Por amor a Céline Dion

Actualizado: 11 ago



Cuando la actriz francesa Valérie Lemercier, conocida por sus comedias disparatadas, dijo que se lanzaba a dirigir un biopic sobre la estrella mundial de la canción Céline Dion y que ella misma interpretaría el papel principal, dejó a todos perplejos. Pero no había de qué preocuparse, pues el filme, de título “Aline” y presentado en la pasada edición del Festival de Cannes, resultó ser una grata sorpresa. Tuvo la habilidad de adaptar libremente la vida de la cantante canadiense, nativa de Quebec, como motivo de inspiración para reconstruir la trayectoria de Aline Dieu (así se llama el supuesto personaje de ficción) para reinventar a la mujer detrás del icono Céline Dion.


Todo empieza en el seno de una familia poco común, compuesta por 14 hermanos, donde Aline (nacida en 1968) es la menor y cuyos miembros conforman la orquesta Dieu, que se presenta en los más variados escenarios y de la que la más pequeña se convierte rápidamente en una mascota muy demandada, gracias a su espléndida voz. A los 12 años (después de un envío de demos por correo), es seleccionada por el productor Guy-Claude (encarnación de René Angélil, manager y esposo de Céline Dion), quien moldeará el “diamante en bruto”, con la supervisión de su madre.


Primera grabación en un estudio, primera aparición en la televisión (“no debes parecer pretenciosa”), doble disco de oro y concierto en París (“las canciones son el 45% del show, hay que hacerlos soñar”). Después se pasa a una nueva etapa: una larga pausa repleta de clases de inglés y de baile disco, de dentista y del objetivo de “dejar de cantar canciones de niña pequeña”.


A los 17 años, la joven anuncia su objetivo (“me gustaría ser una estrella internacional”) y cambia de look, pero también se enamora. El afortunado no es otro que Guy-Claude (Angélil), quien se gana una bronca de la madre de Aline (“tú has traicionado mi confianza; los fans, la prensa, el público no quieren al viejo y a la niña pequeña”). Pero los sentimientos de Aline terminan en matrimonio. Sin embargo, la fama no borra todos los problemas y durante años, mientras su carrera despega hasta llegar al Óscar con “Titanic”, Aline intenta desesperadamente tener un hijo. Se produce el milagro: primero llega un bebé y, más tarde, gemelos. La cantante se organiza una vida profesional agotadora en Las Vegas para poder conciliarla con una presencia reducida pero cotidiana en la familia. Pero el drama sobreviene con el fallecimiento del marido.


“Aline”, ya exhibiéndose en cines de Venezuela, reconstruye esta trayectoria digna de un cuento de hadas, inyecta una buena dosis de humor y expone los sacrificios que una artista debe hacer para concretar su ambición, como pasar tres meses sin hablar para cuidar la voz, seriamente amenazada. La interpretación de la directora en el papel principal es digna de elogios, tanto que le valió el César (el Oscar francés) como mejor actriz. La película, al final, es lo que quería ser: una historia romántica sobre una mujer que se sobrepone a las dificultades universales de la vida y sale adelante.




Aquilino José Mata

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