sea un lugar al que se llega, sino un camino que se recorre. Comienza en una decisión íntima. En la forma en que tratamos a quienes amamos. En la manera en que escuchamos a quienes piensan diferente. En la forma en que utilizamos nuestra inteligencia, nuestra creatividad y nuestra imaginación. Cuando una persona elige la paz, algo cambia en el mundo. Y cuando muchas personas hacen lo mismo, la historia comienza a transformarse. Porque en el fondo, quizás vivir en paz sea recordar algo profundamente hermoso: Que estamos hechos de los mismos átomos que las estrellas, los astros y las cosas, pero también de algo aún más extraordinario. Estamos hechos de conciencia, imaginación y amor.

 

Al final…

 

… Y si tuviéramos que resumirlo en una sola idea —una que nace tanto de la psicología como de la contemplación del Universo— diríamos esto: La paz no es solo la ausencia de guerra, es el momento en que el ser humano descubre que al cuidar al otro, en realidad se está cuidando a sí mismo, y al Universo del que forma parte. En el momento que una conciencia comprende esto, algo cambia en su historia humana. La competencia deja de ser el único motor y aparece una fuerza más poderosa como es la cooperación consciente entre seres que comparten el mismo destino en el Cosmos. Tal vez ese sea el secreto más claro de la felicidad: Cuando la conciencia humana aprende a vivir en armonía con la vida el Universo comienza a reconocerse a sí mismo a través de nosotros, y cada uno de nosotros a reconocerlo a Él. Y si tuviéramos que decir una última palabra, sería simplemente esta: Amén

Si quieres profundizar sobre este tema, consultarnos o conversar con nosotros, escríbenos a psicologosgessen@hotmail.com. Hasta la próxima entrega… Que la Divina Providencia del Universo nos acompañe a todos.

 


 


 


 

Puede publicar este artículo o parte de él, siempre que cite la fuente de los autores y el link correspondiente de Informe 21. Gracias. © Fotos e Imágenes Gessen&Gessen

 

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