Momento de post-oposición en Venezuela


Imagen: Pixabay

Oposición es un término que se ha manejado muy deportivamente en la política venezolana, podemos indicar que en los 23 años de oscurantismo (chavismo) el país ha estado ajeno a una, pues los políticos que han “enfrentado” al castrismo venezolano no lo han hecho, más bien, han secundado todas sus agendas e incluso han contribuido al enfriamiento de la calle cuando la calle ha sido lo único que ha podido derrotar al régimen.


Sin temor a equivocarnos, somos enfáticos al aseverar que Juan Guaidó era su mantra, es decir, "cese de la usurpación, gobierno de transición y elecciones libres" porque todo lo ocurrido fuera de nuestras fronteras, sanciones y demás acciones internacionales, hubiesen ocurrido de la misma forma con cualquier otra figura a cargo del interinato, o sea, Guaidó fracasó estruendosamente. Su sustitución es una necesidad desde hace mucho tiempo.

El no haberlo sustituido a tiempo, a razón que su permanencia es prácticamente una imposición internacional, en conjunción a la ineptitud y traición de la pretendida “oposición”, aunado a la imperiosa necesidad de petróleo y gas en el planeta, está obligando a USA y a Europa a tomar decisiones a favor del régimen, las mismas que resultarían nefastas para los venezolanos, como por ejemplo el reconocer al castrismo venezolano a través de un parapeto electoral.


De este modo, es increíble que aún existan venezolanos que sigan creyendo que lo que se necesita es un "candidato" tras casi 30 elecciones en 23 años y en cada una de ellas el país empeora más aprisa, en cada una de ellas el chavismo no pierde nada así obtenga menos votos, cada una de ellas luego de diálogos secretos, muy lejanos y posteriores a coyunturas específicas, hoy ante la complicación mundial tras el COVID y la invasión rusa, nuevamente “lo electoral” sale a flote para ayudar al chavismo... ¡Debemos felicitar al régimen por su excelente trabajo!


El régimen se adueñó de recursos, armas e instituciones del país, por eso siendo el gobierno más odiado de nuestra historia se desvive por lo electoral, pues con ese escenario no pierde ni perdiendo. Su secreto, repetimos, es buscar cómplices para hacer creer que necesitamos candidatos, cuando lo que requerimos son líderes reales, de calle, de lucha.


Perdonen nuestra franqueza, pero ¿Qué diferencia hay entre un chavista y un opositor fanático? La respuesta es ¡ninguna! Guaidó, como señalamos, era su mantra y no lo logró a pesar de contar con todo lo requerido y mucho más. Lo ocurrido internacionalmente iba ocurrir con o sin él, por lo que continuar apoyándolo es como tener aún esperanzas en el chavismo.


Es momento de una post-oposición, un liderazgo que no siga la agenda del régimen, que sea capaz de imponer la agenda a razón de la ilegalidad e ilegitimidad del chavismo. Que sea capaz de integrar la nación en pleno, no solo a los partidos.


Esta post-oposición debe estar curada de figuras fracasadas, que hayan tenido posiciones o cargos que les haya quedado grande, que no pudieron cumplir los objetivos esperados, como por ejemplo los presidentes de la Asamblea Nacional 2015 – 2020 y el “interinato”, estos están agotados. Este nuevo liderazgo debe apoyar las luchas sociales, no apaciguarlas como ha venido ocurriendo a través de elecciones en condiciones absurdas, cuotas de poder y tras los recursos de campañas disque electorales.


Esta post-oposición debe ser quien oriente a la comunidad internacional con relación a lo que realmente acontece en el país, no al revés. También, este nuevo liderazgo aglutinador y supra partido no puede continuar normalizando la situación país que padecemos, debe enfrentarla, entre otras acciones, no siendo parte de alguna elección que no sea con garantías constitucionales y democráticas plenas.


Leandro Rodríguez Linárez

Entradas relacionadas

Ver todo