Empresas y consumidores están en la lucha por el ajuste de precios
- Enrique Rondón Nieto
- hace 1 minuto
- 2 min de lectura

La economía venezolana transita por un sendero de volatilidad marcada por una dualidad cambiaria que, lejos de estabilizarse, continúa erosionando el bolsillo del ciudadano de a pie.
Según el economista y consultor financiero David Ruiz, la persistencia de la brecha entre la tasa oficial establecida por el Banco Central de Venezuela (BCV) y el mercado paralelo no es solo un dato estadístico, sino un mecanismo que drena el flujo de divisas del sector empresarial y encarece, inevitablemente, el costo de vida.
Al cierre del mes de mayo, el panorama macroeconómico revela tensiones estructurales. Ruiz explica que la política de “minidevaluaciones” diarias y las restricciones al crédito bancario han generado distorsiones profundas en el marcaje de precios.
Las empresas se enfrentan a un dilema operativo: la obligación legal de vender bajo la tasa oficial del BCV, mientras que sus costos de reposición, logística y materias primas se rigen por la realidad del mercado paralelo. Esta asimetría obliga al sector formal a ajustar sus precios para sobrevivir, impactando directamente en un consumidor cuyos ingresos, en gran medida, permanecen estancados frente a una inflación que no cede, tanto en bolívares como en dólares.
El esfuerzo del BCV: ¿Solución o parche?
Para contener la escalada del tipo de cambio, el emisor ha mantenido una política de intervención agresiva. En mayo, se volcaron al sistema financiero nacional 1.350 millones de dólares, elevando el acumulado del año a más de 4.700 millones de dólares.
Esta inyección masiva no es casual. Ruiz destaca que el repunte operativo del sector hidrocarburos ha sido el oxígeno financiero necesario para intentar estabilizar los tableros bancarios. Con una producción que ha logrado estabilizarse por encima del millón de barriles diarios, el Ejecutivo ha contado con el flujo de caja necesario para alimentar la oferta de divisas.
El peso de la inflación en la vida cotidiana
Sin embargo, expertos consultados en diversas áreas sugieren que, aunque la inyección de divisas logra una contención temporal, no ataca las causas raíz de la inflación, que incluyen el déficit fiscal y la falta de confianza en la moneda nacional.
El escenario para lo que resta de 2026 se perfila como una lucha constante entre la capacidad de producción petrolera para financiar la estabilidad cambiaria y la presión inflacionaria interna. La estabilidad, por ahora, parece depender más de la capacidad de intervención del Estado que de una recuperación orgánica de la economía.
Con información de diariorelgionaldelzulia.com