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Sergio Ramírez, canto y relato de libertad con L mayúscula

El escritor Sergio Ramírez ocupará, en la Real Academia Española, el sillón que dejó Mario Vargas Llosa. Foto: Asociación de Academias de la Lengua Española
El escritor Sergio Ramírez ocupará, en la Real Academia Española, el sillón que dejó Mario Vargas Llosa. Foto: Asociación de Academias de la Lengua Española

Sergio Ramírez ha sido electo individuo de número de la Real Academia Española, en el sillón letra L, antes ocupado por Mario Vargas Llosa, premio Nobel de Literatura. Ramírez es, sin duda, uno de los escritores vivos más importantes en lengua española. Nacido en Masatepe (Nicaragua) el 5 de agosto de 1942, Ramírez ha dedicado gran parte de su vida a la política y a la lucha por la justicia y la institucionalización de la vida democrática en

Nicaragua.


Tras el derrocamiento de Somoza en 1979, formó parte del gobierno sandinista. Si bien llegó a ocupar altos cargos, al advertir la deriva autoritaria de sus compañeros de proyecto político paulatinamente se fue separando del sandinismo. Despojado de su nacionalidad, se vio obligado a vivir en el exilio.


Abogado de profesión, su título fue anulado no por la universidad que lo otorgó, sino por el gobierno de Daniel Ortega y su esposa, la copresidenta Rosario Murillo.


Escritor de gran relevancia, en 2017 recibió el Premio de Literatura en Lengua Castellana Miguel de Cervantes, entre otros galardones obtenidos. Ramírez es, sin duda, una de las voces literarias más importantes de América Latina.


Me conmovió profundamente el discurso que pronunció en la instalación del VI Congreso Internacional de la Lengua Española, reunido en Panamá en 2013. Se refirió a la importancia geopolítica del español, a la fuerza de nuestro idioma en un continente sometido a las arbitrariedades de quienes, en nombre de la justicia social y de la superación de la pobreza y la injusta distribución de las riquezas, se convierten en dictadores o gobernantes autoritarios, capaces de generar aún más odio del que tratan de combatir y más inequidades y exclusiones que las que denuncian en sus discursos, aplaudidos sin embargo por políticos e intelectuales progresistas de ambos lados del Atlántico.


En aquel discurso, Ramírez elogió, de manera emotiva, el español que los migrantes, desesperados por las condiciones de vida en América del Sur, el Caribe y Centroamérica, cuando no perseguidos por sus ideas, llevan por penosos caminos más allá del río Bravo (o río Grande). Esa presencia va generando una fuerza cultural de gran envergadura que, probablemente, se aquilatará mejor en el futuro.


Ramírez ocupará el sitial que le correspondiese antes que a él a otro gran escritor, que también supo levantar las banderas de la libertad en contextos tan complejos como la situación de América Latina y denunciar, igualmente, la incorrecta dirección de la política de su natal Perú.


En su sillón, enfatizando las pronunciaciones y los giros del español mayoritario, el de América, Sergio Ramírez emblematizará las frustraciones de nuestro continente, de nuestra patria grande, de nuestro locus espiritual que es toda América, incluyendo los territorios hispánicos e hispanizados de Norteamérica, las áreas bilingües de Brasil y, por supuesto, zonas tan expuestas a la influencia angloparlante como en el pasado Panamá, las fronteras con Belice, y desde la guerra de 1898 Puerto Rico.


Sergio Ramírez, don Sergio Ramírez, como manda el tratamiento protocolar, con todos los merecimientos como escritor, novelista y ensayista, pasa a ocupar un sillón que parece destinado a representar a los millones de hispanoamericanos del continente americano mediante la L de Latinoamérica, que siempre ríe, sueña y abraza en español.


Enhorabuena, don Sergio. Si algún nombramiento debe aplaudirse es este suyo. Muchos en Nicaragua lo estarán celebrando, sea en público o con íntimo gozo; otros dejarán pasar el pequeñísimo detalle, quizá no tan insignificante, de que usted brille al lado de Rubén Darío, aunque no coree eso de que de las Academias lo libre el Señor; pero sí “de las horribles

blasfemias” que son los dictadorzuelos de turno.


"Está linda la mar / y el viento lleva esencia sutil de azahar", la mar de su obra, el viento de su vida y el azahar de su ejemplo, don Sergio.




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