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Protestan los bolicorruptos de la vieja guardia


Como Dios es sordo, que el Diablo los oiga.... Foto: BruceEmmerling, Pixabay

Así serán los recién capturados, manos en la masa, que los bolicorruptos de finales del Siglo XX y comienzos del XXI, han pegado el grito al Cielo. En coro. Ensordecedor. Nunca, antes, visto u oído.


El otrora “Zar del Petróleo”, el mismo grandulón que se autoasignó el poco o nada viril diminutivo, de “Rojo-rojito” (los integrantes de la laboriosa comunidad gay de la localidad que se sientan lastimados por la referencia, se servirán excusarnos, pero el rigorismo histórico, es el rigorismo histórico).


El generalote que jamás ha ganado batalla alguna, que no aprendió ni le interesa aprender a poner una inyección en la nalga izquierda, aunque sea, a un solo enfermo. Que pese a su ignorancia ramplona, en salud y seguridad social, fue, por casi dos décadas, el chivo que más miccionó en tales áreas.


Hasta el llamado “Embajador” -increíble pero cierto-. De todos, el más archifamoso en lo internacional. Desde la colchoneta, tercer jergón, de abajo hacia arriba, de su muy fría litera de hierro, que ya va para muy larga.


El primero de los "suciodichos", encendió las redes sociales con el video en el que se jactó de los controles que hubo en Pdvsa, en “sus viejos tiempos” . Los hubo, para los pendejos. Porque en lo que se refiere a, él, su cuñado, su suegra y otros miembros de su parentela, no existieron para impedir que se embolsillaran alrededor de US$ 10 mil millones. Su peroración, la cerró calificando de ladrón al bigotudo que usurpa la Presidencia del país. Descarado. Cara ´e tabla. Con su tumbao característico, bien deletreado: "Ele, a: LA. De, ere, ón: DRÓN: ¡LADRÓN!"


El segundo en el orden en la orgía, se llevó horrorizado las manos a la cabeza, en el salón protocolar de su palacete, sito, en Saint-Germain-des-Près, París, mientras se decía para sus adentros y sus afueras en cultísimo francés: “Ah la merde de putain” (Cortesía de la casa, la traducción liberal al español. A saber: “¡Ay, Dios mío, ahora que no me venga, Diosdado, mi socio y jefe, con que la próxima vez tengo que guisar como lo hacen los integrantes de esas nuevas (de) generaciones de guisadores!”).


En cuanto al último de los mencionados, en un arranque de ira -porque de propósitos de enmienda ¡jamás!- se confesó con el capellán, en el semisótano del Miami-Dade Country, Pre-Trial Detention Center: “Yo les habré llevado a los ancianos y a los huerfanitos pobres, alimentos no aptos para humanos; en avanzado o en total, estado de descomposición; con sobreprecios, esos sí, para chuparse los dedos, porque tampoco se me iban a ir lisos. Pero se los llevé, señor cura; se los comieron o bebieron. Hasta ganaron peso y, que se sepa, a ninguno se le perforó un intestino, porque “lo que no mata engorda”. Pero lo de embolsillarme US$ 3.000 millones a cambio de no hacer, ni llevar, nada, en lo absoluto, no va con un corrupto de la vieja escuela ¡Que a mi, cuando míster Biden me vaya a intercambiar, sea por otro de mi misma alcurnia. No con esa chusma del tal, El Aisami, porque me raya!”


Como Dios es sordo, que el Diablo los oiga.



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