Venezuela sin políticos


Imagen: Pixabay

Por etimología, política se puede descifrar como el “asunto de las ciudades”, término acuñado por Aristóteles en el siglo IV. En lenguaje sencillo, implica el abordaje de todos lo que acontece en los urbanismos, su administración, forma de gobierno, leyes, relaciones sociales, internacionales, comercio, entre un sinfín de naturalezas propias.


La política entonces, debe ser una ciencia destinada a corregir las carencias sociales y de extraer beneficios de sus potencialidades. A medida que transcurrieron los siglos los “políticos” deben abastecer su andar en solucionar problemas y desarrollar ciudades, regiones, naciones, si no lo hacen pudieran ser catalogados con cualquier otro término, menos de político.


¿Hay políticos en Venezuela? Al parecer ¡No! pues mientras el régimen se encarga exclusivamente por darle satisfacción a sus lúgubres intereses específicos y grupales, en perjuicio de la nación, la oposición también obra de forma similar para su beneficio propio, generando así un estatus quo abominable.


Por tal motivo estimado lector, observamos presuntos políticos venezolanos hablando de elecciones cuando las condiciones jurídicas y legítimas son asombrosamente absurdas, no hay constitucionalidad ni democracia. En paralelo, el país, textualmente, se cae a pedazos.


Pero no solo eso, a pesar de todos los cuestionamientos que interna e internacionalmente recaen sobre el régimen, quien atraviesa su peor momento de rechazo, con una nación que recrudece sus protestas exigiendo respeto a sus derechos y libertades, denunciando atropellos, los “políticos” venezolanos en casi su totalidad han decido regalarle 2 años de paz para acudir a una elección presidencial 2024, repetimos, en las condiciones más absurdas que jamás se hayan presentado. Una oposición con políticos reales se daría banquete desde ya para destronar a su “supuesto” enemigo, el gobierno.


Por tal motivo, Venezuela no cuenta con una oposición que se oponga, más bien son un grupo de representantes de organizaciones partidistas que secundan amaestradamente todos los escenarios que propone el régimen, es el chavismo quien (estando más débil y rechazado que nunca) impone qué, cuándo y dónde hay qué hacer o dejar de hacer.


Honor a quien honor merece, María Corina Machado es hoy la única figura “¡política!” que ha sido coherente con su discurso y accionar, la única que descifra al régimen en todas sus presentaciones, también es la única que presenta un plan de cómo combatirlo, rescatar la democracia, la constitucionalidad y, posteriormente, al país.


La cofradía régimen y colaboradores (G4 y compañía) ha permeado a toda la política nacional para autodefenderse. Mientras la organización Vente de María Corina Machado tiene más de 8 años tratando de inscribirse/registrarse ante el CNE, quien impone todo tipo de trabas y exclusiones, observamos cómo proliferan nuevas organizaciones prácticamente de forma exprés, con presuntos líderes muchas veces totalmente desconocidos. Estos nuevos partidos se unen de forma inmediata a la ominosa tarea de participar en estas elecciones absurdas, pedir levantamiento de sanciones (aunque las causas empeoran) y atacarse entre ellos mismos, no al régimen.


La peor crisis de nuestra nación no es fortuita, no es accidental, es mucho más difícil empobrecer a los venezolanos que hacerlos disfrutar de una buena calidad de vida. El régimen se dio la tarea de empobrecernos para debilitarnos y así, al mejor estilo cubano, retener el poder a toda costa, para eso se hizo de una presunta oposición, con sus honrosas excepciones, que hoy día es tan culpable como el mismo chavismo.


Leandro Rodríguez Linárez

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