La soledad de la 'revolución chavista' en Venezuela


En los albores de la “revolución” bolivariana Venezuela vivió un largo boom petrolero. El precio del petróleo se ubicó alrededor de los cien dólares por barril durante varios años. El país vivía momentos de prosperidad proporcionados por las divisas petroleras, y la “revolución” en lugar de utilizarlas para construir las bases de un desarrollo sustentable, ejecutaba su plan de destrucción estratégica. Todo con medidas que a la larga resultaron contraproducentes para la economía, como expropiar empresas, invadir haciendas, desmantelar las empresas fundamentales como por ejemplo Pdvsa, multiplicar el gasto público. En un año se llegaron a importar casi 50.000 millones de dólares.


No hay que olvidar que mientras se desmantelaban las instituciones y empresas del país, llegaron hasta a otorgar dólares baratos a los venezolanos para que hiciéramos turismo en el extranjero. Nos convertimos en la “ilusión de armonía” que expresó Moisés Naim. Un festín de Baltazar mientras se socavaban las bases de la economía y de la sociedad.

Las divisas petroleras hicieron popular a la “revolución” en el extranjero. A la botija llena se unía la simpatía de Chávez, quien cual Robin Hood internacional ofrecía dinero para pagar deudas, construir obras, ayudar a los deprimidos, aunque usted no lo crea, hasta de Nueva York. La “revolución” se hizo popular en muchas partes del mundo. Eran muy amigos del régimen, se decían hermanos, los mandatarios de Cuba, Argentina, Bolivia, Nicaragua, Ecuador, Brasil, entre otros, y de países más lejanos como Irán. Todos tenían excelentes relaciones con la “revolución”. Entraban y salían continuamente de Venezuela. Puro amor… pero el amor y el interés se fueron al campo un día.


LOS POLÍTICOS NO TIENEN AMIGOS SINO INTERESES

La influencia de la “revolución” venezolana y otros factores que no recordaremos hoy, han logrado que en las elecciones de América triunfen uno tras otro, políticos de izquierda: Nicaragua, México, Honduras, Bolivia, Argentina, Perú, Chile, Colombia, por ahí debería venir Brasil. Casi todos muestran triunfos limpios.

Fidel Castro jamás llegó a soñar con estos resultados electorales. Por eso en su momento se empeñó en llenar de guerrillas al subcontinente.


Pero, ¡sorpresa!, los últimos presidentes izquierdistas han hecho pocas migas con el gobierno venezolano. Ni Pedro Castillo, ni Gabriel Boric se han acercado a la “revolución” como lo hicieron con Chávez los mandatarios anteriores. Alberto Fernández, con el problema del avión parece el nuevo mejor enemigo. Ni siquiera se oye un cariñito para el gobierno por parte de la vieja amiga, la hoy vicepresidenta Cristina Fernández.


Gustavo Petro, desde ya se ha diferenciado del gobierno de Venezuela. En una interesante y larga declaración, a propósito de lo que se dice de su identificación con el régimen venezolano expresó: “se me endilga que con ello evado el papel de Maduro en la violación de derechos humanos de los venezolanos, o su mala gestión económica”. O sea… la amistad no es tan profunda como se podía pensar.

No me defienda compadre…


Realmente, en la charla referida el presidente Petro hizo un buen análisis de la ruta de Chávez y Maduro. Sin embargo, observamos dos detalles: en la destrucción de la producción petrolera, no le asigna la importancia debida a su principal causa: la expulsión de los 23.000 trabajadores de Pdvsa en el conflicto de 2002- 03, que prácticamente significó una lobotomía que marcó el declive de la otrora gran empresa. Parecido hace con las empresas eléctricas, ubica las causas del declive de estas, en decadencia de las fuentes de agua, cuando lo que privó fueron factores fundamentalmente de mala gestión. Es importante dejar claros estos aspectos para la certeza de los análisis.


Y por ahí debe venir Lula para completar el cuadro de presidentes izquierdistas. En caso de ganar las presidenciales, ¿se acercará al gobierno venezolano cómo otrora con su “hermano” Chávez, o seguirá la ruta de dejar sola a la “revolución” como sus nuevos colegas?

Ya no hay imán que acerque a la nueva izquierda al gobierno venezolano. Pdvsa ha bajado significativamente su producción de petróleo, gas y productos, por lo que ya no hay divisas para repartir. Más bien una terrible escasez de dólares que no permite subir sueldos sin recaer en hiperinflación. Además, la “revolución” venezolana dista mucho de ser un ejemplo de logros que puedan seguir esos nuevos gobiernos. Más bien parece que “rayara” al que se le acerque.


Sin divisas y ante un país destruido, la soledad de la “revolución” es creciente. Hoy buscan nuevos mejores amigos en Rusia, Irán, China… y tengamos la plena seguridad que ninguno de esos países da puntada sin dedal. ¿Qué buscan esos países?, ¿qué les ofrece Venezuela?

La política y el dólar se fueron al campo un día, y más pudo el dólar…que el amor que le tenía.

Por su parte, Estados Unidos está a la expectativa y en apariencia negociando con el gobierno venezolano, en busca de una transición. ¿Será posible? No lo sabemos. La política, al igual que la vida, “te da sorpresas”. Recalcamos que Estados Unidos requieren fuentes de hidrocarburos para el mundo occidental y necesitan recobrar este patio casi perdido del Caribe; mientras el gobierno venezolano necesita divisas con urgencia… y revertir esta terrible soledad. ¿Cambio de sanciones por democracia?

Adicionalmente, y este fenómeno hay que tenerlo en cuenta, la nueva izquierda no termina de adelantar reformas socialistas – observen. A veces dan la impresión de querer rebautizar al Mar de la Felicidad. Cosas de los tiempos...







Rafael Gallegos