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Necesito dinero


Los venezolanos clamamos por disponer de dinero de verdad con el que podamos consumir, ahorrar o invertir. Foto: Archivo I21

Este artículo lo escribo inspirado en el famoso bolero ranchero Necesito dinero interpretado por Pedro Infante y que dedica a Sarita Montiel con la intención de echarle en cara el apego que profesa la bella dama por la riqueza material. Todo un clásico del amor y el desamor. Dice la letra de la canción, “necesito dinero, para ver si te compro lo que te queda de corazón”. ¡Vaya despecho!


Ahora, nos preguntamos, ¿qué es el dinero? El dinero es un medio mercantil de intercambio indirecto, pero sobre todo es el bien que recibimos a cambio de nuestro tiempo, trabajo y esfuerzo. Si ese bien lo recibimos en una moneda que no vale nada, entonces nuestro tiempo, trabajo y esfuerzo tampoco valen nada.


El bolívar hace tiempo que dejó de ser dinero. El dinero tiene básicamente tres atributos. Ser una unidad cuenta, ser un eficiente medio de pago y ser una reserva de valor. El bolívar carece hoy de todo eso.


La historia relativamente reciente del dinero en Venezuela nos relata que en el año 1939 con la creación del Banco Central de Venezuela, el país vivió una sensible reforma monetaria. Anteriormente regía, desde 1918, una Ley de moneda que había creado el bolívar- oro como divisa oficial de la república. La legislación establecía que un bolívar era el equivalente a 0,29 gramos de oro fino, por lo tanto, los bolívares en circulación tenían obligatorio respaldo y libre

convertibilidad en oro amonedado o en lingotes. Es decir, se estableció en nuestra nación un patrón oro clásico.


Como consecuencia de la referida reforma monetaria se expropio el oro perteneciente a los bancos comerciales radicados en la nación, se emitió moneda de curso legal y se obligó a los venezolanos a canjear los bolívares en su poder- emitidos hasta entonces por diversas entidades bancarias privadas- por el bolívar del BCV.


De esta forma se creó un único ente emisor de dinero primario, pero con unas reglas de emisión muy rígidas y precisas, donde los nuevos bolívares tenían que ser respaldados por oro o divisas en base a un tipo de cambio fijo. Esta rigidez en el proceso de emisión de moneda fue lo que permitió la existencia de inflaciones anuales inferiores a 2% en promedio desde 1918 hasta 1974.


Tal sistema constituía de hecho lo que se conoce como “una caja de conversión perfecta” y se aplicó en nuestro país mucho antes que el prominente economista Steve Hanke formulara una idea semejante en los años 80 del siglo pasado y antes de que Hong Kong asumiera tal

modelo monetario con mucho éxito. La idea consiste en emitir moneda de curso legal sólo si hay divisas extranjeras u oro suficiente para respaldarlo. Este modelo hace que la oferta de dinero se ajuste a la demanda del mismo. Realmente funciona muy bien.


Con el paso de los años, las reglas de emisión monetaria se fueron relajando, otorgándole al BCV mayor discrecionalidad. Tal circunstancia quedó consumada en el primer gobierno de Carlos Andrés Pérez con la estatización del ente emisor venezolano, que había sido desde su

fundación una institución cuasi privada, con millares de accionistas particulares.


Hasta allí llegó la estabilidad y fortaleza del bolívar como moneda. La trágica historia de lo que pasó en adelante con nuestra divisa nacional es conocida. El llamado "viernes

negro" de 1983, no es más que un episodio en esta prolongada trama de destrucción de la riqueza dineraria de los ciudadanos. 


El problema en Venezuela no es que la gente no tenga suficiente dinero, sino que el dinero no tiene suficiente valor. 


El drama venezolano es la interrupción de un proceso sostenido de estabilidad monetaria y crecimiento económico que data desde 1922 hasta 1977. Durante ese período se multiplicó casi cinco veces el Producto Interno Bruto por Habitante, según cifras que aporta el

profesor Asdrúbal Baptista en su “Bases Cuantitativas de la Economía Venezolana 1830-1989”.


¿Qué tuvimos en Venezuela desde 1922 hasta mediados de los 70 del siglo pasado, lapso en el cual crecimos a las tasas que crecen hoy las economías asiáticas? Pues bien, durante ese tiempo hubo dos cosas fundamentales: una industria petrolera privada vigorosa y una moneda sólida y estable.


Ciertamente, el cambio crítico se produce a partir de la estatización petrolera de 1975. Por un lado, se flexibilizaron las reglas de emisión de dinero primario por parte del BCV y por otro se estatizó el sector externo de nuestra economía.


Antes los dólares de las exportaciones venezolanas estaban en manos del sector productivo privado, petrolero y no petrolero, los cuales eran vendidos al BCV y éste para poder emitir y poner a circular bolívares tenía que garantizar previamente su respaldo en oro o en divisas a un tipo de cambio fijo. Es decir, una caja de conversión.


A partir de ese momento los gobiernos venezolanos empezaron a tener sus ingresos más líquidos en dólares petroleros, pero la mayoría de sus gastos los mantenían en bolívares. Un verdadero privilegio. Tal cosa creaba ciertamente un poderoso incentivo para devaluar la

moneda a fin de cuadrar las cuentas fiscales. Para el ciudadano común era todo lo contrario, tenía ingresos en bolívares devaluados y gastos dolarizados.


Luego, durante el siglo XXI, se produjeron las reconversiones monetarias chavistas, la famosa

confiscación del “millardito” de las reservas internacionales, la figura insólita de "las reservas internacionales excedentarias" y las modificaciones a la Ley del BCV de los años 2005 y 2010, que terminaron de sepultar el sistema monetario nacional.


Otro dato interesante es recordar que un bolívar, ese que era citado como un dinero sano y sólido en las novelas del agente 007 escritas por Ian Fleming, equivalía a 0,29 gramos de oro fino. Eso quiere decir que, de haberse conservado el valor de nuestra moneda anclado a ese

metal precioso, en vez de pagar hoy 2.600.000.000.000.000 bolívares por un dólar (al colocar a la moneda nacional los 14 ceros que se le restaron por las distintas reconversiones monetarias), serían más bien aproximadamente 22 dólares los que habría que pagar para obtener un bolívar.


Cada ciudadano debería decidir libremente en qué moneda quiere tener su riqueza o qué moneda o activo físico de valor quiere utilizar como dinero. Esto nos llevará a un sistema de competencia entre monedas de manera libre, o un régimen multimoneda, en donde muchos escogerán el dólar.


También podemos simultáneamente retomar un esquema como el que tuvimos desde 1918 hasta 1975 de caja de conversión perfecta preservando una moneda nacional emitida por nuestro Banco Central, pero con anclaje y respaldo en divisa extranjera o en un activo material, que podría ser el oro monetario. Es decir, atarle los pies y las manos al BCV para que no cometas los desmanes que cometió y sigue cometiendo y que haga política

monetaria lo menos posible.


Hay que cambiar el actual esquema. El gobierno recibe una parte sustancial de sus ingresos en dólares vía PDVSA, pero paga su nómina de funcionamiento en bolívares devaluados. Se queda con el poco dinero bueno que todavía da el petróleo y obliga a la gente, bajo el principio del curso forzoso de la moneda nacional, a aceptar el dinero malo que emite. Impone una suerte de Ley de Gresham, “el dinero malo expulsa al dinero bueno”.


La libertad monetaria o el régimen multimoneda, hará que se establezca plenamente, no sólo de hecho sino de derecho, una dolarización formal y financiera en el país, lo que permitirá que la Ley de Gresham opere a la inversa, es decir, el dinero bueno expulsará al dinero malo. De esta manera se monetizará la economía y circulará mejor la riqueza.


En el presente, el dinero en bolívares que está en el sistema financiero venezolano es simplemente transaccional, no supone ahorro alguno. ¿Quién va ahorrar en una moneda que se deprecia? El ahorro nacional se marcha a otros países. Por eso nuestro PIB está muy poco

monetizado, apenas en 1,80% respecto a la cantidad total del producto. Las naciones con alta inflación suelen desmonetizar su riqueza en moneda local. Cae la demanda de ese dinero y por ende su valor. De allí que haya muy limitados fondos financieros para el crédito.

Agregue a esto el elevado encaje bancario que existe.


Como la popular canción ranchera de Pedro Infante, “necesito dinero”, los venezolanos clamamos por disponer de dinero de verdad con el que podamos consumir, ahorrar o invertir.

Eso sí, a los caballeros que lean este artículo, no traten de conquistar el corazón de una bella dama con dinero. Chequera no mata galán. Pero en todo caso, si lo intentan, háganlo con dinero bueno y no con dinero malo.


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