Grandiosa Soledad


Admiradores de Soledad Bravo esperan su disco con canciones italianas. Foto: Cortesía Jota Erre Medios

Hace varios años, en uno de los memorables conciertos de Soledad Bravo (todos los de nuestra querida y admirada cantante lo son), celebrado en el Aula Magna de la Universidad Central de Venezuela, la artista demostró que no solamente es una admiradora del cancionero popular italiano, sino también una gran intérprete de los temas provenientes del ese país. Y lo puso de manifiesto al cantar dos de los éxitos más celebrados de Mina, otra grande como ella: “Il cielo in una stanza” y “Come sinfonia”, de los que hizo dos notables, vibrantes, personales y muy poderosas versiones, que en su voz sonaron literalmente esplendorosas. El público, delirantemente entusiasta, refrendó con calurosas ovaciones y vítores la maravilla de esas interpretaciones, como no podría ser de otra manera.


El recuerdo de ese mágico momento del concierto en la UCV quedó grabado en nuestra mente y hasta llegamos a abrigar la esperanza de que Soledad, algún día, se animará a grabar un álbum de legendarios temas, a su estilo, del cancionero italiano, especialmente de la cantera del Festival de San Remo en su época dorada, la que transcurrió desde finales de los años 50 hasta bien entrados los 70. Debo destacar que este evento forma parte intrínseca de la educación sentimental de mi generación, que es la misma de Soledad. En mi época adolescente y juvenil era una costumbre arraigada esperar el disco que cada año se editaba con las canciones más galardonadas y populares de esta reseña musical, tanto las originales en italiano, como las que posteriormente versionaban al español famosos vocalistas venezolanos de entonces, como Mirla Castellanos, Mirtha Pérez, Mayra Martí, Héctor Cabrera, José Luis Rodríguez y Henry Stephen, entre otros.


Mi deseo no se cumplió -aunque aún espero verlo hecho realidad-, pero mi alegría fue inmensa cuando me enteré que Soledad iba a ser la artista invitada del concierto de canciones italianas que el pasado viernes 26 de agosto tuvo lugar en el teatro del Centro Cultural Chacao, donde también participaron otros cuatro cantantes, excelentes y de amplio recorrido en diferentes recintos de la capital: Deborah Briceño, Katherine Coll, Ángel Faría y Andy Perillo, que en la primera parte del show destacaron por su muy buen desempeño en canciones italianas tan emblemáticas como “E se domani”, “Ancora”, “Io che non vivo”, “Tanta voglia di te”, “L’italiano” y “Gloria”, entre otras. Todos crearon el mejor ambiente posible para la segunda parte del espectáculo, con una Soledad Bravo en estado de gracia, que cautivó y no dejó indiferente a nadie por su contundente fuerza vocal e interpretativa.


Las dos primeras canciones que interpretó fueron “Il cielo in una stanza” y “Come sinfonia”, las dos canciones con las que tanto nos cautivó en aquel concierto del Aula Magna y con las que volvimos a sentir la misma emoción de entonces. Luego siguió con la melódica suavidad de “Legata ad un granello di sabbia”, que tantos recuerdos nos trajo de aquellos primeros años 60 tan fabulosos, antes de dejarnos absolutamente hechizados posteriormente con “Dio come ti amo”, lo cual es decir mucho al tratarse de un tema que ha sido versionados por cantantes de la estatura de Domenico Modugno, su autor, Gigliola Cinquetti, Shirley Bassey y Mirla, quien la pegó en Venezuela en una mítica versión al español.


A esta altura, cuando ya se había metido al público en el bolsillo, continuó con el aire napolitano “Canto delle lavandaie del Vomero”, para luego estelarizar otro de los grandes momentos: cuando cantó “Torna Surriento” y “O sole mio”. Nada más y nada menos. Dos piezas difíciles a las que les hizo ampliamente justicia con su potente registro vocal, acompañada eficazmente en la primera por Katherine Coll y Deborah Briceño, y en la segunda por Ángel Faría y Andy Perillo. Delirio general. El público, emocionado, no dejaba de aplaudirla de pie.


Pero como si no fuera suficiente con tanto prodigio, Soledad, saliéndose del guión de lo italiano (“Siempre he sido rebelde”, comentó con simpatía), no podía dejar de regalarnos dos de los hitos más importantes de su repertorio de siempre: “Palabras de amor”, de Joan Manuel Serrat, y “Gracias a la vida”, de Violeta Parra. Mejor fin de fiesta imposible. Ha sido, como es habitual en ella, un gran espectáculo, el mejor que hemos visto hasta ahora, no solamente en lo que va de año, sino también en mucho tiempo.


¡Bravo, Soledad! Y ojalá podamos escuchar, en un día no tan lejano, tu disco de canciones italianas que, a no dudarlo, será incomparable.

Aquilino José Mata

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