El petróleo y la negociación entre Biden y Maduro

Actualizado: 9 ago


8 August 2022

El petróleo es la sangre que mueve los sofisticados aparatajes tecnológicos de los países desarrollados. Dos guerras mundiales, infinidad de golpes de estado y de gobiernos títeres, corroboran que las grandes potencias están dispuestas a lo que sea - lo que sea - para garantizar la energía que dé continuidad de su bienestar.


Siempre fue así. El 14 de febrero de 1945, el presidente norteamericano Franklin Roosevelt, al finalizar la reunión de Yalta con Stalin y Churchill, donde se delineó el mundo de postguerra, abordó el crucero Quincy y fue al encuentro del rey árabe saudita Ibn Saud. En la reunión negociaron seguridad de suministro petrolero árabe por protección norteamericana. Estados Unidos ya había ganado la guerra, y requería imperiosamente del petróleo árabe para triunfar en la postguerra. Hubo química entre los mandatarios. Tanto que Roosevelt, que era paralítico, le regaló al rey- con problemas para caminar por lesiones de guerra- una de sus dos sillas de ruedas. Toda una simbología que podría significar el apoyo mutuo de los dos países para continuar sus caminos a lo largo de 80 años… y los que faltan.


En Venezuela, Juan Vicente Gómez, ante la Ley de Hidrocarburos de 1920, que dejó inconformes a las transnacionales, les pronunció la vergonzosa frase “hagan ustedes las leyes, que son los que saben de petróleo”, y se mantuvo en el poder hasta su muerte. La Ley de Hidrocarburos de 1943, con condiciones de las más avanzadas del mundo, fue aceptada por Roosevelt, un gran demócrata. El Fifty- Fifty de Rómulo Gallegos y Pérez Alfonzo fue aprobado por el Congreso el 13 de noviembre de 1948, y once días después… derrocaron al gran novelista. Cuando Don Rómulo llegó a La Habana, dijo que tras el golpe estaba la embajada norteamericana. En ese momento, no funcionó la negociación.


Carlos Andrés Pérez se cuidó mucho durante el proceso de nacionalización. Indemnizó a las empresas y elaboró atractivos contratos de tecnología. Chávez vivió una época de oro del negocio de los hidrocarburos. Y a fuego lento, en medio de un gran derroche, fue sancochando la gallina de los huevos de oro.


A Maduro le ha tocado recoger los escombros de la juerga. Está obligado a negociar.


SANCIONES POR DEMOCRACIA…


… Frase que sintetiza las negociaciones, que seguramente las hay, entre los gobiernos de Estados Unidos y Venezuela. El gobierno venezolano necesita divisas para sostener su brinco de talanquera hacia el capitalismo autocrático, y el mundo occidental - liderado por USA - requiere a mediano plazo que Venezuela recupere su posición como surtidor confiable de hidrocarburos.


Maduro lleva a la negociación varias fortalezas:


- La necesidad de hidrocarburos del mundo occidental luego de la invasión a Ucrania. Europa no puede seguir dependiendo en tan alto grado de los rusos para su energía.


- El triunfo de Petro y el casi cierto de Lula, aunque ya Venezuela dejó de ser aquel país ricachón y dilapidador que hay que apoyar porque ofrece magníficos negocios. Tal vez esta fortaleza se revierta, convirtiendo en una “raya” al gobierno.


- El creciente apoyo de Irán, que se ha convertido en el “sponsor” petrolero del gobierno. Le entrega condensado a Venezuela para los crudos de la faja, petróleos livianos para las refinerías, tal vez se encargue de reparar El Palito y Dios nos ampare, le serán otorgadas, por ahora, 10.000 kms cuadrados de tierras.


- El apoyo político de los “panas” rusos, chinos, iraníes y de algunas ilegalidades.


- La oposición venezolana, que parece un archipiélago que se ocupa más de pelear entre ellos que de restablecer la democracia.


Por otro lado, Maduro muestra debilidades que pueden ser decisorias en la negociación:


- Necesita urgentemente divisas que sólo las puede satisfacer el arranque de la industria petrolera. De lo contrario, ese brinquito que llaman “Venezuela arreglada” que se mantiene con inyecciones de ingentes cantidades de dólares a la economía, no podrá sostenerse y regresará la hiperinflación con consecuencias impredecibles.


- El país está destruido, los hospitales, los centros educativos, la pobreza y el hambre, el pírrico poder adquisitivo, los seis millones de venezolanos con el cuerpo afuera y el alma pendiente de su patria. Es difícil gobernar un país quebrado que de paso, no los soporta.


- Juan Guaidó está reconocido por más de 50 países, que impiden muchas acciones al gobierno, entre ellas disfrutar del oro guardado en Inglaterra, operar en Citgo (aunque si a ver vemos, si no es por la nueva administración, ya la hubieran perdido), las relaciones internacionales, el prestigio


Por su parte, Biden tiene como fortaleza la administración de las sanciones y, como debilidades, la creciente necesidad occidental de hidrocarburos venezolanos y, sobre todo, su pérdida de influencia en Venezuela y el Caribe, que corre el riesgo de imponerle a Estados Unidos un aislamiento peligroso en este mundo globalizado.


¿ENTONCES?


En las negociaciones cada quien cede unas cosas y conserva otras.


Si Maduro quiere divisas, debe activar Pdvsa y para ello, necesita inversiones. Una primera etapa para atraer pequeñas inversiones petroleras, requiere negociar el levantamiento de sanciones. Para ello, los términos de la negociación exigen democratizar al país en medidas como liberación de presos políticos, elecciones transparentes, habilitación de políticos fuera de juego, levantamiento de la hegemonía comunicacional… la alternabilidad…


Pero el levantamiento de sanciones no garantiza, ni de lejos, las cuantiosas inversiones que requiere un verdadero arranque de la industria petrolera venezolana. Es decir, las inversiones de la Shell, Exxon, BP y todos los gigantes capacitados para proveer decenas de miles de millones de dólares al año durante unos ocho o diez años. Estas inversiones requieren confianza, seguridad jurídica-separación de poderes, una nueva Ley de Hidrocarburos. Y eso no se negocia… se demuestra. El gobierno para generar esa confianza, deberá actuar en la dirección contraria de estos 23 años. Negar lo que ha sido.


De no ceder en las negociaciones y no transformar su actuación, simplemente no vendrán capitales, ni se levantará la industria petrolera, ni habrá divisas. La “revolución” se aislará más y el gobierno tendría que arreciar la autocracia con la intención de permanecer por siempre en el poder. Calcar al cada vez más aterrador Daniel Ortega.

Y en este escenario, sería impredecible la acción-reacción.


EPÍLOGO

Venezuela requiere urgentemente de negociación para una transición… hacia la prosperidad y hacia la democracia. De lo contrario seguiremos siendo, para asombro del mundo, un limosnero sentado en un barril de petróleo. ¡Hasta cuando! Foto









Rafael Gallegos


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