Pedro Elías Hernández:El bolívar hace tiempo que dejó de ser dinero
- Enrique Rondón Nieto

- hace 5 días
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Pedro Elías Hernández es periodista dedicado al análisis petrolero y monetario. En la actualidad es diputado a la Asamblea Nacional y forma parte junto con otros consultores del foro económico para la dolarización constituido por el diputado Antonio Ecarri y el especialista internacional en asuntos monetarios Steve Hanke. Con él conversamos sobre el tema de la dolarización y la crisis inflacionaria que vive Venezuela desde hace décadas.
-¿Qué pasa en nuestro país en materia monetaria. Por qué es tan persistente la inflación?
– Yo creo que es bueno preguntarnos, ¿qué es el dinero? El dinero es un medio de intercambio indirecto, una institución civilizatoria originada desde la era del neolítico de forma espontánea luego de siglos de evolución en las relaciones mercantiles entre las personas, pero sobre todo constituye el bien que recibimos a cambio de nuestro tiempo, trabajo y esfuerzo.
Si ese bien lo recibimos en una moneda que no vale nada, entonces nuestro tiempo, trabajo y esfuerzo tampoco valen nada.
El bolívar hace tiempo que dejó de ser dinero. El dinero tiene básicamente tres atributos. Ser una unidad cuenta, ser un eficiente medio de pago y ser una reserva de valor. El bolívar carece hoy de todo eso.
La historia relativamente reciente del dinero en Venezuela nos relata que en el año 1939 con la creación del Banco Central de Venezuela, el país vivió una sensible reforma monetaria. Anteriormente regía, desde 1918, una Ley de moneda que había creado el bolívar- oro como divisa oficial de la república. La legislación establecía que un bolívar era el equivalente a 0,29 gramos de oro fino, por lo tanto, los bolívares en circulación tenían obligatorio respaldo y libre convertibilidad en oro amonedado o en lingotes. Es decir, se estableció en nuestra nación un patrón oro clásico.
Como consecuencia de la referida reforma monetaria se expropio el oro perteneciente a los bancos comerciales radicados en la nación, se emitió moneda de curso legal y se obligó a los venezolanos a canjear los bolívares en su poder- emitidos hasta entonces por diversas entidades bancarias privadas- por el bolívar del BCV. De esta forma se creó un único ente emisor de dinero primario, pero con unas reglas de emisión muy rígidas y precisas, donde los nuevos bolívares tenían que ser respaldados por oro o divisas en base a un tipo de cambio
fijo. Esta rigidez en el proceso de emisión de moneda fue lo que permitió la existencia de inflaciones anuales inferiores a 2% en promedio desde 1918 hasta 1974.
Tal sistema constituía de hecho lo que se conoce como “una caja de conversión perfecta” y se aplicó en nuestro país mucho antes que el prominente economista Steve Hanke formulara una idea semejante en los años 80 del siglo pasado y antes de que Hong Kong asumiera tal
modelo monetario con mucho éxito. La idea consiste en emitir moneda de curso legal sólo si hay divisas extranjeras u oro suficiente para respaldarlo. Este modelo hace que la oferta de dinero se ajuste a la demanda del mismo. Realmente funciona muy bien.
-¿Entonces qué paso en Venezuela?
-Con el paso de los años, las reglas de emisión monetaria se fueron relajando, otorgándole al BCV mayor discrecionalidad. Tal circunstancia quedó consumada en el primer gobierno de Carlos Andrés Pérez (1974-1979) con la estatización del ente emisor venezolano, que había sido desde su fundación una institución semi privada, con millares de accionistas particulares.
Hasta allí llegó la estabilidad y fortaleza del bolívar como moneda. La trágica historia de lo que pasó en adelante con nuestra divisa nacional es conocida. El llamado "viernes de
negro" de 1983, no es más que un episodio en esta prolongada trama de destrucción de la riqueza dineraria de los ciudadanos. El problema en Venezuela no es que la gente no tenga suficiente dinero, sino que el dinero no tiene suficiente valor.
El drama venezolano es la interrupción de un proceso sostenido de estabilidad monetaria y crecimiento económico que data desde 1922 hasta 1977. Durante ese período se multiplicó en 1.000% el Producto Interno Bruto por Habitante, según datos cifras que aporta el profesor
Asdrúbal Baptista en su Bases Cuantitativas de la Economía Venezolana 1830-1989.
¿Qué tuvimos en Venezuela desde 1922 hasta mediados de los 70 del siglo pasado, lapso en el cual crecimos a las tasas que crecen hoy las economías asiáticas? Pues bien, durante ese tiempo hubo dos cosas fundamentales: una industria petrolera de gestión privada vigorosa y una moneda sólida y estable.
Ciertamente, el cambio crítico se produce a partir de la estatización petrolera de 1975. Por un lado, se flexibilizaron las reglas de emisión de dinero primario por parte del BCV y por otro se estatizó el sector externo de nuestra economía.
Antes los dólares de las exportaciones venezolanas estaban en manos del sector productivo privado, petrolero y no petrolero, los cuales eran vendidos al BCV y éste para poder emitir y poner a circular bolívares tenía que garantizar previamente su respaldo en oro o en divisas a un tipo de cambio fijo. Es decir, una caja de conversión.
A partir de ese momento los gobiernos venezolanos empezaron a tener sus ingresos más líquidos en dólares petroleros, pero la mayoría de sus gastos los mantenían en bolívares. Un verdadero privilegio. Tal cosa creaba ciertamente un poderoso incentivo para devaluar la
moneda a fin de cuadrar las cuentas fiscales. Para el ciudadano común era todo lo contrario, tenía ingresos en bolívares devaluados y gastos dolarizados.
Luego, durante el siglo XXI, se produjeron las reconversiones monetarias chavistas, la famosa
confiscación del “millardito” de las reservas internacionales, la figura insólita de "las reservas internacionales excedentarias" y las modificaciones a la Ley del BCV de los años 2005, 2009 y 2010, que terminaron de sepultar el sistema monetario nacional.
Otro dato interesante es recordar que un bolívar, ese que era citado como un dinero sano y sólido en las novelas del agente 007 escritas por Ian Fleming, equivalía a 0,29 gramos de oro fino. Eso quiere decir que, de haberse conservado el valor de nuestra moneda anclado a ese metal precioso, en vez de pagar hoy cerca de 800 bolívares con 14 ceros a la derecha por un dólar (al colocar a la moneda nacional los ceros que se le restaron por las
distintas reconversiones monetarias), serían más bien aproximadamente 49 dólares los que habría que pagar para obtener un bolívar, calculando al precio internacional que hoy en día tiene el oro.
-¿Qué hay que hacer en su opinión en Venezuela?

- Cada ciudadano debería decidir libremente en qué moneda quiere tener su riqueza o qué moneda o activo físico de valor quiere utilizar como dinero. Esto nos llevará a un sistema de competencia entre monedas de manera libre, o un régimen multimoneda. De esta forma iríamos a una dolarización formal y financiera total o casi total de nuestra economía en donde la inmensa mayoría de los ciudadanos escogerán el dólar. Venezuela está ubicada en lo podríamos llamar una zona dólar comercial y geopolíticamente hablando. También podemos
simultáneamente retomar un esquema como el que tuvimos desde 1918 hasta 1975 de caja de conversión perfecta preservando una moneda nacional emitida por nuestro Banco Central, pero con anclaje y respaldo en divisa extranjera o en un activo material, que podría ser el oro monetario. Es decir, atarle los pies y las manos al BCV para que no cometa los desmanes que cometió y sigue cometiendo y que haga política monetaria lo menos posible. Yo era, como el profesor Steve Hanke amigo de la idea de la caja de conversión perfecta, pero conociendo a los políticos venezolanos me voy por la dolarización plena. El daño reputacional que ha experimentado nuestro bolívar es inmenso e irreparable.
-Entonces hay que cambiar totalmente nuestro sistema monetario?
- Hay que cambiar el actual esquema. El gobierno recibe una parte sustancial de sus ingresos en dólares vía PDVSA y renta petrolera, pero paga su nómina de funcionamiento en bolívares devaluados. Se queda con el poco dinero bueno que todavía da el petróleo y obliga a la gente, bajo el principio del curso legal de la moneda nacional, a aceptar el dinero malo que emite. Impone una suerte de Ley de Gresham, “el dinero malo expulsa al dinero bueno”.
La libertad monetaria o el régimen multimoneda, hará que se establezca plenamente, no sólo de hecho sino de derecho, una dolarización formal y financiera en el país, lo que permitirá que la Ley de Gresham opere a la inversa, es decir, el dinero bueno expulsará al dinero malo. De esta manera se monetizará la economía y circulará mejor la riqueza.
En el presente, el dinero en bolívares que está en el sistema financiero venezolano es simplemente transaccional, no supone ahorro alguno. ¿Quién va ahorrar en una moneda que se deprecia? El ahorro nacional se marcha a otros países. Por eso nuestro PIB está muy poco
monetizado, apenas en 4 o 5% respecto a la cantidad total del producto. Las naciones con alta inflación suelen desmonetizar su riqueza en moneda local. Cae la demanda de ese dinero y por ende su valor. De allí que haya muy limitados fondos financieros para el crédito.
Agregue a esto el elevado encaje bancario que existe.
- Cómo definiría usted la inflación
- Hay una anécdota que cuenta las enseñanzas de un maestro de economía a sus alumnos. Le gustaba el método peripatético y salía a pasear con sus discípulos. Una vez los llevó a la casa de la moneda, lugar en donde se imprimía y acuñaba el dinero de circulación legal. Al llegar al sitio se oyó el ruido de las prensas en plena producción. El maestro les decía; "oigan bien, ese es el sonido de la inflación”.
Yo vivo en la ciudad de Maracay, Venezuela, y con frecuencia transitaba por la avenida Casanova Godoy a la altura de la llamada Hacienda La Placera, paraje que le da sede a la Casa de la Moneda de mi país. A veces me detenía en las proximidades de ese lugar, de acceso difícil y distante para los citadinos. Me imaginaba el sonido de las máquinas trabajando y de la inflación venezolana que allí se generaba. Las actividades de esa dependencia del BCV entiendo que están paralizadas o semiparalizadas. Los bolívares ya
no se producen físicamente allí, pero desde luego la inflación continúa campante.
En materia monetaria Venezuela sufre una crisis inflacionaria. Los precios de los bienes y servicios suben incesantemente. La moneda pierde valor, capacidad de compra. La inflación tiene como consecuencia el incremento de precios, pero los precios no suben todos al mismo tiempo ni es un fenómeno neutral. Es un proceso desigual. La inflación es un fenómeno donde hay ganadores y perdedores. Es lo que en teoría económica se llama “el efecto Cantillon”.
Muchos precios suben, pero el último que sube es el precio de la fuerza de trabajo, es decir, el salario. Al subir la mayoría de los precios y no el salario, entonces baja el precio relativo del salario, es decir, baja el salario real, ya que éste se hace más barato en comparación a los otros precios y pierde por consiguiente capacidad de compra. Y el salario real forma parte de los costos del Estado, por lo que la inflación hace que los costos salariales reales
del gobierno disminuyan al compararlos con otros costos y así pueda ayudarse para cuadrar sus cuentas fiscales.
La inflación es una trasferencia de riqueza desde los que menos tienen a los que más tienen, desde los asalariados a los empleadores. En Venezuela y en muchas partes es un programa de gobierno mediante el cual el sector público se financia.
Realizando un Trabajo periodístico para la Revista “Criterios”, especializada en materia económica, entrevisté en 1991 al economista Armando León, quien para el momento se había
desempeñado como Director de Cordiplan (Oficina Central de Coordinación y Planificación de la Presidencia de la República). El alto funcionario de manera muy resumida y pedagógica me explicó algo que yo pensé que era muy complejo. Me expuso cómo se diseñaba el presupuesto de la república y su estructura de ingresos y gastos. Textualmente me dijo lo siguiente: “Como el ingreso del gobierno no está relacionado con la actividad económica
interna, especialmente la privada, el Estado se plantea su estrategia de gasto sin considerar el aparato productivo, más que como un eventual beneficiario de ese gasto. Lo que realmente importa para determinar los ingresos es el precio del petróleo y el Estado venezolano no puede hacer mucho para afectarlo. Se trata de determinar el ingreso en dólares que se producirá por las exportaciones de petróleo y la cantidad de bolívares que se requieren para cubrir el presupuesto, el resto es dividir”.
A partir de ese momento entendí cómo funciona monetaria y cambiariamente Venezuela. Los gobiernos tienen ingresos en dólares, gastos en bolívares y el control sobre el precio del tipo
de cambio. Esta formulita contable nos ha arruinado a los venezolanos y ha hecho que el bolívar sea una moneda extinta y haya perdido sus atributos como dinero.
La inflación y la devaluación son dos fenómenos que destruyen nuestro dinero, nuestra capacidad adquisitiva. El dinero es la propiedad privada más democrática, la propiedad privada de los pobres, ya que los sectores más desposeídos casi que solamente tienen como activo económico sus ingresos.
La inflación, específicamente, es un fenómeno netamente monetario. Pero no es propiamente que haya mucho dinero persiguiendo pocos bienes y servicios. A veces se explica mal la cosa. No siempre es la consecuencia de la expansión indiscriminada de la oferta monetaria por parte de los gobiernos para financiar su déficit fiscal. Puede haber inflación incluso sin emitir moneda. Son los llamados efectos diferidos de la inflación.
El periodista y analista Pedro Elías Hernández finalizó la entrevista con el siguiente diagnóstico: "El asunto grave en el caso de la inflación venezolana presente es la terrible caída de la demanda de dinero por parte del público. Nadie quiere bolívares, los que llegan a
nuestras manos inmediatamente los queremos gastar o usar para comprar dólares o convertirlos en un activo que sí sirva como reserva de valor, lo que alimenta la carestía y
encarece el tipo de cambio. Es así como se produce una suerte de inflación inercial como consecuencia de no tener una moneda nacional sana, sino enferma, de la cual huimos como si fuera una peste."

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