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Un huracán llamado Tina Turner cautivó a Caracas en 1979


Tina Turner lograba cautivar al más indiferente de los espectadores. Foto: Youtube

El sábado 1 de septiembre de 1979 Tina Turner se presentó en el Poliedro de Caracas. Hacía poco tiempo se había separado de Ike Turner, con el cual formó un emblemático dueto que durante la década de los 60 y principios de los 70 se erigió entre lo más popular del pop-rock en los Estados Unidos. Denuncia de acoso y maltrato de por medio por parte de Ike, luego de una golpiza que él le propinara en un hotel durante una gira, decidió escaparse para no volverlo a ver ni sufrir más.


Tina entonces decide dedicarse a la música en solitario. Cuando vino a Caracas ya era una artista excepcional, consagrada y reconocida, aunque aún no le había llegado el detonante de su estelaridad mundial, que fue el álbum “Private Dancer”, editado en mayo de 1984 por Capitol Records.


Este lanzamiento implicó también un cambio de imagen, tanto en su aleonado corte de pelo, como en sus muy sugerentes, diminutos y sexys atuendos, que le permitían ostentar a la sensual artista, dejando muy poco a la imaginación, otro de sus atributos por excelencia: las piernas, tan espectaculares que desde entonces sus conciertos y giras tuvieron entre sus principales patrocinantes a Hane, la conocida marca estadounidense de medias de nylon.

La artista llegó a Venezuela contratada por el legendario empresario Enzo Morera, en sociedad con la Organización Parade, empresa promotora de shows musicales, propiedad del fallecido empresario radial Oswaldo Yepes. En Caracas, la intérprete de “Proud Mary”, “River Deep, Montain High” y “The Besthizo dos conciertos: en el Poliedro y en el Gran Salón del Hotel Caracas Hilton. Ambos se celebraron con las entradas agotadas.


Como reportero de la sección de farándula que en aquella época de mis inicios en el periodismo trabajaba para el diario El Nacional, asistí a ambas presentaciones y reseñé la del Poliedro para el diario donde desempeñaba mi labor. Demás está decir que a partir de aquellas dos primeras veces que la vi cantando, su magnetismo, fuerza de vida y, sobre todo, su poderosa y avasallante calidad artística, me cautivó. Así me convertí en un devoto seguidor suyo.


En los años que viví en Nueva York pude ver a Tina Turner otras dos veces, esta vez en el Radio City Music Hall. En una de ellas la telonera fue nada menos que Cindy Lauper, cuyo avanzado embarazo, muy notorio por las dimensiones de su barriga, no fue ningún impedimento para que cantara, danzara y se moviera con tanta euforia que un crítico del New York Post, en su reseña del show, llegaría a decir que temía que de un momento a otro diera a luz en el escenario, robándole así el show a Tina.


Volviendo a lo que fue el debut de Tina Turner en Caracas, reproducimos nuestro artículo de El Nacional, publicado el 9 de setiembre de 1979, que también resulta útil para conocer sobre la música en boga entonces y sus distintas expresiones.


Tina Turner y la música de los 70'


Una de las características de la música pop, y más concretamente del rock, es que no selecciona una manera particular de cantar. En su interpretación entran en juego todas las variaciones posibles de la voz humana. El canto no se consagra a una estética de la pureza, sino a la potencia de la expresión. Es aquí en donde se destaca la calidad de los buenos exponentes del género.

Y entre las estrellas de la canción pop, Tina Turner continúa vigente y en primer plano, precisamente por constituirse en una de las que más efectivamente ha desarrollado como intérprete las características arriba señaladas. De allí su permanencia. Durante el espectáculo que tuvo lugar la semana pasada en el Poliedro, en el cual alternó con el grupo norteamericano “Love and Kissesy el guitarrista venezolano Pablo Manavello y su conjunto, fue la gran estrella.

Su arte arropó a todos. No hubo para nadie.


En este denominado espectáculo de “Disco Rock” se pudo apreciar el contraste entre un rock puro, casi tradicional, base de la prefabricada “Disco-Music”, monótona y plana en grado sumo, que interpretó el “Love and Kisses”, un grupo que en escena ni siquiera logra acercarse, tanto desde el punto de vista vocal como del acompañamiento musical, a lo que se escucha en sus grabaciones. Debe ser por eso que sus integrantes no tuvieron reparo en reconocer que son prácticamente un “producto de laboratorio” creado por su productor, Alec Costandinos, tal y como lo expresaron en una entrevista en este mismo diario.


Pablo Manavello, con el acompañamiento de Frank Quintero y varios músicos norteamericanos, se conformaron con interpretar varias piezas de un rock jazzeado casi de salón que, aunque bien ejecutado no ofrecía nada nuevo.


De allí también que surgiera otro contraste. El de los aplausos dados con desgano y casi por cortesía al “Love and Kisses” y Manavello, con las ovaciones cada vez más sonoras brindadas a Tina Turner, la inolvidable Reina Ácida de “Tommy”, el filme de Ken Russell basado en la Ópera Rock del mismo nombre.


Tina Turner no solo posee calidad vocal e interpretativa, sino que va más allá. Ha sabido diseñar y construir un show sumamente atractivo, que va desde la utilización de cuatro bailarines y coristas que aseguran el lado espectacular de su sesión de canto y que en momentos establecen una suerte de diálogo musical con ella, hasta la incorporación a su grupo de un pianista que canta como el mejor, pasando por varios impactantes cambios de vestuario. En síntesis, un espectáculo redondo que logra cautivar al más indiferente de los espectadores.


Así como en la “folk music” el estadio más elevado de pureza vocal es alcanzado, sin lugar a dudas, por Joan Baez, en la canción pop y en dos de sus expresiones más acabadas: el rock y el blues, Tina Turner continúa siendo la reina. Después de la muerte de la inolvidable Janis Joplin no tiene competencia. Es única.


Tina Turner canta remarcando las palabras casi con mordacidad. En ocasiones da la impresión de que las arrastra, un recurso que utiliza para darles el sentido que desea. Se apoya permanentemente en los gestos faciales y en los movimientos corporales, fogosos y eróticos, como para hacer más expresivo el mensaje de sus canciones. Es un verdadero terremoto en la escena.


La voz y el cuerpo de Tina Turner bastaron para destruir la pacotilla en que se convierte cada día la industria del “Disco-Pop” por culpa de algunas agrupaciones inventadas como productos en serie del consumo disquero internacional.

Lujuriosa y vibrando en su propio calor -el del cuerpo y el de su voz- Tina Turner convirtió hace unos días al Poliedro en el centro de un frenesí.

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