Una vida de dedicación y pasión
- Carolina Jaimes Branger
- 8 jun
- 3 min de lectura

Este artĆculo estĆ” dedicado a alguien a quien me honra llamar amiga: Sada Zarikian. Cumplió 104 aƱos el pasado 31 de mayo y partió apenas tres dĆas despuĆ©s.
La Ćŗltima vez que la vi, hace dos aƱos, conservaba una lucidez admirable. Conversamos largamente en una entrevista en la que habló de su vida, de Venezuela, de la educación y de tantos otros temas con la inteligencia, la agudeza y la picardĆa que siempre la caracterizaron. AlgĆŗn dĆa publicarĆ© aquella conversación. Hoy agradezco haberla tenido.
ConocĆ a Sada en Maracay hace casi cuarenta aƱos, durante un homenaje que la CĆ”mara de Industriales del Estado Aragua rindió a su esposo, Esteban Zarikian, probablemente uno de los empresarios mĆ”s importantes que ha tenido la industria textil venezolana. Recuerdo con claridad las palabras que Ć©l dirigió aquella noche a un Teatro de la Ćpera repleto. Su discurso fue una declaración de amor a Venezuela. Me conmovió profundamente.
Sada compartió ese amor y lo convirtió en una forma de vida.
La suya fue una existencia extraordinaria. Nació en Estambul, en TurquĆa, y terminó haciendo de Venezuela su patria por elección y por convicción. Acompañó a su esposo en el crecimiento de una empresa emblemĆ”tica, formó una familia sólida y dedicó buena parte de sus energĆas a servir a los demĆ”s.
Su compromiso con la educación y con la formación de nuevas generaciones fue una constante. Participó activamente en la Asociación de GuĆas Scouts de Venezuela hombro a hombro con Kathy Phelps, a quien admiraba profundamente, y mĆ”s tarde fundó la Venezuelan American Association of University Women (VAAUW), organización que continĆŗa trabajando por abrir oportunidades educativas para los venezolanos. Lo que para muchos parecĆa una misión imposible, ella lo enfrentó con perseverancia, disciplina y una fe inquebrantable en el poder transformador del conocimiento. Como si todo ello no bastara, tambiĆ©n asumió importantes responsabilidades al frente de los hoteles Eurobuilding.
Nuestra amistad comenzó gracias a un artĆculo que escribĆ titulado āVenezolanos porque asĆ lo quisieronā, en el que citĆ© aquellas palabras de Esteban Zarikian que tanto me habĆan impactado aƱos antes. Poco despuĆ©s recibĆ una llamada telefónica suya.
āQuiero invitarte a almorzar porque quiero conocerte.
Era Sada, directa y decidida, como siempre fue.
Aquel almuerzo se prolongó durante horas. Descubrimos afinidades que iban mucho mĆ”s allĆ” de las coincidencias circunstanciales. CompartĆamos la pasión por la vida, la familia, la educación y el compromiso de apoyar a otras mujeres para que desarrollaran todo su potencial. Esa misma tarde me reclutó para la VAAUW.
āAunque vivas en Maracay āme dijo.
Y aquà sigo, tantos años después, agradecida por aquella invitación y emocionada al recordarla.
Hasta casi el final de sus dĆas mantuvo intacta la fuerza de su carĆ”cter, la pasión de sus convicciones y el compromiso con las causas en las que creĆa. Su espĆritu emprendedor, su capacidad para superar obstĆ”culos y su permanente disposición a servir fueron una inspiración para quienes tuvimos el privilegio de conocerla.
SabĆamos que este momento llegarĆa. Sin embargo, cuesta aceptar que ya no podrĆ© volver a escuchar su voz ni agradecerle personalmente su amistad, su ejemplo y tantas enseƱanzas que me regaló a lo largo de los aƱos.
Queda su legado.
Un legado construido con trabajo, generosidad y visión de futuro. Un legado del que su familia, sus amigos y quienes compartieron alguna etapa de su camino pueden sentirse profundamente orgullosos.
Me alegra que Venezuela haya sido el paĆs que Sada escogió para echar raĆces y desplegar todo su talento. Y me alegra tambiĆ©n que nuestra nación haya recibido tanto de ella.
Su vida demuestra que la verdadera grandeza no se mide por los aƱos vividos, sino por la huella que se deja en los demƔs.
Y la huella de Sada Zarikian permanecerĆ” por mucho tiempo entre nosotros.