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María Corina el termómetro de legitimidad


Los regímenes como el de Venezuela ataca con todo y busca destruir a sus adversarios. Foto: Majonews1, Pixabay

Antes de emitir una opinión con relación a este artículo, considere lo siguiente. El chavismo es castrismo puro y destilado, con recursos inagotables, algo que a los isleños les faltó por casi 40 años, prácticamente, Chávez llegó a la política no solo para salvar el castrismo en Cuba, sino para exportarlo al mundo, especialmente donde los niveles de desinstitucionalización lo acojan. Hasta ahora Nicaragua y Venezuela son los países más afectados.


El castrismo es indolente, verdugo inexorable de sus enemigos, no hace favores, y si lo hace los cobra con creces, en detrimento de sus víctimas. No perdona, tampoco otorga segunda

oportunidades… ¿Por qué enfatizamos en todo esto? Sencillamente porque todo aquel político que haya sido beneficiado por el régimen es porque, sin lugar a duda, ha sido pactado para fines específicos: liberaciones de presos, cese de sanciones, elecciones ilegales y pare de contar.


¿Ustedes creen que el chavismo, usando sus instituciones, pondría en manos realmente

opositoras la conducción de una tolda partidista? Obviamente no, es decir, aquellos “lideres” a quienes se les entregó vía Tribunal Supremo de Justicia las direcciones nacionales de Acción Democrática, Copei, Primero Venezuela, entre otros, los denominados “alacranes,” obviamente fueron pactados, por eso inmediatamente investidos, lo primero que hicieron fue atacar la oposición reconocida del momento, luego exigir cese de sanciones (aunque las causas que la generan empeoran), atacar las primarias y, especialmente, a María Corina Machado por cabalgar en las encuestas y no formar parte de ninguno de los bandos que destruyen a Venezuela.


Pero vamos más allá, el otro AD, el de Allup, ya recibió su cuota de poder 2023, un rector en el Consejo Nacional Electoral, al igual que Un Nuevo Tiempo de Rosales quien, a parte de ser indultado bajo obligación de prestarse para elecciones ilegales e ilegítimas, le pagaron con el cascarón de gobernación y lleva en su haber dos rectores CNE.


Henrique Capriles fue igual que Juan Guaidó, figuras cuya permanencia en la política han servido para que el chavismo supere sus crisis. Capriles entregó el triunfo de 2013 y detuvo las manifestaciones de 2016 cuando el régimen estaba en su peor momento. Guaidó recibió un chavismo en el piso, al final de su interinato lo dejó tan fuerte que ni siquiera depende de la renta petrolera y es inmune a las sanciones… Uno se pregunta ¿todo eso ocurrió por propio dinamismo o fue pactado? Ambos quedaron inhabilitados, excluidos, desechados, justamente, es la forma como paga el régimen.


Entre otras figuras a la que el chavismo concede promoción en los medios de comunicación

nacionales están Claudio Fermín, Ecarri (quien endilga parte de la culpa de la pérdida del

Esequibo a las sanciones), Eduardo Fernández y Pérez Vivas, quienes gracias a su impopularidad y falta de empatía, el régimen les concede libertades mediáticas, claro, mientras exijan cese de sanciones. Ahora bien, Benjamín Rausseo exhibe con orgullo al integrante de su equipo, chavista originario Juan Barreto, además, dicha candidatura el mismo Diosdado alaba en su programa.


En fin, todos los mencionados arriba son tratados dulcemente, con sutileza y han recibido favores del régimen ¿Son realmente opositores? Conociendo la naturaleza del castrismo venezolano estamos seguros que no lo son. Este tipo de regímenes ataca con todo y busca destruir a sus adversarios, los trata, precisamente, como trata a María Corina Machado, la única que el régimen destituye e inhabilita inconstitucionalmente, además, la persigue, la asedia, la censura, la ataca…


¡Le teme! Por tal motivo, es la única que pudiera brindar legitimidad a las primarias y a las

presidenciales, los demás, como observamos, son cómplices del régimen que buscan simular otra elección de anime como la de 2018.


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