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Las consecuencias económicas del chavismo


Las consecuencias económicas del chavismo. Foto: Archivo I21

El economista inglés John Maynard Keynes escribió dos libros que me encantan, Tratado de Reforma Monetaria, de 1923, en donde analiza con agudeza la inflación alemana de la primera posguerra y Las Consecuencias Económica de la Paz, de 1919, un texto brillante y premonitorio en el cual, de manera profética, señala el advenimiento de la Segunda Guerra Mundial como resultado del Tratado de Versalles y los términos de las onerosas reparaciones

que Alemania debía pagar a las potencias ganadoras de la Primera Guerra.


A propósito de los 10 años de la muerte de Hugo Chávez, sería interesante escribir ahora un ensayo parafraseando el libro de Keynes: Las Consecuencias económicas del chavismo.


Claro, ya no sería un trabajo con carácter premonitorio, sino simplemente como una “profecía sobre el pasado”.


El populismo de izquierda, bajo el nombre de “Socialismo del Siglo XXI", arraigó en la sociedad venezolana de forma intensa. Durante los tiempos de Chávez, de acuerdo a cifras del Banco Central de Venezuela (BCV), Banco Mundial (BM), Fondo Monetario Internacional (FMI) y fuentes independientes, el consumo por habitante aumentó 4 veces más que la producción por habitante. Eso quiere decir que los venezolanos consumíamos 4 veces más de lo que producíamos. Desde luego, si yo produzco 1 y recibo 4, con seguridad voy a estar bastante contento, lo que explica la inmensa popularidad en vida del Comandante Presidente, incluso hasta el día de hoy, según dan cuenta muchas encuestas.


Ahora bien, ¿de qué forma se compensaba la amplia diferencia entre lo consumido y lo producido? Pues bien, con ingreso externo petrolero y endeudamiento público masivo. Cuando los precios y la producción petrolera bajaron y dejó de fluir el crédito internacional,

se recurrió a la emisión de dinero inflacionario por parte del BCV.


Por cierto, tal fórmula es cuarta republicana al extremo. La revolución bolivariana ha sido más de lo mismo a la quinta potencia.


De acuerdo a datos proporcionados por fuentes diversas y a “ojo de buen cubero”, desde 2013 a 2020 se destruyó entre 75 y 77% de la riqueza nacional y salieron del país en busca de oportunidades económicas, aproximadamente 6 millones de compatriotas. El populismo de izquierda. en su versión de “socialismo del siglo XXI”. se encargó de hacer lo que siempre hace, en toto tiempo y lugar: reducir de manera sostenida la propiedad privada, la economía privada en general y destruir el sistema de precios.


Venezuela sufre una crisis inflacionaria en materia monetaria. Los precios de los bienes y servicios suben incesantemente. La moneda pierde valor, capacidad de compra. Pero los precios no suben todos al mismo tiempo ni es un fenómeno neutral. La inflación es un

fenómeno donde hay ganadores y perdedores.


Muchos precios suben, pero el último que sube es el precio de la fuerza de trabajo, es decir, los salarios. Al subir la mayoría de los precios y no los salarios, entonces bajan los salarios reales ya que éstos se hacen más baratos en comparación a los otros precios. Y los salarios reales forman parte de los costos del Estado, por lo que la inflación hace que los costos salariales del gobierno disminuyan al compararlos con otros costos y así pueda ayudarse para cuadrar sus cuentas fiscales.


La inflación es una trasferencia de riqueza desde los que menos tienen a los que más tienen, desde los asalariados a los empleadores. En Venezuela y en muchas partes es un programa de gobierno mediante el cual el sector público se financia.


Pero en nuestro país también hay una crisis deflacionaria en materia productiva. Bajan las rentas de la sociedad en general, bajan los ingresos de las personas, bajan salarios reales, baja la generación de empleos, desaparecen mercados y bajan las cuotas de mercado de las empresas, etc. Nuestro problema va más allá de la carestía.


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