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Nazareno: Tres siglos de milagros, historia y fe


Nazareno: Tres siglos de milagros, historia y fe
Nazareno: Tres siglos de milagros, historia y fe. Foto: Pixabay

En Venezuela se venera la figura del Nazareno de San Pablo en la Basílica de Santa Teresa en Caracas, que atraen a miles de feligreses.


En todos los estados, ciudades y localidades de Venezuela el Miércoles Santo se realizan procesiones con la imagen de Jesús cargando la Cruz camino al calvario, la cual se denomina popularmente como "El Nazareno", el cual goza de una gran devoción por parte de los feligreses de todo el país y también de otras partes del mundo.


Este día durante las procesiones se acostumbra que los fieles acompañen la imagen vestidos de color morado, que hace referencia al pasaje del evangelio que indica que a Jesús después de azotarlo le colocaron una corona de espinas y un manto color púrpura, esto lo hacen los fieles para agradecer favores y milagros atribuidos a Jesús Nazareno.


Historia


La imagen del Nazareno de San Pablo, es la de devoción de todo hijo de Caracas. Es una talla en madera de pino flandes de Sevilla , España, posiblemente de Felipe de Ribas en el siglo XVII. Dice la tradición que el escultor, después de terminar de tallar la imagen, el Nazareno se le aparece y le dice: "Donde me has visto que tan perfecto me has hecho".


Fue llevada a Caracas, recibiendo veneración primeramente en la iglesia de san Pablo ermitaño, y de ahí viene su nombre de Nazareno de San Pablo. Cuenta la leyenda que, era Miércoles Santo del año 1696, cuando por primera vez, a las nueve de la mañana, la sagrada imagen, advocación de Cristo, sale de la iglesia en medio del clamor y las alabanzas de la feligresía. Muchos más, desde sus hogares, alababan a Dios con fe y devoción, esperando el tan ansiado milagro.


Un hecho trágico relacionado con el Nazareno tuvo lugar la madrugada del Miércoles Santo, 9 de abril de 1952, durante una de las misas en honor a la imagen. La basílica de Santa Teresa estaba abarrotada de fieles. De repente alguien gritó: “¡Se está cayendo la iglesia!, ¡incendio!”, y los asistentes entraron en pánico e intentaron salir del templo a trompicones. La estampida arrojó un saldo de 46 muertos, por asfixia y aplastamiento, y 115 heridos.


Las personas estaban tan confundidas como desesperadas. Parecía que nada se podía hacer para contener la epidemia de peste de vómito negro o escorbuto que estaba haciendo estragos en la población, dejando muerte y desolación por todos lados. La ciencia médica no lograba conseguir un tratamiento efectivo para el combate de la enfermedad y esto aumentaba el miedo en la gente, que masivamente se volcó a las iglesias en busca de ayuda divina. Uno de estos templos, abarrotado de devotos, fue la iglesia de San Pablo Ermitaño, a donde acudieron cientos de personas que, apretujadas, clamaban desesperadas por un milagro que pusiera fin a la epidemia, para la cual no había cura.


En medio de tanta incertidumbre, alguien tuvo la idea de sacar en procesión la imagen, cuando por primera vez, a las nueve de la mañana, la sagrada imagen, advocación de Cristo, sale de la iglesia en medio del clamor y las alabanzas de la feligresía. Muchos más, desde sus hogares, alababan a Dios con fe y devoción, esperando el tan ansiado milagro, según reseña lanacionweb


Fue en la procesión donde ocurrió un suceso inexplicable y extraordinario. Durante el recorrido, la corona de espinas del Nazareno de San Pablo, y parte de la cruz, quedaron enredadas en un limonero, por lo que las personas que trasladaban la imagen debieron halar con fuerza para librarlas y continuar la marcha. Fue en ese momento que gran cantidad de limones cayeron al piso, a los pies de los devotos, que, interpretando aquel acontecimiento como un mensaje divino, corrieron con los limones a sus casas para preparar infusiones, que suministraron a los enfermos y estos, sorprendentemente, fueron sanandos.


La imagen fue consagrada el 4 de julio de 1674 por fray González de Acuña, y recibió culto en la capilla de san Pablo hasta que en 1880 el presidente anticlerical Guzmán Blanco ordenó su derribo, levantando el mismo lugar el teatro municipal. El mismo presidente mandó erigir en honor a su esposa la Basílica de Santa Teresa, siendo trasladada la imagen a este nuevo templo, donde es venerada en la actualidad.



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