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Relatos por Venezuela: Cinco dólares, una historia, una casa por reconstruir

Tras un terremoto que cambia su vida, Ana descubre que incluso el acto de humanidad más pequeño puede devolver la esperanza.
Tras un terremoto que cambia su vida, Ana descubre que incluso el acto de humanidad más pequeño puede devolver la esperanza.

Hay una escena que se repite en Venezuela desde el pasado 24 de junio: alguien mirando lo que quedó de su casa, tratando de decidir qué se puede rescatar y qué ya no. Esa imagen

—tan simple, tan devastadora— es la que un grupo de cineastas venezolanos decidió no

dejar pasar. En lugar de resignarse a mirar desde lejos, se pusieron a filmar. Y de ahí


El 24 de junio, dos terremotos consecutivos —de magnitud 7,2 y 7,5 según el el Servicio Geológico de Estados Unidos, con epicentro en Carabobo— sacudieron el país y no dieron tregua: Caracas tembló, La Guaira quedó declarada zona de desastre, y en los días siguientes las cifras de muertos y heridos no dejaron de crecer, como pasa siempre cuando la tierra se abre bajo los pies de una ciudad entera. Detrás de cada número hay una familia que perdió su techo, y muchas siguen, hoy, sin uno.


Un mes después, el 22 de julio, apareció esta iniciativa como una forma de decir: no nos

vamos a quedar mirando. Productores, directores y actores venezolanos donaron su

trabajo para crear una colección de cortometrajes inspirados en lo que se vivió aquel

día, y con eso construyeron algo poco común: una manera de ayudar que también invita

a sentir, a mirar de frente lo que pasó, en lugar de desviar la vista como tantas veces

hacemos frente al dolor ajeno.


Cómo se entra a esta historia



Basta con entrar a www.relatosporvenezuela.org, elegir un cortometraje y hacer una donación que arranca en apenas 5 dólares para poder verlo. Ese gesto pequeño —lo que

cuesta un café— se transforma en algo mucho más grande: 100% de lo recaudado va directo a la respuesta humanitaria y a los programas de recuperación de The House

Project, la fundación que sostiene la ayuda sobre el terreno.


No es casualidad que hayan elegido el cine como puente. Contar una historia es, también, una forma de acompañar. De decirle a alguien que perdió todo: te vimos, no estás solo. Y de invitar a quien mira desde otro país, desde la comodidad de no haber sentido temblar el piso bajo sus pies, a hacer algo más que compadecerse: a involucrarse, aunque sea con cinco dólares y quince minutos de atención.


Ese dinero, además, no se va a un lugar incierto. The House Project es una fundación de

la familia Montaner con más de dos décadas trabajando junto a comunidades vulnerables en Venezuela, India, Colombia, Jordania y República Dominicana. Antes tenía otro nombre; se rebautizó así en octubre de 2022. Está registrada como organización sin fines de lucro en Estados Unidos y entrega certificados a quienes donan, algo que da tranquilidad a la hora de confiar el propio aporte.


Y ya estaban ahí antes de que existiera un solo cortometraje. Desde las primeras horas

tras el terremoto, con las manos y con lo que tenían a mano, empezaron a repartir ayuda.

Según la información difundida junto al lanzamiento de Relatos por Venezuela, en apenas 23 días llegaron a cerca de 10.000 personas: herramientas para remover escombros, medicamentos, agua potable, comida, un techo temporal para dormir. Se apoyaron en universidades, hospitales y voluntarios que, como tantas veces en Venezuela, aparecieron para sostenerse unos a otros cuando el Estado no alcanzaba.


Las voces detrás del proyecto


Mau Montaner lo dijo sin vueltas: los cortometrajes lo conmovieron, y espera que "mucha gente los vea y se sume a ayudar". Ricky Montaner apeló a algo que los venezolanos conocen bien, esa capacidad de levantarse juntos después de cada golpe: "Sabemos levantarnos cuando estamos unidos". Y Marlene Montaner, quien fundó The House Project, agradeció a cada uno de los que prestaron su arte para esta causa, en nombre de las familias que todavía esperan ayuda. El grupo de productores que impulsa la iniciativa dejó, además, una puerta abierta: invitaron a más cineastas a seguir sumando historias, porque cada relato nuevo puede convertirse en una vida distinta para alguien.


Una forma de estar cerca, aunque sea desde lejos


Lo que distingue a esta iniciativa es que no pide un acto de fe a ciegas: hay un destino claro para cada donación, una fundación con más de veinte años de trabajo detrás y un desastre que el mundo entero documentó y sigue documentando. Eso convierte a Relatos por Venezuela en algo más que un gesto simbólico: es una vía concreta, verificable, para que la solidaridad se traduzca en algo tangible. Y si el proyecto sigue creciendo —más cortometrajes, más voces, más historias— será porque cada vez más gente entendió que ayudar también puede empezar por mirar.


Mientras tanto, en Caracas y en La Guaira sigue habiendo familias reconstruyendo su vida bajo techos improvisados, sosteniéndose con la misma fuerza que tantas veces ha demostrado tener este pueblo. Un grupo de cineastas venezolanos eligió acompañarlas

de la única forma que sabía ofrecer algo profundo: contando su historia para que millones de ojos la vean, y para que nadie tenga que atravesar esto en soledad.


Un final que todavía se está escribiendo


Relatos por Venezuela tiene apenas unos días de vida, y ese es, quizás, su detalle más esperanzador: todavía se está escribiendo. Cada cortometraje que se suma es una historia más que decide no quedarse callada, y cada donación de cinco dólares es una forma de decir que esas historias importan, que quien las cuenta y quien las mira están, de algún modo, del mismo lado. En un país que ha aprendido a reconstruirse tantas veces, esta vez la reconstrucción también pasa por una pantalla, por quince minutos de atención, por la decisión simple de no mirar para otro lado. Venezuela sigue de pie porque sus historias también lo están.


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