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El Trilema de la Venezuela que viene

En este momento la verdadera soberanía no es el aislamiento; es la capacidad de negociación.  Imagen: https://deevid.ai/
En este momento la verdadera soberanía no es el aislamiento; es la capacidad de negociación. Imagen: https://deevid.ai/

Venezuela se encuentra en una encrucijada que la historia no perdona: necesitamos dinero que no tenemos para reconstruir un país que no funciona; pero en el mercado de auxilios financieros, nada es gratis. Aquí surge lo que los analistas llaman "El Trilema de la Reconstrucción", una trampa de tres puntas donde solo podemos elegir dos, sacrificando siempre una.


Las tres puntas del Trilema, en términos generales son: la ayuda masiva inmediata, la autonomía de políticas y la protección de activos estratégicos. Ciertamente necesitaremos la entrada de capitales para estabilizar la moneda y reactivar servicios básicos (luz, agua, salud).


Considero que en Venezuela existe la capacidad para que los venezolanos decidamos nuestras propias leyes económicas, salarios y subsidios sin que un técnico en Washington o Beijing nos dicte la agenda.


Obviamente, debemos forjar un Acuerdo Nacional para mantener el control sobre el petróleo, el oro y las industrias básicas, sin tener que rematarlas para pagar deudas viejas.


Hay un debate que no se está dando abiertamente, aun cuando enfrentamos un dilema geopolítico: ¿A quién le debemos el futuro? La tendencia actual es simplificar la ayuda externa: sin embargo, para el ciudadano de a pie y para el estratega, la procedencia del dinero determina el margen de soberanía.


El modelo "Multilateral" -Fondo Monetario Internacional (FMI)/Banco Mundial (BM), ofrece las tasas de interés más bajas, pero a cambio de una "condicionalidad" técnica. Esto significa reformas profundas: reducción del gasto público, privatizaciones y ajustes tarifarios. ¿Está la clase política venezolana dispuesta a pagar el costo electoral de estas medidas?


El modelo "Bilateral" (EE.UU/China), parece más "flexible" en lo político, pero hipoteca recursos naturales a largo plazo. Venezuela ya conoce este camino: petróleo por deuda. Es una soberanía que se desangra en los puertos, no en las oficinas.


Entonces, en este momento la verdadera soberanía no es el aislamiento; es la capacidad de negociación. Para que Venezuela reciba ayuda sin vender su autonomía.


El debate político debe centrarse en tres condiciones fundamentales: Uno: No podemos esperar a que nos traigan un "paquete" prefabricado. Venezuela debe presentar su propio Plan de Reformas, diseñado por técnicos locales, para que los organismos externos solo pongan el músculo financiero, no la cabeza pensante. Dos: Recordar que la corrupción es el mayor enemigo de la soberanía, un país que rinde cuentas y paga sus deudas, es un país que no puede ser chantajeado por sus acreedores. Tres: Plantear la diversificación de socios; la soberanía se defiende diversificando quién nos compra y quién nos presta.


Para finalizar este artículo dejo abiertas tres preguntas para un debate nacional: 


1.- ¿Es preferible un ajuste dictado por técnicos extranjeros que traiga estabilidad rápida, o un proceso nacional más lento pero autónomo?

2.- ¿Qué activos estamos dispuestos a ceder o concesionar para atraer el capital que reactivará el Sistema Eléctrico Nacional (SEN)?

3.- ¿Cómo evitar que la ayuda humanitaria se convierta en una herramienta de control geopolítico?


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