Calores y sequías en Los Altos mirandinos

En este segundo semestre de 2026 hemos experimentado un alza inusual de las temperaturas en Los Altos. Nos hemos sorprendido con el calor que ha hecho. Parece mentira que haga tanto en estas montañas, no solo de día, sino también, aunque menos intenso, en horas nocturnas.
Obviamente, el cambio climático tiene una responsabilidad importante en esta alza de las temperaturas. Ese cambio, en gran medida, es antropogénico, como ha sido descrito en los últimos años. En este caso, se suman los efectos del Niño. En Los Altos mirandinos, debemos recordar la deforestación tan grande que se ha hecho en las últimas décadas, así como los incesantes movimientos de tierra y la desproporcionada construcción de enormes viviendas multifamiliares, como edificios y conjuntos residenciales.
Sin embargo, datos testimoniales del pasado reciente muestran que el Niño fue el causante de temperaturas elevadas y de sequías prolongadas en Los Altos. Cuando los recogí en el año 2003, no dejaron de sorprenderme los testimonios de don Fermín Rojas, en Guareguare, cerca de San Diego de Los Altos, un área rural comprendida dentro de los hoy municipios Guaicaipuro y Carrizal. Él recordaba un período, de aproximadamente dos o tres años,
extremadamente seco, en la década de 1920.
Esa sequía había dañado por completo los cultivos y las plantas de la casa donde vivía con su familia. La casa estaba ubicada en lo que se conoce como Guareguarito, más abajo de La Fila, en un recodo de la montaña, un pliegue que da hacia el norte, porque hacia el sur se encuentran Paracotos, Ocampo y Taica, y hacia el oeste las llamadas Adjuntas de Santa María, donde se unen quebradas y arroyos que van a dar al río Tuy, cerca de Ocampo. Dichas
Adjuntas se observan, hacia el sur, desde la carretera Panamericana (Km. 24), donde actualmente está el Centro Comercial Súper Líder, entre Corralito y Los Cerritos. Se repite, por el accidente geográfico, el mismo nombre de Las Adjuntas de Macarao, donde se unen el San Pedro y el Macarao para formar el río Guaire.
Recordaba don Fermín, quien además era ensalmador y sabía muchas historias del pasado, tradiciones y leyendas, que en esa época se habían secado incluso árboles plantados cerca de la casa. Me mostraba dónde había nacientes de agua que disminuyeron o se extinguieron y vegetación que nunca más creció con la fuerza anterior. Intrigado por el testimonio de don
Fermín e impresionado por algunos datos literarios, como una referencia de Gallegos en Cantaclaro, busqué información al respecto y conseguí que, efectivamente, entre 1925 y 1926, lo cual coincidió además con el tiempo (Semana Santa de 1927) en el que Gallegos visitó Apure con el propósito de documentarse para sus novelas, de las que luego derivarían Doña Bárbara y el mismo Cantaclaro, había ocurrido una fuerte sequía, probablemente un
meganiño. Se trató de uno de los más severos de la primera mitad del siglo XX.
Ese meganiño coincidió, en Venezuela y especialmente en Los Altos, con una invasión de langostas que devastó cultivos y áreas boscosas de la región. Aunque don Fermín no recordaba ese episodio, anterior a su nacimiento, podemos verlo en perspectiva. Primero ocurrió la invasión de langostas, luego vinieron los efectos de la gripe española de 1918 y, posteriormente, el meganiño de 1925. Esos acontecimientos, aunados al desplazamiento de las actividades agrícolas por la emergente industria petrolera, asestaron un duro golpe a la agricultura en Los Altos.
Don Fermín era, sin duda, un personaje muy querido en Guareguare y sus alrededores, un ensalmador que podía curar culebrillas y mordeduras de serpientes y que guardaba en su memoria eventos de gran importancia local, como la sequía que, en realidad, fue un meganiño ocurrido en la segunda mitad de la década de 1920.




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