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Caimanera, uno de los pueblos más vigilados de Cuba, se lanzó a las calles


Caimanera pertenece al municipio Guantánamo, el más vigilado de la isla. Eso no evitó los gritos de protesta. Foto: fledoux0, Pixabay

Sin camisa, con el brazo en alto y haciendo con los dedos la señal de victoria, se ve a uno de los manifestantes que el sábado tomaron las calles de Caimanera, en Guantánamo. El hombre, que resalta por su liderazgo, enumera las razones que los han llevado a la protesta y añade: "A partir de este momento, me declaro opositor". Pronunciar esa frase lleva el doble de valentía en uno de los municipios más vigilados de Cuba.


Acostumbrados a vivir permanentemente observados, los residentes de Caimanera llegaron a un grado de indignación que les hizo saltarse el miedo con el que han vivido durante décadas. Municipio colindante con la estadounidense Base Naval de Guantánamo, las cercas electrificadas, los uniformados por todas partes y la amplia zona minada que bordea el emplazamiento militar han pasado a formar parte de la cotidianidad de sus habitantes.


Además de los continuos controles sobre la población local, los interesados en visitar Caimanera deben solicitar con antelación una autorización del Ministerio del Interior. Para obtener el permiso se necesita contar con una razón de peso y solo se permite al forastero estar un tiempo limitado –y supervisado– junto a sus anfitriones. La militarización se extiende a todos los aspectos de la vida, desde las limitaciones para pescar en sus costas hasta la asfixia al mercado informal, imprescindible en la Isla.


Pero ninguna de esas restricciones evitó que el pasado sábado 6 de mayo el malestar llevara a cientos de personas a reunirse frente a la sede del Partido Comunista del municipio y gritar, entre otras tantas consignas, la que resume todas sus exigencias: "¡Libertad!". De nada sirvieron los miedos sembrados en la mente de estos guantanameros desde que eran pequeños, las amenazas constantes ni el ridículo eslogan oficial de que Caimanera es "la primera frontera antiimperialista" de Cuba. En unos pocos minutos todo eso dejó de importar y de paralizar a la gente.


Después de las arengas reclamando un cambio, una mejora en el suministro de alimentos y medicamentos en los hospitales, los manifestantes vieron llegar a los boinas negras y a la lluvia. El que quizás fue el primer aguacero de mayo en Caimanera, esperado por muchos para darse un baño de buena suerte, se transformó este sábado en el escenario de los golpes y los arrestos. Todavía -pasados dos días- se desconoce el paradero de varios de los detenidos y la identidad del valiente descamisado no ha podido precisarse.


El pueblo al que le impusieron comportarse como la punta de lanza contra "el enemigo" se hartó de tantos lemas de cartón. Los platos vacíos pudieron más que las alambradas. Las farmacias desabastecidas convencieron mejor que los perros de la policía. La miseria y la falta de libertades disuadieron más que el temor al golpe y a los barrotes. El pueblo más supervisado de todo el país se sacudió el terror.


Mientras en los cuarteles militares se trazaban planes y estrategias para evitar que los cubanos se fueran en masa hacia la Base Naval estadounidense, en los hogares de Caimanera no se estaba fraguando la escapada sino el plantar cara. No hay cercas, garitas ni explosivos que puedan contener el enojo de la gente.

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