Liscano 1976 cincuenta años después: culturas e identidades en Venezuela

Una tarde de 1976 o quizá a inicios de 1977, tenía yo quince años, se presentó en mi casa un primo por parte paterna, Román Castañeda Biord, apodado y ampliamente conocido como el Negro Castañeda. Mi primo trabajaba entonces en las empresas Mendoza y le llevaba a mi madre, profesora de historia, un hermoso volumen que había publicado la Fundación Mendoza con motivo de los 70 años de don Eugenio Mendoza, 50 de haber iniciado sus trabajos y las bodas de plata de la Fundación Mendoza.
El libro se titulaba Venezuela moderna. 1926-1976. Era, digamos, la continuación de aquel otro titulado Venezuela independiente. 1810-1960, que celebraba, precisamente, el sesquicentenario de la independencia venezolana.
En 1976 se había nacionalizado el petróleo y era un año muy simbólico para esa nueva Venezuela, la Gran Venezuela, el país que se asumía que no era pobre ni “subdesarrollado”, sino en “vías de desarrollo”, que hacía gala de la riqueza petrolera, sin pensar en la pobreza de gran parte de su población, ni en fenómenos de exclusión que luego le abrirían el camino al populismo autoritario de fines del siglo XX y buena parte ya de la mitad del siglo XXI.
Venezuela entonces reclamaba su voz en el nuevo orden internacional, una pequeña potencia en ciernes que, sin embargo, se permitía excesos que terminaron por destrozar sus logros.
Para muchos, no fue sino una ilusión, un sueño o ensueño de grandeza. Por eso, se habló de la “Venezuela Saudita”. Venezuela asumía el manejo de la industria y la riqueza petrolera de manera distinta: mientras la eficiencia de lo primero podía mostrarse con orgullo, lo segundo muchas veces se despilfarraba.
Los años anteriores habían visto un amplio debate sobre el petróleo y su manejo, como bien señaló recientemente Fernando Luis Egaña en su artículo Inaceptable. Esa pluralidad de ideas, contrapuestas, pero llenas de convicciones, precedió al consenso finalmente plasmado en la “Ley Orgánica que Reserva al Estado la Industria y el Comercio de los Hidrocarburos”, promulgada el 29 de agosto de 1975.
Estudiaba primer año de bachillerato en el Liceo San José de Los Teques y recuerdo las resonancias de esas discusiones previas y los comentarios de mis padres. Todo ello evidencia ese carácter abierto y plural que se le concedió a la discusión sobre la nacionalización de la industria petrolera, tras las leyes vigentes de 1943 y 1971. Viene a mi memoria lo controversial del artículo 5º de la ley de 1975 que permitía asociaciones estratégicas con compañías privadas.
En medio de ese contexto tan propicio, aquella tarde comencé a ojear y a revisar las páginas del libro Venezuela moderna, que me parecían fascinantes. Apenas empezaba a tener consciencia de los sustratos y diferencias culturales de Venezuela y percibía los contrastes entre las muchas Venezuelas que luego reconocí.
Sin duda, entre los puntos que más llamaron mi atención de los ensayos reunidos en ese libro destacan las consideraciones de Juan Liscano, en la sección dedicada a la cultura en Venezuela, sobre la identidad del venezolano, los símbolos y emblemas de esa identidad y los cambios ocurridos en Venezuela entre 1926 y 1976. Más tarde, andando los años, he
disfrutado la lectura complementaria del ensayo de Liscano y el de Ramón J. Velásquez sobre la evolución política.
En 2026, cincuenta años después de la publicación del libro, resulta estimulante acercarse a las páginas de Liscano para evaluar sus asertos sobre la cultura venezolana y las Venezuelas que coexistían en el período considerado, el impacto del petróleo y el proceso de urbanización, la emergencia de nuevos símbolos y sentimientos de identidad y nacionalismo.
Cuando vemos, leemos, oímos o sentimos a tantos venezolanos en el exterior, percibimos evocaciones distintas del país, de la patria-matria, que han tenido que dejar, ya sea forzados por las circunstancias o estimulados por ellas. De esas evocaciones se puede extraer una serie de indicios para una relectura del ensayo de Liscano que permitirá entender mejor la
diversidad venezolana.




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