Un desagravio, para los narcosobrinos ¡Ya!


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“¿Y qué tienen o han tenido, Tomás José Boves, Danilo Anderson, "El Tirano" Aguirre, Eliécer Oteiza, Robert Serra, Lina Ron, el "Diplomático" Saab, "Guardajumo", Darío Vivas (a) “Diablo Rojo”; “Iván Márquez”, “Marulanda” o “Tirofijo”, “El Koki”, “El Ñoki”, “Wilmito” o “El Pollo” Carvajal, elevados a la categoría de próceres de la RoboLución, por obra y desgracia, de Hugo Chávez y/o de su narcosucesor, que no tengamos, nosotros? ¿Ah?”.


El anterior cuestionamiento, lo han hecho y seguirán haciendo, hasta que reciban justicia, nada más ni nadie menos que los llamados narcosobrinos. Todo, por el ¡fo! de sus amantísimos tíos, después de haberlos regresado a la Patria, sanos y salvos, pero entre gallos y medianoche, enguacalados, clandestinos, cual un par de vulgares delincuentes. No hay derecho. En la oscuridad, solo opera el crimen.


Con seguridad, más de uno, intentará encontrarle el filo risible a la presente crónica. Será en vano. Es relato, puro y duro, con rigorismo histórico, apegado a la tragedia compatriota.

Para muestra un botón y, este último, como punto de comparación nos lo ofrece, entre muchos, el caso del famoso “Pollo” Carvajal (La ulterior mala racha del mencionado gallináceo por un tumbe o reparto de botín, vino luego. Pero esa es otra historia).

La noche que el “Pollo”, fue devuelto a Venezuela por la policía de Aruba, lo esperaba un recibimiento apoteósico, en la propia pista de aterrizaje del aeropuerto internacional de Maiquetía ¡Gran cosota! Los narcosobrinos también salieron lisos de un megaoperativo de investigación y captura de la tendenciosa, DEA y, nadie los ha elevado a los altares roboLucionarios de la heroicidad.


Los lectores se servirán recordarlo. Una banda enviada, desde “Fuerte Tiuna” entonó, las muy marciales notas alusivas a la ocasión. A saber: “¡Yo no me explicó, cómo el perico/ teniendo un hueco debajo del pico/ Pueda comer ¡No puede ser!/ Periquito Real/ Dame la patica para Portugal/ curruchá, curruchá; Periquitos, pericones/ Pa’ zamparme/ mis millones”.


Al pie de la escalerilla del avión, aparte de los bandoleros, musicales y no musicales al recién llegado lo esperaba la mismísima, Primera “Combatienta”, muy oronda en su rol de presidenta del comité de recepción. No hubo discursos, sino secreteos, a mera pata de oreja. Los ajustes contables en ese submundo son así, entre susurros y muecas.

Acto seguido, la caravana de vehículos blindados, se desplazó, vertiginosa, al “Teatro Teresa Carreño” y desde allí, en vivo, vía satélite, la TV gobiernera, transmitió el baño de popularidad que le prodigaron al nuevo prohombre. Exportar a EE. UU., toneladas de la susodicha avecilla prensora (en forma de polvo blanco inhalable, aclaramos), con el objeto de socavar los cimientos del Imperio es proeza digna del Socialismo del Siglo XXI, además propicia para unos dólares, mal habidos ¡y pa´ gozá!.


No hay que rebanarse los sesos para entender los celos cual Otelos de los narcosobrinos. Es vejatorio no haber recibido, bienvenida similar a la del "Pollo". Ni con música ni sin música. Ni por la TV, ni por Instagram. Tampoco, les han erigido un hito o mojón (mojón, conmemorativo precisamos) en el Paseo Vargas, ni colgado algún retrato en los salones de la Vicepresidencia, incluida la contadora de billetes, en el ángulo derecho inferior del lienzo. Ni una calle, callejón, o plaza ¡Ni siquiera un patio de bolas, criollas ha sido bautizado con sus nombres y/o remoquetes! Y en la práctica ¡presos en Venezuela! Sin poder, ver, decir, oír, ni salir del país. "¿Volver a “comer" pa´ ustedes nada más? ¡Ni se les ocurra ¿Qué va a decir, Diosdado?


No deben desanimarse. Tal atisbo de vergüenza RoboLucionaria, por lo que hicieron esos “muchachos” es pasajero. Podemos asegurarlo. Pronto su narcoparentela, en pleno, regresará a su estado natural y ¡zas! se volcará en la correspondiente apología del delito, a casa llena, en El Poliedro de Caracas para desagraviarlos.

¡Chávez vive y el guiso sigue!


Omar Estacio Z.


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