Hay que darle un “parao” al neocomunismo

Actualizado: 23 ago

7 June 2012

Fatalmente, el comandante ejecutó gran parte de su estrategia de control de la sociedad de manera intolerante. Los escenarios de pugna política durante 14 años, no han impedido que en cada ofensiva o contraofensiva, el mandatario lograra una mayor intervención de las libertades de los ciudadanos.

Lo que comenzó con el control del Ejecutivo, de la Asamblea Nacional y de la estructura Judicial del país, pasando por asumir el poder del Consejo Electoral, la Contraloría, Fiscalía, Defensoría de los Derechos del Pueblo y que culminó con el dominio total de la industria petrolera y del Banco Central, no fue suficiente. El comandante siente que debe mantenerse, mientras le quede vida, en el poder, pero hacerlo en un mundo que no admite más dictaduras requiere sostener una imagen democrática, y para conseguirlo debe y tiene que ganar elecciones, del modo que sea. Todo ello, porque el control de los ciudadanos es indispensable para que voten por su color rojo. Alcanzar la hegemonía necesita, amén del control político que ya tiene, la subordinación de toda fuerza económica, social y militar.

En lo económico, el comandante lanzó su “Modelo Productivo Socialista” dentro de su plan de desarrollo, con la siguiente premisa: “El Estado mantendrá el control total de las actividades productivas que sean de valor estratégico”. Así, más allá del petróleo, se estatizó la siderúrgica y otras empresas básicas de materias primas, y la producción de éstas pasó a formar parte de los mecanismos de control. Si le agregamos la estatización de las fábricas de cemento y las canteras de distintos materiales de cimentación, el comandante tomó el control del casi 100 % del suministro de estos rubros claves en la industria de la construcción. Los empresarios dependen ahora del gobierno para poder edificar.

El comandante maneja el 91 % de las divisas que entran al país y bajo un control de cambio confiere los dólares para las adquisiciones de insumos industriales y de las importaciones de bienes y servicios, de quien a su vez dependen los comerciantes.

También, se estatizaron empresas eléctricas, de telefonía y de internet, además de cerrar medios de comunicación de manera directa o eliminándoles las inversiones en publicidad por parte de las empresas del Estado y, de otros anunciantes bajo presión, para que no puedan subsistir. Amén, crearon un sinnúmero de medios gubernamentales.

Con la compra del Banco de Venezuela del Grupo Santander se inició el proceso de múltiple expropiación, estatización y control de la banca y finanzas. Solamente le faltaría estatizar las empresas de producción y distribución de alimentos que quedan sin ser confiscadas para alcanzar la absoluta omnipotencia. De hecho, el Grupo Polar siempre ha estado en la mira del comandante.

En lo social, el supremo cree que controla porque es el primer empleador del país, otorga los cupos educativos, los préstamos en todos los niveles, dispone de miles de cargos ejecutivos y de gerencia para premiar a sus incondicionales y los oficialistas mismos lo dicen: “si te portas bien y votas rojo tendrás tu préstamo, tu empleo, tus dólares, tu contrato, tu comida… Si no, ¡No!”.

Todo esto sin hablar de los mecanismos de control de las fuerzas de seguridad política y de espionaje electrónico.

Existe un control social nunca antes visto en Venezuela en toda su historia. Hablamos del neoautoritarismo en su máxima expresión, pero los venezolanos aman la libertad y, de una u otra manera, le han hecho sentir al mandamás que le pueden parar el trote al “caballo desbocado” cuando lo deseen… Como cuando le dieron un NO rotundo en su intento de imponer una constitución neocomunista, o en las pasadas elecciones de la Asamblea Nacional. Ahora, se trata de detener el autoritarismo total al que aspira el “búfalo” Chávez, con su nuevo plan de “hegemonía” autoritaria, el cual tendrían que afrontar los venezolanos si no le dan un “parao” al comandante en las próximas elecciones presidenciales. Elecciones que estarán observando los militares, para saber si deben o no someterse a la “hegemonía” roja en el campo castrense.









Vladimir Gessen

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