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Trump, Chávez, Bukele, Milei y María Corina


La política ya no es la política. Todo es un verdadero desorden y caos ante la resistencia a los cambios. Foto: Majonews1, Pixabay

1. El viejo orden político mundial está desapareciendo aceleradamente. Aún no ha surgido el nuevo orden político. Por tanto estamos ante un verdadero desorden político mundial que tiene a las naciones al vaivén de un columpio a veces mortal y no sabemos por cuánto tiempo Es inevitable recordar hoy al visionario Peter Drucker cuando escribió La Sociedad Post Capitalista.


2. Todos los partidos políticos están en caos, y algunos (otrora poderosos) ya están desapareciendo. Los políticos en vez de ser líderes de los cambios, son reacios al cambio. ¿Qué necesidad tienen los ciudadanos de hoy pertenecer a algún partido político? Ninguna. Nadie hace nada si no recibe algún beneficio a cambio, aunque sea holístico, o existencial. Y los partidos no están respondiendo a las necesidades de la sociedad. El divorcio es descomunal.


3. Los partidos de hoy jamás lograrán consolidarse si no terminan de entender que están frente a un nuevo ciudadano, un nuevo elector, una nueva sociedad: la sociedad red conformada por personas más educadas y empoderadas.


4. La vieja relación utilitaria, donde los dirigentes utilizaban a los electores y luego se burlaban de ellos, ya dejó de funcionar. Ahora todos, electores y dirigentes, se utilizan mutuamente de manera cínica en una danza de reparto de recursos materiales y mentiras autocomplacientes que no conduce a ninguna parte. La política ya no es la política.


5. Los caudillos (o los aspirantes a serlo) son objeto de burlas por parte de los ciudadanos, quienes les profesan una “lealtad” que dura mientras los electores reciban algún beneficio. Cuando la vanidad es el motor que impulsa a algunos actores políticos en la búsqueda del poder, el liderazgo colectivo se viene abajo, y esa es la razón del caos.


6. En el presente siglo, el único liderazgo competente y perdurable es el liderazgo colectivo, estructurado por una relación absolutamente equitativa, respetuosa y democrática entre los militantes, donde todos tengan propósitos políticos comunes, y donde existan transparencia en la elección de sus dirigentes. Hoy tenemos parodias de partidos políticos democráticos.


7. Los electores y ciudadanos de hoy exigen resultados tangibles, exigen participación en la toma de decisiones que los implica o afectan, necesitan sentirse involucrados de alguna manera, pues mientras no haya involucramiento de los electores en la toma de decisiones nunca habrá compromisos sólidos ni interés en la política. Hay que escuchar a los militantes, a los activistas y a los ciudadanos en general.


8. Mientras los políticos siguen posponiendo los cambios, las redes sociales se convierten en un poderoso canal comunicacional horizontal para que la gente se desahogue y exprese su manera de pensar. Las asambleas partidistas donde se asiste para escuchar a unos líderes pero sin la posibilidad que los asistentes pudieran expresar críticas o sugerencias (porque hasta los podrían echar a la calle por ser “aliados del enemigo”) no tienen ninguna utilidad en este momento.


9. Casi todos los partidos quedaron reducidos a simples plataformas electorales con el poder de postular candidatos en las elecciones. Y cuando algún aspirante no logra que lo postulen, entonces algunos brincan a otro partido, pues el motor no es la política sino la simple vanidad por el poder, o por alcanzar un simple puesto público que les permita “figurar”, y hasta robar.


10. En fin. El partido ya no es el partido. Y la política ya no es la política. Todo es un verdadero desorden y caos ante la resistencia a los cambios. Trump, Chávez, Bukele, Milei y María Corina están unidos por un mismo origen: todos son el resultado del hastío de los ciudadanos con los políticos, confirmando además que hoy la política es tierra de nadie. Y pensar que el cambio es gratis.


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