2026: una oportunidad para rehumanizarnos
- Eduardo Frontado Sánchez
- hace 4 horas
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A lo largo de mi vida he comprendido que cada año que comienza representa mucho más que una simple vuelta al calendario: es una oportunidad real de crecimiento, de reprogramarnos, de pensar nuevas metas y objetivos que nos acerquen a una versión más consciente y mejorada de nosotros mismos. Pero, sobre todo, cada nuevo año nos invita a reflexionar sobre el verdadero significado de nuestro entorno y su impacto en nuestro desarrollo personal.
El 2026 se presenta, sin duda, como esa chispa transformadora que necesitamos para buscar nuestra mejor versión. Sin embargo, este proceso no puede hacerse de forma automática ni superficial. Requiere planificación, pero también —y quizá más importante— conciencia. Conciencia de nuestra humanidad, de lo que significa ser humano tanto en lo individual como en lo colectivo. Y es necesario aclararlo: lo colectivo no anula lo individual. No somos dos seres humanos en uno. Tenemos metas que alcanzar a nivel personal y objetivos que solo pueden lograrse desde lo colectivo, y ambos planos deben coexistir sin opacarse.
No obstante, nunca debemos olvidar que la ambición de poder, la obsesión por trascender o la búsqueda desmedida de lo material no pueden alejarnos de nuestra humanización colectiva. La trascendencia, el poder y las posesiones no nos hacen necesariamente más profundos; por el contrario, cuando se convierten en el centro de nuestra existencia, tienden a volvernos más banales. Lo material es necesario, sÃ, pero no constituye la esencia de la vida.
Vivir inmersos en un mundo marcado por el conflicto nos obliga a repensarnos. Por eso, nuestro 2026 deberÃa estar profundamente vinculado a aquello que nos motive, que nos vuelva más empáticos y humanos, no solo con nosotros mismos sino con todo lo que nos rodea. Es una invitación a preguntarnos, desde nuestras metas y objetivos, cómo podemos trabajar activamente en favor del bien común.
Siempre he creÃdo que cada año no es solo un nuevo comienzo, sino una oportunidad para transformar los obstáculos —aquellos que podrÃan debilitarnos— en experiencias que nos fortalezcan. Pero este crecimiento humano está Ãntimamente ligado a nuestros valores, a nuestra capacidad de mirarnos por dentro y de imaginar un mundo mejor desde nuestras propias posibilidades.
No es tiempo de esperar que otros actúen ni de pensar que el cambio vendrá exclusivamente del error ajeno. El verdadero cambio comienza cuando asumimos que somos nosotros, en esencia, quienes lo provocamos y lo sostenemos con nuestras acciones cotidianas.
El 2026 deberÃa ser, sin duda, un año para pensar seriamente en el bien común: en cómo este se integra a nuestras vidas, en cómo podemos ser más humanos y en qué metas podemos construir juntos sin abandonar nuestras aspiraciones individuales. El individualismo, cuando se convierte en principio rector, no siempre construye la sociedad que necesitamos; muchas veces genera conflictos e intereses que benefician a unos pocos y no al colectivo.
Este año se nos presenta como una oportunidad para tomar conciencia de nuestro rol en una sociedad que parece profundamente herida, no solo por los intereses particulares, sino por el predominio del individualismo y las pasiones personales por encima de lo humano. Sanar esa herida implica volver a lo esencial.
Recordemos siempre que lo humano nos identifica, pero lo distinto nos une, cuando aprendemos a darle prioridad a aquello que nos hace verdaderamente humanos.


