Juan Primito y los pliegues del alma venezolana
- Horacio Biord Castillo

- 16 ago
- 3 min de lectura

Se acerca el centenario de la publicación de Doña Bárbara, la novela de Rómulo Gallegos, que apareció en febrero de 1929. Sería preocupante que, en medio de tantas situaciones complejas y la crisis que desde hace tantos años vive Venezuela, la efeméride pase desapercibida. En 2025, cuando se cumplió el centenario de La Trepadora, muy poco se hizo en homenaje a esa otra novela de Gallegos. Dicha novela, más allá de su valoración literaria, nos revela mucho sobre la sociedad venezolana.
En consecuencia, resultaría de gran utilidad para el país no solo celebrar y conmemorar dignamente el centenario de Doña Bárbara como un evento literario y académico, sino sobre todo tratar de vernos reflejados en esa novela, aun cien años después.
Las artes mágicas de Juan Primito, vistas como más auténticas y sencillas, conviven con las atribuidas a la propia doña Bárbara, quien las habría aprendido de sus parientes indígenas, y del personaje llamado Melquíades Gamarra, el Brujeador. la hacienda de doña Bárbara. Esos pájaros, conforme se acerquen o no a la vivienda, le permiten a Juan Primito elucubrar sobre sucesos por venir.
Se ha propuesto que Gallegos pudo haberse inspirado en la figura de Ricardo Morales, un personaje popular de Charallave, ciudad del estado Miranda de la que era oriunda su esposa Teotiste Arocha Egui. De ese personaje real probablemente Gallegos tomó rasgos que luego trasladó al personaje de la ficción literaria. Morales era músico y un hombre cercano a la gente. Tocaba el violín por las calles de Charallave.
Juan Primito representa, en muchos sentidos, aspectos del alma venezolana, del alma popular venezolana, cándida, sencilla, religiosa a su estilo, lo que no significa siempre inserta en los cánones de la religión institucional, pero tampoco en contra de ella. Resume las creencias en el Más Allá y, por tanto, en un principio divino, en Dios Todopoderoso.
Las artes mágicas de Juan Primito, vistas como más auténticas y sencillas, conviven con las atribuidas a la propia doña Bárbara, quien las habría aprendido de sus parientes indígenas, y del personaje llamado Melquíades Gamarra, el Brujeador.
Gallegos describe a Juan Primito como “Greñudo, piojoso y con una barba hirsuta que no había manera de que conviniese en recortársela, era el recadero de doña Bárbara, un bobo con alternativas de lunático furioso, aunque no desprovisto de atisbos de malicia, cuyas manías más singulares consistían en no beber el agua de las casas de El Miedo, así tuviese que caminar leguas por buscarla en otras, y en colocar sobre los techos de los caneyes cazuelas llenas de los más extraños líquidos, para que bebiesen unos pájaros fantásticos que
denominaba rebullones” (2ª parte, III).
Sobre esos pájaros fantásticos, añade: “A lo que se podía colegir de sus disparatados discursos, los rebullones eran una especie de materialización de los malos instintos de doña
Bárbara, pues había cierta relación entre el género de perversa actividad a que ésta se entregara y el líquido que él les ponía a aquéllos para que aplacaran su sed: sangre, si fraguaba un asesinato; aceite y vinagre, si preparaba un litigio; miel de aricas y bilis de ganado mezcladas, si tendía las redes de sus hechizos a alguna futura víctima.” (2ª parte, III).
Es necesario estudiar el personaje en el contexto de la historia ficcional y de la Venezuela que le sirve de principal referente a Gallegos. La descripción inicial del personaje pudiera parecer denigrante y peyorativa; pero puede estar influida por las visiones dominantes de la sociedad venezolana sobre creencias populares y ceremonias englobadas bajo el rótulo genérico de “brujería”.
Estudiar figuras de la novela, como Juan Primito, puede contribuir a entendernos mejor como país sociodiverso. Puede ayudar a concretar nuestras aspiraciones, creencias y temores, que no son únicos, sino que varían según circunstancias, regiones, sustratos e influencias culturales.



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