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Tony: el verano que cambió a Bourdain

hace 3 horas
2 min de lectura
La historia de Tony transcurre en el verano de 1975, en Provincetown, Massachusetts. Foto: Cortesía
La historia de Tony transcurre en el verano de 1975, en Provincetown, Massachusetts. Foto: Cortesía

El domingo 1 de noviembre llovió en Buenos Aires como si alguien se hubiera olvidado de cerrar el grifo, así que hice lo que haría cualquier persona responsable: me quedé en casa y vi Tony, la película de A24 sobre Anthony Bourdain. Fui esperando al Bourdain de siempre, el de Sin reservas y Lugares desconocidos, el que comía sopa sentando en el piso con medio planeta mirando. Pero en su lugar me encontré con otro: un muchacho de 19 años, con ínfulas de escritor, que no tenía idea de lo que estaba haciendo. Reconocí al personaje enseguida, porque yo alguna vez fui también ese muchacho… y a veces vuelvo a serlo (A pesar que ya tengo 47 años).


La historia de Tony transcurre en el verano de 1975, en Provincetown, Massachusetts. Tony (Bourdain) acaba de perder una beca de escritura y, sin plan B, termina en la cocina de un restaurante, contratado primero para limpiar. La cinta está dirigida por Matt Johnson (BlackBerry), y el personaje de Anthony es interpretado por Dominic Sessa. El elenco lo completan Antonio Banderas, como el chef brasileño que se vuelve el mentor del joven aspirante a cocinero.


Lo mejor de la cinta, es que el protagonista no es tratado como a un santo. La crítica de Now Toronto lo describe como un aspirante a escritor mentiroso, de esos que te hacen preguntarte cómo terminó llegando a algún lado. De hecho, los administradores del patrimonio de Bourdain, (que avalaron la producción), aclararon que no es una biopic estándar ni pretende resumir una vida. Por el contrario, se ve a un protagonista sudando, equivocándose y tratando de impresionar a gente que no está impresionada.


Y por ahí va mi recomendación. Le pondría esta película a cualquier chico de veinte años que sienta que todos los demás ya saben lo que quieren ser. Porque lo que cuenta Tony es cómo aparece una vocación, y casi nunca aparece como te dijeron. No llega con un golpe de inspiración ni con una carta del universo: llega un día cualquiera, por la puerta de servicio, mientras estás haciendo otra cosa. Tony quería ser escritor y terminó descubriendo, entre ollas y gritos, la materia de la que iba a escribir toda su vida. La vocación estaba en la cocina, pero había que entrar a buscarla.


Por eso creo que los jóvenes, esos que viven con la presión de tener la pasión definida a los diecinueve, deberían verla: para entender que uno no elige siempre la vocación, a veces la vocación lo encuentra a uno haciendo cualquier cosa, y que equivocarse de camino es parte de la ruta.


Salí del domingo con hambre, con ganas de escribir y con una certeza tranquilizadora: si Anthony Bourdain empezó así, yo tengo todo el derecho del mundo a seguir improvisando. Eso sí, la lluvia seguía cayendo cuando terminó la película, y lo único que me faltó fue un plato caliente. Fue la primera vez en mucho tiempo que una película me dejó con ganas de cocinar, y eso, viniendo de alguien que se defiende apenas con una tortilla, es el mayor elogio que puedo hacerle.


Pueden ver Tony en Amazon Prime Video.



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