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¿Y ahora?


Este columnista tiene un pronóstico poco alentador para el momento en que las cosas se normalicen. Imagen IA Copilot
Este columnista tiene un pronóstico poco alentador para el momento en que las cosas se normalicen. Imagen IA Copilot

La “extracción” de Maduro no fue una sorpresa. Lo que sí resulta sorprendente es el desarrollo ulterior del asunto, en la medida en que —aparentemente— María Corina fue completamente dejada de lado, mientras que, con igual sorpresa, el gobierno de Mr. Trump reconoce como interlocutora nada menos que a Delcy Rodríguez, quien casualmente ocupaba la vicepresidencia (constitucional, según ellos). Tal contradicción requiere una considerable flexibilidad política y, ciertamente, jurídica, en la medida en que el gobierno de Estados Unidos no reconoce ni reconoció nunca a Nicolás como jefe del Estado y ahora resulta que la arisca Delcy asume una continuidad “constitucional” que amerita, al menos, tener en cuenta aquello de la realpolitik, nombre diplomático de lo que en lengua cervantina conocíamos como “cinismo”. ¿Será una “continuidad exprés”? Al menos en estos primeros días parece estar funcionando.


Lo apuntado tampoco es una novedad. Durante la Segunda Guerra Mundial, Roosevelt, Churchill y Stalin fueron “mejores amigos”, solo para que, al final de la conflagración, el “camarada Stalin”, hasta ayer aliado, resolviera ocupar toda Europa Oriental, imponiendo el comunismo hasta la caída del muro de Berlín (1989). La lógica era clara: Hitler era el más malo y había que vencerlo primero. Después veríamos…


Como militantes de la oposición democrática que somos, más nos hubiera gustado que fuese Edmundo González Urrutia quien llegara rápidamente a Miraflores, pero es harto evidente que, en las circunstancias actuales, pretender esa solución ideal no era ni es practicable a corto plazo. Afortunadamente, María Corina Machado ha expresado su comprensión de este punto, por lo menos a breve plazo. Cuán breve o menos breve no lo decidirán los venezolanos, sino Washington. Sea cual fuere el análisis que esta contradicción amerite, lo cierto es que su solución no está al alcance de los venezolanos, que esperamos poder al menos emitir alguna opinión que pueda ser tenida en cuenta por quienes, por el momento, son los dueños del poder de hecho.


Habrá que ver, en los días y semanas que siguen, cómo se mantienen o se quiebran las alianzas dentro del chavismo/madurismo. No es descabellado pensar que varios de los “próceres revolucionarios” estén cuidando sus cabezas o limpiando sus interiores, en un ejercicio de delicado equilibrio sobre una cuerda extremadamente floja.


En lo estrictamente funcional, imaginamos que las grandes decisiones que vendrán requerirán tanto de la fuerza como de algún grado de legalidad. Deshacer las alianzas petroleras existentes y los contratos públicos no solo precisará la orden de Marco Rubio, sino también la del funcionario venezolano con competencia para ordenar su cumplimiento. Ese tema no estará resuelto hasta que se establezca la legitimidad —al menos formal— de los funcionarios que habrán de tomar tales decisiones. No hacerlo podría derivar en responsabilidades personales para quienes decidan no apegarse a la legalidad, especialmente en el ejercicio de la violencia (policial o militar), el otorgamiento de nuevos contratos públicos, etc. Ejemplos hubo en Venezuela. Ciertamente, este columnista no propone ni promueve la existencia de posibles inconvenientes futuros; solo sugiere que las responsabilidades personales a exigir sean tenidas en cuenta para cuando llegue el momento de la transición, y seguramente las fuerzas entonces en pugna querrán resucitar asuntos de este tipo. Precedentes existen.


En el plan de esta rápida revista de asuntos pendientes se incluyen otros temas como el de las relaciones internacionales de la República, hoy supeditadas exclusivamente al proyecto político “bolivariano” y casi por completo en manos de funcionarios comprometidos con él. Entretanto, hay casi 9 millones de venezolanos fuera, muchos de los cuales carecen de documentación u otros servicios. Así como Mr. Trump ya ha anunciado la inminente reapertura de la Embajada de Estados Unidos en Caracas, es igualmente urgente dar el mismo paso en Washington y en otros lugares de capital interés. La designación de esos funcionarios es urgente y requiere el debido cuidado para asegurar su competencia.


Entre los temas de alta urgencia está el de las solicitudes de asilo en Estados Unidos, que —vistos los acontecimientos— pudieran tener un giro altamente negativo para los solicitantes. El asilo se concede cuando existe un “temor razonable” por las consecuencias de regresar. Ido Maduro, los burócratas bien pudieran interpretar que tales temores han cesado y, por lo tanto, denegar las solicitudes (el tema ya está planteado).


En todo caso, es evidente que hay límites no negociables. El primero es el respeto a la voluntad popular expresada el 28J, que dio el triunfo a Edmundo González Urrutia y María Corina Machado, mandato cuya representación ellos ejercen, pero que no les pertenece. Así pues, el tema de nuevas elecciones, en nuestra opinión, no es transable.


Por último, en esta improvisada lista de preocupaciones, este columnista vuelve a expresar su poco alentador pronóstico para el momento en que las cosas se normalicen y llegue el tiempo de la transición. Vaticinamos que los de siempre —los egoístas, los desubicados, los alacranes y una variada fauna— se conviertan en el obstáculo capaz de dar al traste con esta excepcional esperanza de hacer de Venezuela una especie de la misma MAGA que promueve Trump como propósito político central de su gobierno: Make Venezuela Great Again.


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