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Una relación tóxica


Foto: Pixabay

Hoy les quiero contar de una relación que comencé en junio de 1986, cuando yo tenía 7 años. Y como todo cuento de hadas comenzó con muchas risas, suspiros y admiración; pero durante estos 36 años no todo ha sido color de rosas. En esta oportunidad les quiero hablar del amor, pero también del sufrimiento que me ha dado la selección argentina.


El primer recuerdo que tengo en mi mente, es la final de México 1986, ese partido lo vimos en familia en la casa de mi abuela Rosa en Los Magallanes de Catia, en el oeste de Caracas, en el lugar donde tuve una infancia muy feliz. Cierro los ojos, me transporto hasta ese momento y veo en la pantalla del televisor NEC de 14 pulgadas color blanco, a Diego Maradona levantando y besando la copa del mundo. Aquella imagen hizo que me enamorara del fútbol.


Obviamente, la previa del Italia 90 la pasé en el patio de la casa de mi abuela jugando con un pequeño balón Tamanaco, que creo era de mi tío Enrique. Uno de los partidos más sufridos de aquel mundial en Italia, fue el de Italia-Argentina donde finalmente los capitaneados por Maradona dejaron en el campo a la Italia de Salvatore “Toto” Schillaci, para luego perder la final ante la Alemania de Franz Beckenbauer en la tanda de penales… esa fue la primera vez que la selección me rompió el corazón.


Por fortuna llegaron algunas alegrías con La Copa América de 1991, cuando los comandados por Coco Basile se alzaron con el trofeo, tras estar 32 años sin ganarla. Las figuras del momento fueron El Cholo Simeone y Gabriel Omar Batistuta. Y qué decir de la que se ganó en el 1993, cuando aquella selección nos dio la alegría de obtener la insignia de Campeones de América de forma consecutiva. Con ese panorama todo estaba dicho: USA 94 sería el mundial de Argentina ¿Qué podría salir mal?


Los once del Coco Basile llegaron a Estados Unidos y golearon 4 a 0 a Grecia, en un partido donde los asistentes al Foxboro Stadium de Boston fueron testigo de un Diego Maradona en su mejor momento. En el segundo partido ante Nigeria, Caniggia marcó los dos goles que dieron la victoria a la albiceleste.


Al terminar ese partido, la enfermera Sue Ellen Carpenter entró al campo y busco a Diego Armando Maradona para llevarlo a un control antidoping, días después la alegría se convertiría en lágrimas, pues tras dar positivo por Efedrina, “El Pelusa” dejaba el mundial y la selección. Aquel golpe anímico dejaba a la Argentina fuera de la carrera mundialista aquel año.


Luego vinieron los mundiales de 1998 donde se llegó a cuartos y se perdió con Holanda, Corea y Japón 2002 donde se perdió ante Inglaterra, se empató con Suecia y se tuvo que volver en la fase de grupos. Y qué decir de Alemania 2006, donde Argentina fue eliminada una vez más por la selección anfitriona.


Hasta aquí todo era sufrimiento, pero por alguna razón inexplicable, yo seguía apoyando a la selección argentina, en una Venezuela previnotinto, donde la mayoría alentaba a Brasil. Pero todo sacrificio tiene su recompensa, aunque a veces no.


En Sudáfrica 2010 Argentina llegaba con mucho ímpetu y con dos figuras claves: Diego Maradona como Director Técnico y Lionel Messi como el mejor jugador del mundo. Antes este panorama ningún equipo nos podía vencer, al menos eso creíamos; pero una vez más Alemania nos dejaba en el camino.


A los cuatro años eliminamos a Brasil en su casa, y hasta se llegó a la final, pero nuevamente un Alemania, específicamente un gol de Mario Götze en la prórroga, acabaría con la ilusión de los hinchas argentinos en todo el mundo. Otra vez nos quedamos sin la Copa Mundial.


Y se vino Rusia 2018


El Mundial de Rusia tiene para mí un recuerdo especial. Sí, ya sé que Argentina fue eliminada en octavos de final por Francia. Sin embargo, fue mi primer Mundial en suelo argentino, y fue justamente en ese Mundial que entendí por qué amo (sí, dije amo) a esta selección, y es porque en Argentina el fútbol es una pasión que traspasa fronteras.


Para que entiendan bien: cuando juega la selección no funcionan ni los bancos, ni los entes privados o públicos (bueno, éstos no funcionan en casi ninguna parte del mundo, pero eso es otra historia). De hecho, trata de que no te pase nada durante un partido de la selección, porque el médico puede tardar más de lo previsto.


Las calles quedan desiertas y el silencio se hace presente y solo aparece el ruido transformado en un grito de ¡Gol! Puedo tratar de describirlo todo lo que quieran, pero mi recomendación es que traten de vivir un Mundial en suelo argentino, al menos una vez en la vida.


La Copa América y Qatar 2022


Ya a estas alturas de mi vida, y no esperando nada, la selección de Lionel Scaloni revivió en mí la fe cuando ganó la Copa América 2021. Fue una experiencia maravillosa ver a todo un país festejando en las calles, vestidos con la camiseta de la selección, llenando de papelitos blanco y celeste el cielo de Buenos Aires. Nuevamente los fanáticos de la selección volvimos a creer que es posible… Y así llegamos a Qatar.


En Qatar 2022, la selección argentina llegó como favorita, pero tras el primer partido ante Arabia Saudita, La Scaloneta (así llaman a la selección), perdió el invicto 2 goles por 1. Esto puso sobre todos, la espada de Damocles… por primera vez en mucho tiempo, la posibilidad de estar fuera en la primera fase se hizo presente.


Luego se vino el partido contra México, donde me atrevería a decir, que los fanáticos de Argentina sufrimos terriblemente, pero bueno, el amor es así, unas son de cal y otras son de arena.


Para el momento en que escribo este artículo -sábado 26 de noviembre a las 19 horas- Argentina acaba de ganarle a México 2 goles a 0, después de un partido súper difícil, donde el primer gol llegó al minuto 64, y el segundo en el 86.


Ahora se viene Polonia, nuevamente toca sufrir. Pero cada partido de Argentina, es como un rito religioso, de hecho, hay fanáticos que prometen cosas, si la selección llega a ganar. Y ustedes se preguntarán ¿Por qué apoyas a un equipo que te ha hecho sufrir desde tu infancia? Bueno, porque así es el amor por la selección, te da sufrimiento, pero también alegrías.


Probablemente nos toque sufrir, esperemos que no sea tan pronto. Pero si llega a pasar lo que no queremos que pase, igualmente siempre tendremos la alegría de tener otro Mundial dentro de cuatro años.



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