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Los insultos de Javier Milei al Papa Francisco


Milei basa su campaña en la confrontación y los insultos. Foto: @Politica_ln

Javier Milei, el candidato libertario de derecha que encabeza las encuestas para las elecciones del 22 de octubre en Argentina, provocó una tormenta política durante su visita a Miami el pasado fin de semana, cuando se hizo viral un vídeo de hace casi tres años en el que decía que el Papa Francisco es un “imbécil” y un “representante del maligno en la tierra” que “impulsa el comunismo”.


Pero si ustedes creen que Milei o su campaña están arrepentidos de esos insultos, permítanme sugerir una teoría más plausible: los improperios de Milei contra el Papa son parte de una estrategia típica de los populistas del siglo XXI para colocarse en el centro del debate público, y ganar elecciones.


Al igual que el expresidente Trump -a quien Milei admira públicamente- y el difunto gobernante venezolano Hugo Chávez, Milei lanza insultos contra casi todo aquel que lo contradiga, generando grandes titulares en el camino.


Al igual que Trump y Chávez, afirma -sin mostrar pruebas creíbles - que le robaron votos en las elecciones, y que los periodistas que se atreven a criticarle son “ensobrados” o enemigos del pueblo.


A principios de esta semana, el presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, Mons. Oscar Ojea, salió al cruce de lo que calificó de los “insultos irreproducibles” de Milei contra el Papa.


Un grupo de sacerdotes católicos que trabajan en las villas de emergencia de Buenos Aires se había reunido horas antes con dirigentes del Gobierno y de la oposición para denunciar los ataques verbales de Milei contra el Papa. Ni Milei ni su campaña se han disculpado públicamente por las declaraciones del candidato.


A principios de esta semana, tras lo que describió como un “viaje espiritual” a Miami para celebrar el Shabat - el día del descanso judío - con amigos, Milei calificó de “fracasados” a un grupo de unos 170 economistas que habían firmado una carta criticando su plan de dolarizar la economía. Se trata de la palabra favorita de Trump para tratar de descalificar a quienes no lo apoyan.

Cuando entrevisté a Milei hace algunas semanas, coincidí con él cuándo describió los regímenes de Venezuela, Nicaragua y Cuba como dictaduras despiadadas, y cuando dijo que el gobierno populista de izquierda de Argentina es un desastre.


Pero, en la misma entrevista, Milei afirmó injustamente que los líderes de la oposición de centro-derecha más moderados de Argentina que no le apoyan son iguales que los peronistas, e hizo varias afirmaciones descabelladas, como que el presidente Biden “es un socialista”.


Milei está siguiendo la misma estrategia de campaña que Trump, Chávez y otros populistas que siguen una fórmula de tres pasos en tres días para dominar la agenda mediática.


La estrategia funciona así: el primer día, hacen una declaración escandalosa, o publican un vídeo viejo diciendo algo rimbombante que se convertirá inmediatamente en viral. El segundo día, se sientan y escuchan a los periodistas criticar sus declaraciones, a menudo con datos masivos, y aburridos.


El tercer día, atacan a los medios de comunicación, afirmando falsamente que los han tergiversado, o que son víctimas de una campaña de desprestigio.


Luego, apenas el escándalo desaparece de las primeras planas, al cuarto o quinto día, sacan de la galera una nueva declaración escandalosa, y el ciclo de tres días vuelve a empezar.


Así están permanentemente en el centro de las noticias, y eso les da una ventaja enorme sobre los demás candidatos, por mucho dinero que tengan o estén dispuestos a gastar para sus campañas.


El problema de esta estrategia es que los líderes populistas que ganan elecciones insultando a los demás, viven de la confrontación y terminan creando sociedades más polarizadas, violentas, estancadas, y pobres.


Estoy de acuerdo en que el Papa Francisco tiene ideas políticas anticuadas que se remontan a los años setenta, pero ¿le convierte eso en un “imbécil”? Uno puede estar en desacuerdo con el Papa, pero no hay necesidad de insultarlo.


Aunque muchas de las ideas de libre mercado de Milei son buenas, Argentina no necesita más polarización. Por el contrario, necesita más cooperación entre quienes apoyan la libertad y la democracia, para que vuelvan las inversiones que el país necesita desesperadamente.


Si Milei sigue insultando y peleándose con todos, no se podrán esperar cosas buenas si llega a ganar las elecciones.


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