Magnicidio a lo Cristina Kirchner


Magnicidio con música de tango. Foto: Pixabay

Oriunda del muy humilde barrio, “Hornos de Cal”, Caracas, siempre fue, es y será, “palera”, bruja, hechicera o ejecutante de magia negra y otros ritos satánicos. Los de su actual preferencia, incinerar un lote de muñecos de trapo a quienes traslada su incontenible ira contra los sedicentes próceres de la mal llamada Revolución Bolivariana. Tanta corrupción, ineptitud, indolencia, miseria, hambre, enardecen a cualquiera:


- A este, gordiflon, lisiado mental y moral, con ese bigotote tiznado de negro a pulso de “Igotint” -se dice para sus adentros y sus afueras la nonagenaria- le meto esta megaaguja por el mismísimo… “Igotint” y pa´ la candela que es lo que se merece ¡Que se achicharre en la hoguera a fuego lento, como este otro grupo de generalotes, madrinos, envilecidos, ladrones -comenzando por el marranito congo del mazo dando- guapos con parroquianos desarmados, pero correlones, asustadizos y proclives a la capitulación, en el lance de igual a igual!


¿Cree el lector, que por mucho que esa "inocente abuelita” repita y repita tales conjuros cada mañana, puede ser penalizada por “intento” de asesinato?


Es el caso, mutatis mutandi, del lunático o tarifado quem en Buenos Aires, noches atrás gatilló por dos veces su pistola, pero sin ninguna posibilidad que esta última vomitara su carga de muerte, porque el supuesto asesino, no apalancó, previamente, proyectil alguno hasta la recámara del arma. Y eso, que según videos que se había hecho tomar, el hipotético feminicida es diestro en el manejo de tal clase de artefactos.


“Tentativa inidónea”. El peor cursante de la asignatura, “Derecho Penal, parte general”, sabe a lo que me refiero. Ex post, ni la hechicera ni el supuesto magnicida produjeron el mal que cabía esperar. Nunca pudieron producirlo. Ninguno de los dos puede ser penado, ni siquiera, por tentativa de asesinato. Por algún delito menor, quizás.


La perturbadora presencia que significa, para Argentina, Cristina Fernández viuda de Kirchner, como Vicepresidenta y senadora, como dirigente político, pero más que nada, como redomada cleptócrata, es asunto de la exclusiva incumbencia del fraterno pueblo de ese país. No obstante, me he tomado la licencia de dragonear sobre su pretendido magnicidio, porque los venezolanos, no olvidamos, que la “doñita” se sumó de manera activa al saqueo de Venezuela. No lo olvidamos, ni lo olvidaremos. En particular cuando nos enteramos de los recurrentes episodios de niñitos venezolanos muertos, en el “Tapón de Darién“. De los de otros, fallecidos de hipotermia en el altiplano boliviano o por inmersión en medio de cualquier mar encrespado, huyendo, con sus hermanitos, padres y abuelos de las desgracias desencadenadas por la pandilla que usurpa el Poder en Venezuela. Invitar a la rebatiña a los Castro, Lula Da Silva, Zapatero, a los Ortega, marido y mujer, Correa, Evo Morales, Putin, Xi Jinping, Erdogan, Mahmud Ahmadineyad y a la susodicha, señora de Kirchner con su exmarido, envalentonó a ese par de gallinas conformado por Chávez y su sucesor. Carecían, por sí solos, de los testículos, para arrasar como han arrasado con mi amada Venezuela y aquí llegamos adonde no quisiéramos haber llegado: Que en medio del más reciente escándalo judicial por el enésimo bochorno de corrupción protagonizado por doña Cristina, surge el muy censurable culebrón de su pretendido asesinato. Tengo para mí, sin embargo, que este último por improbable o “inidóneo” ha sido malabarismo para convertir tal villana (eufemismo para no emplear palabra más gruesa) en supuesta víctima.


Los caraqueños de mi tiempo nos reímos mucho con el relato del vago, que al verse compelido a casarse con la viuda rica, 30 o más años mayor que él, se lamenta, borracho como una cuba, en la barra de un botiquín.


- No llores. Apenas contraigas matrimonio -le aconseja otro igual de chulo y holgazán- hazle el amor de lunes a domingo, mañana, tarde y noche, sin faltar ni una vez, para que veas cómo esa vieja no aguanta y a los 90 días “estira la pata”.


Transcurren los primeros 89 días y el consejero oficioso visita la casa del amigo para comprobar cómo marchan las cosas. Le abre la puerta un anciano prematuro, demacrado, cetrino, quien a muy duras penas se desplaza en una silla de ruedas. Era el bagazo de lo que fue, hasta hace poco, el recién casado. Como música de fondo una vigorosa voz de soprano interpreta a cappella, “L´amour est un oiseau rebelle”, celebérrima aria de, “Carmen”, de Georges Bizet.


- Y esa cantante, tan pícara, que se escucha a lo lejos ¿Cómo se llama? - pregunta el pretendido consejero.


- Es la vieja, “esa”. Está muy contenta. No sabe que hoy es la penúltima jornada, antes de los tres meses y que por ende, mañana será cadáver a causa de la fatiga.


Según las circunstancias, en lugar de asesinarlas, hay pistolas reviven a cierta clase de señoronas.


Omar Estacio Z.

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