Peleas familiares e intereses de Mister Danger
- Horacio Biord Castillo

- hace 9 horas
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Las obras literarias, con independencia de su género, logran aprehender rasgos esenciales de las personas y las realidades sociales. Gracias a ello, contribuyen, mediante la ficción o la reflexión, a la comprensión del mundo real. En Doña Bárbara, por ejemplo, Rómulo Gallegos plasmó el personaje Mister Danger, un norteamericano enamorado del trópico, el carácter afable de las personas, las comidas y bebidas, la flora y la fauna y los modos de vida más sosegados. Mister Danger representa, en muchos sentidos, el extranjero, el norteamericano más precisamente, que ve el país de manera idílica, pero también en función de sus propios intereses.
El “gringo” viene a ser un prototipo en la literatura latinoamericana, dadas las tensas relaciones entre Latinoamérica y los Estados Unidos, llenas de encuentros y desencuentros, amenazas, alianzas, presiones y conflictos. Basta echarles una mirada a algunos temas literarios, como las llamadas repúblicas bananeras, el Canal de Panamá o el petróleo, que aún suscita tantos conflictos.
El gringo se involucra en la vida local para obtener beneficios, sean estos profesionales, económicos o emocionales, como la sensación de vivir la naturaleza tropical; pero no se integra realmente o pocas veces lo hace. Gallegos retrata en Doña Bárbara una Venezuela no solo rural sino, incluso, todavía anterior a los cambios de la economía petrolera.
En la novela se fija el inicio de los conflictos en 1898, con motivo de la Guerra hispano-estadounidense de 1898. Los sucesos principales ocurren poco después. En todo caso, podemos situar la historia central en la década de 1910. Por tanto, Mister Danger no es un operador norteamericano de la temprana explotación petrolera en Venezuela, sino una mezcla de aventurero y comerciante.
En la novela, Mister Danger es visitado por un personaje siniestro, Balbino Paiba. Este había sido administrador de Altamira, el hato de Santos Luzardo, y hacía causa común con doña Bárbara, de quien se decía que también era amante.
La relación entre Paiba y doña Bárbara se había empezado a deteriorar y Juan Primito, un personaje fiel a la doña, sigue a escondidas los pasos de Paiba. Mister Danger se da cuenta y procura, mediante el obsequio de mayor cantidad de alcohol, que su visitante hable más de la cuenta y revele detalles sobre actividades económicas retorcidas. Mister Danger se vale de engaños y juegos para que Paiba haga confesiones inesperadas. En pocas palabras, más
allá de la deshonestidad de Paiba, Mister Danger lo manipula. Le muestra una cajetilla de chimó y le hace ver que la ha encontrado en un sitio donde se ha cometido un delito. Paiba titubea; no recordaba haber llevado consigo aquel objeto a ese lugar.
“Déjese de disimulaciones conmigo -replicó Balbino, decidido-. En la hora y punto en que estoy yo y con la clase de hombre con quien estoy hablando, al pan, pan y al vino, vino. Yo no he venido a ofrecerle mautes sino plumas de garza. Dos arrobas completas y de primera. Póngase en proporción y son suyas. No serán las primeras plumas manoteadas que usted ha comprado. […]
Pero míster Danger soltó una carcajada y luego dijo:
- Usted se equivoca, don Balvino. Mister Danger no hace negocios que no estén dentro de sus planes. Yo no he querido sino divertirme un rato con usted. Ese corotico de chimó lo ha dejado usted aquí, sobre mi escritorio, hace una porción de tiempo. Yo no he estado en el chaparral de El Totumo. Todo ha estado (por sido, para imitar el español de los angloparlantes) un juego mío (…).
Demudado por la ira, Balbino replicó:
-¿Quiere decir que usted me ha escogido para que le hiciera las veces del cunaguaro (una mascota que tuvo Mister Danger)? ¿No sabe usted que esos retozos son muy peligrosos?
Pero en esto gruñeron los perros y a Balbino se le fue del rostro la sangre del coraje. Se asomó a la puerta, exploró la obscuridad y aunque nada vio, dijo:
-De aquí se acaba de ir alguno que estaba oyendo lo que conversábamos” (III
parte, cap. 9).
Más tarde, cuando doña Bárbara ya había desaparecido del Arauca, “Mister Danger, como viese que sus lambederos iban a quedar encerrados y ya no podrían las reses ajenas venir a caer bajo sus lazos por lamer el amargo salitre de sus barrancas, se encogió de hombros y se dijo:
- ¡Se acabó esto, mister Danger!
Cogió su rifle, se lo terció a la espalda, montó a caballo y, de paso, les gritó a los peones que trabajaban en la cerca:
- No gasten tanto alambre en cercar los lambederitos. Díganle al doctor Luzardo que míster Danger se va también” (III parte, cap. 15).
El Miedo y Altamira se reunificaban y Santos Luzardo quería, en una nueva época para el cajón del Arauca, cercar sus tierras como forma de evitar el abigeato y prosperar, según sus sueños.
Mister Danger no tendría lugar en unas tierras que ya no estarían divididas por pleitos familiares entre Luzardos y Barqueros. Manipuló a unos y otros, sacó provecho de las rencillas y se fue con su cachimba a otro lugar.



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