Judith Castillo cumple 50 años reinando
- Aquilino José Mata

- 5 jun
- 4 min de lectura
Actualizado: 6 jun

Está cumpliendo Judith Castillo 50 años de haber sido aclamada como Miss Venezuela en 1976, en sustitución de Elluz Peraza, quien duró poco más de un día con la corona, a la que renunció por amor. Le correspondía sustituirla en su carácter de primera finalista, aunque tuvo que sortear no pocos avatares, pues los jerarcas del concurso no le tenían mucha estima que digamos. Esta historia, y muchas otras, las cuenta en el libro que acaba de publicar, titulado Judith Castillo Uribe. 50 años después.
Define con la frase “Yo quiero, yo puedo, yo lo hago”su actitud ante este y otros desafíos que se le han presentado. Así lo hizo en una entrevista que publicamos en El Universal en 2019.
Se inscribió en el Miss Venezuela con el propósito de quedar de primera finalista para ir al Miss Mundo, pero nunca se imaginó que la titular de la corona renunciaría, por lo cual, como virreina, ocuparía su lugar y en vez de ir a Londres tendría que viajar a Hong Kong a representarnos en el Miss Universo. “Me cambió mucho los esquemas -recuerda- Mi plan era otro, pues como iba al Miss Mundo tenía seis meses para prepararme, pero ahora contaba apenas con un mes de preparación. No tenía nada listo, ni maletas ni vestuario. Conseguimos la ropa con amigas y amigos de mi mamá, me ayudaron las fábricas de ropa del centro de Caracas. Como el concurso sería en Hong Kong, hablé con un tío político, que era chino, y con él aprendí frases y expresiones con las que pudiera desenvolverme y pronunciarlas fonéticamente. Eso causó mucha sorpresa allá. Eran frases cortas, fragmentadas, de las cuales me valía siempre, como saludos, echaderas de broma y expresiones de cortesía. Fue el día de la elección cuando vi que era el momento apropiado para lanzarme con el speech completo en chino durante mi presentación”.
Tuvo tanto impacto la simpatía y el arrojo de la venezolana, que casi se trae la corona.
Quedó de primera finalista, solo superada por la israelí Rina Messenger.
-¿No la acompañó alguien del Miss Venezuela en ese viaje?
“Nadie. Es que allí no me querían. Su candidata era Elluz Peraza y como ella renunció me dejaron a mi suerte. La organización no hizo nada de nada por mí.
-¿Tuvo que ver en ello Osmel Sousa?
-No, porque en ese momento el Miss Venezuela era de otros propietarios, Edwin Acosta Rubio y Dafne Acosta Rubio.
-¿Cómo fue su relación con Elluz Peraza?
-Fue buena durante el certamen, sin inconvenientes. Después de su renuncia no nos vimos más nunca.
-¿Su mejor recuerdo como Miss Venezuela?
-Mis recuerdos como Miss Venezuela no son muy buenos que digamos. Lo único que reivindico fue haber ido a Miss Universo y el buen papel que desempeñé allí, pues me permitió descubrir mi capacidad, mi temple, mi disciplina y tenacidad para lograr lo que me propongo. Fue como un santo y seña que me ha servido muchísimo a través del tiempo.
-¿Qué hizo después de entregar la corona?
-Me terminé de graduar de bachiller, presenté los exámenes por secretaría y poco después me salió mi cupo universitario en la Facultad de Medicina de la UCV. Hice el ciclo básico de dos años, pero estaba tan entregada a mis estudios, que llegué a pesar 35 kilos y por prescripción médica tuve que dejarlo. Llegaba en la mañana y me quedaba en los dos turnos de la carrera, todo el día, además de las guardias voluntarias en el Clínico y otros hospitales.
Me alimentaba de café con leche y sanduches. Mis profesores me recomendaron parar porque mi salud se resentía. Luego decidí estudiar Derecho en la Universidad Santa María y allí me gradué.
-Después de graduada empecé a trabajar en el Grupo 1BC, empresa propietaria de Radio Caracas Televisión, formando parte de su plantilla de abogados. Más tarde me especialicé en propiedad intelectual. Eso fue en 1988, pero ya desde 1980 era también animadora de todos los especiales del canal y era su imagen institucional.
-¿Qué le dejó su actividad televisiva?
-Como animadora tengo los mejores recuerdos. Aprendí mucho, conocí a los más grandes artistas internacionales, como La Toya Jackson, Cheo Feliciano y José Feliciano, entre muchos otros, a quienes presenté en vivo. También a relevantes figuras nacionales cuando eran unos jojotos, cuando no tenían todavía la fama que luego alcanzaron, gente como Serenata Guayanesa, Ilan, Yordano, Daiquirí y Franco de Vita.
-Formé parte, como presentadora, de la época dorada de la televisión venezolana, con Guillermo González y Belén Marrero. Hicimos los programas del Anticanceroso, Viva la Juventud, Cita con las Estrellas, los programas del Dividendo Voluntario para la Comunidad, alterné en Fantástico con Guillermito González y con Eladio Lárez y Nelson Bocaranda en Lo de Hoy es Noticia. Fueron años de intenso fogueo.
En 1997 se independiza y crea su propio escritorio, aunque seguía siendo abogada externa del Grupo 1BC. “Me casé en 1987 y tuve tres años de casada. En los años que siguieron me dediqué a la crianza de mis dos hijas, María Alexandra y María Fernanda. Quise estar cerca de ellas en ese período de crecimiento. Ahora ya están casadas y las dos viven en España. Tengo todas las gratificaciones del mundo como madre, con dos hijas hermosas, buena conducta y estudiosas. Educarlas no fue difícil. Viajábamos los fines de semana con el Circo de Popy, donde yo era la animadora. Allí me dieron todas las facilidades para llevarlas. Ellas gozaban un mundo. Eran muy amigas de Carolina, la hija de Diony. Yo me las llevaba a las tres a los museos, parques y lugares de interés de los sitios que visitábamos.
-¿Cree que las cosas cambiarán en Venezuela?
-Creo que sí, aunque sólo si la gente trabaja para lograrlo, no quedándose sentada en su casa. Si lo que quieren es la ansiada libertad, hay que salir a buscarla.
-¿Lo mejor que le ha pasado en la vida?
-Haber nacido en una familia matriarcal, donde los estudios eran prioritarios. Mi Mamá no permitía que nadie pasara con 10 diez puntos, sino con calificaciones más elevadas. Para ella la educación era lo más importante. En mi familia somos muy unidos. Mi mamá se llama Libertad, como lo que deseamos, y mi abuela se llamaba Victoria, como la que vamos a tener. Y yo me he debido llamar Revolución…



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