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Se diseñan bebés


Por algo más de 14 mil dólares se puede encargar un niño con el color de piel, de ojos, de pelo, y del sexo que desean los padres. Foto: Pexels, Pixabay

En los últimos años, los avances en la tecnología de reproducción asistida han llevado a una posibilidad que una vez parecía sacada de una obra de ciencia ficción: la selección genética preimplantacional, comúnmente conocida como "bebés a la carta". Esta técnica revolucionaria permite a los padres elegir ciertas características genéticas de sus hijos antes de que sean concebidos. Aunque esta selección tiene el potencial de prevenir enfermedades genéticas y mejorar la calidad de vida de las personas, también plantea importantes cuestiones éticas y desafíos sociales.


La tecnología de selección genética preimplantacional ofrece una serie de beneficios potenciales. Por un lado, puede ayudar a prevenir enfermedades genéticas graves que podrían ser transmitidas de una generación a otra. Esto permitiría a las parejas que son portadoras de enfermedades genéticas graves tener hijos sanos sin el riesgo inherente de transmitir la enfermedad a su descendencia. Además, también podría permitir a los padres seleccionar ciertas características genéticas deseables, como la altura, el color de ojos o el coeficiente intelectual, lo que podría llevar a una mejora en la calidad de vida de sus hijos.

Sin embargo, la técnica preimplantacional también plantea importantes cuestiones éticas. En primer lugar, existe el riesgo de que este mecanismo conduzca a una sociedad que valora más ciertos atributos genéticos en detrimento de otros. Esto podría generar desigualdades sociales y discriminación hacia aquellos que no fueron seleccionados genéticamente para tener ciertas características deseables. Además, existe la preocupación de que esta selección pueda erosionar la diversidad genética humana, lo que podría tener consecuencias impredecibles para nuestra especie a largo plazo.


Otro desafío ético importante es el concepto de consentimiento informado. ¿Los futuros hijos tienen algún derecho a participar en la toma de decisiones sobre sus características genéticas? ¿Están los padres tomando decisiones basadas en sus propios deseos y expectativas, en lugar de considerar el bienestar y la autonomía de sus hijos? Estas preguntas plantean una serie de dilemas éticos complejos que deben abordarse antes de que la genética preimplantacional se convierta en una práctica generalizada.


Este tipo de selección genética plantea un desafío importante para los sistemas legales y de regulación. Es necesario establecer marcos legales que equilibren los beneficios potenciales de la tecnología con la necesidad de proteger los derechos y la dignidad de los futuros hijos. Se deben establecer regulaciones que aborden cuestiones como la discriminación genética, la privacidad genética y la responsabilidad de los profesionales de la salud que llevan a cabo estos procedimientos.


Ante este panorama, es fundamental establecer un marco ético y legal sólido que guíe el desarrollo y la aplicación de la selección genética preimplantacional. Esto implica considerar los derechos y la autonomía de los futuros hijos, así como abordar las preocupaciones de discriminación y desigualdad. Es necesario un diálogo amplio y participativo que involucre a expertos en ética, legisladores, profesionales de la salud y la sociedad en general para tomar decisiones informadas y equilibradas.


Además, es esencial fomentar la educación y la conciencia pública sobre este tipo de selección genética. Esto permitirá una comprensión más profunda de los beneficios y los dilemas éticos asociados con esta tecnología, y promoverá una toma de decisiones fundamentada y ética por parte de las parejas que consideren utilizarla.


Por cierto, en la clínica de fertilidad del psiquiatra y neurólogo, Jeff Steinberg, ubicada en Los Ángeles, California, por poco más de catorce mil dólares se puede encargar un bebé a la carta: Un niño con el color de piel, de ojos, de pelo, y del sexo que desean los padres. Allí ya se ofreció el nacimiento del primer bebé "a la medida" en el año 2010.


Motivado a todas las circunstancias que rodean el proceso de bebés a la carta, su desarrollo e la implementación deben estar acompañados de una reflexión cuidadosa y una regulación adecuada para asegurar que este mecanismo sea utilizado de manera responsable, respetando los derechos y la dignidad de todas las personas involucradas. Solo a través de un enfoque ético y equitativo se podrán aprovechar los beneficios potenciales de esta tecnología sin comprometer los valores fundamentales de nuestra sociedad.


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