Día del Idioma: Lenguaje claro y sanador
- Horacio Biord Castillo
- hace 3 horas
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La celebración del Día del Idioma es una ocasión propicia para reiterar la creciente importancia del español en el mundo, en especial en el continente americano, donde es la lengua de las grandes mayorías. La proyección geopolítica y universal del español crece cada día y, por ello, en fechas señaladas como esta, resulta propicio recordar no solo los orígenes, sino los máximos expositores de la lengua y sus cumbres literarias. Sin embargo, como toda lengua, se trata fundamentalmente de una realidad oral antes que escrita. Los hablantes, en consecuencia, hacemos posible y llenamos de renovada vitalidad nuestro idioma.
También debemos recordar aquellas lenguas que han contribuido al desarrollo del español. Nuevamente en el caso de América, descuellan las lenguas indígenas. El español general sería incomprensible sin el aporte múltiple de las lenguas indígenas americanas, así como de los americanismos. Al saludar y celebrar al idioma español, debemos saludar y celebrar a los idiomas indígenas, tanto los del pasado como los del presente, que siguen construyendo su porvenir lingüístico y sociocultural que es, sin duda, el futuro compartido de los países del continente americano.
La celebración del Día del Idioma y del Libro este año nos convoca en Venezuela a una doble cruzada, por una parte, de lenguaje claro, como uno de los más importantes proyectos panhispánicos de la actualidad, y, por otra, muy especialmente, al uso de un lenguaje conciliatorio y sanador como condición ineludible para construir nuevos escenarios para la vida venezolana. Ello nos impone el cuidado extremo de utilizar un lenguaje que refunde y permita el entendimiento y la reconciliación, pese a la existencia de diferencias que, en
muchos casos, no solo tienen un peso extraordinario, sino que obedecen a razones filosóficas e ideológicas de compleja concertación. Europa en la Posguerra, tras la destrucción causada por la Segunda Guerra mundial, hizo un esfuerzo de conciliar intereses, culturas, idiomas e idiosincrasias divergentes que cristalizaron más tarde en la Comunidad Económica Europea y, luego, en la Unión Europea.
Para celebrar el bicentenario del Congreso Anfictiónico de Panamá, convocado por Bolívar en 1826, y su llamado, quizá el más vigente de todos los que hizo, de unir en un gran bloque América, hoy diríamos América Latina y quizá toda América, debemos empezar por limar nuestras diferencias, aceptar nuestros desencuentros para hacerlos menos irreconciliables y revisar y potenciar las causas comunes para posibilitar salidas y un nuevo modelo de país. La causa que es Venezuela, como meta primaria para insertarnos en espacios de integración
mayores, nos demanda un lenguaje claro, pero no por ello ofensivo ni injurioso, y un lenguaje de concordia, para sanar heridas, cicatrizar años de enfrentamientos y juntar en la apuesta democrática los sueños de un país inclusivo e igualitario. Sean estas las ideas centrales de los nuevos discursos que el país nos demanda.
En el Día del Idioma y del Libro se suele leer a distintos autores, empezando por el Quijote y aquellos que en nuestro país tenemos como modelos o cimas literarias. Al hacerlo leámosnos en sus páginas y al escuchar a hablantes sabios, indistintamente de sus grados académicos, acerquémonos a su cordura y prudencia.
Que el Espíritu Santo nos ayude a encontrar la expresión lingüística apropiada para esta etapa de la historia de Venezuela.
N.B.: Palabras pronunciadas en el acto conjunto celebrado por la Embajada de España en Venezuela, la Academia Venezolana de Lengua y la alcaldía de Chacao en la plaza de La Castellana (o Isabel la Católica) de la urbanización La Castellana, en Caracas, el 28 de abril de 2026, con motivo del Día del idioma y del Libro.