Intentará lo que se le permita hacer

Actualizado: 23 ago

5 June 2012

Me imagino al líder afligido, buscando permanecer en el poder el mayor tiempo posible, y su pase a la leyenda latinoamericana a como dé lugar, para cuando ya no exista. No tiene opción. Perder el dominio probablemente representaría tirar su gloria al basurero de la historia. Además, significaría –si sanara- su enjuiciamiento, la cárcel o un exilio, el que sería incierto y vulnerable. Sabe, por experiencia propia que la diplomacia petrolera del garrote que él mismo inauguró, se usaría contra quien le dé asilo. Por ello, necesita protegerse comandando directamente su patio, hasta donde se lo tolere su enfermedad, para evitar su ruina política.

Su primera opción, para intentar prolongarse en el poder o a su sucesor, será “democrática”, a su estilo inconfundible, por supuesto. Buscar la vuelta, es clave. Si se presentara la ausencia temporal o absoluta del mandatario, la Constitución Nacional ordena la realización de elecciones en 30 días. Lo cual sería un riesgo “innecesario”. Por ello, su estrategia debe contemplar de inmediato -si gana las presidenciales- “explotar la victoria”, enmendando la Carta Magna de manera que sea el vicepresidente o el presidente de la Asamblea, sea el caso, quien lo sustituya no por un mes, sino por el resto del período. Esto le garantiza al chavismo su permanencia en el poder por seis años más, con su hija, o su hermano, o el dirigente que tenga su beneplácito –y el de los Castro- y que le garantice su reputación, sus laureles y su pase histórico. El problema es que la tradición de la humanidad no funciona así, la sabiduría popular ha inmortalizado el proceder cuando ocurre un vacío de poder, con dos expresiones: “Rey muerto, rey puesto” o “el Rey ha muerto… ¡viva el rey!”.

Los pueblos siempre han impuesto el cambio y los caudillos generalmente terminan mal. Incluso, en democracia: Dos líderes fundamentales de los dos grandes partidos del siglo XX, se empeñaron en relegirse y lo lograron, y su final no fue precisamente memorable.

El comandante, por ahora, no tendrá entre sus planes un camino distinto al democrático, porque me imagino que cree las encuestas del gobierno. Sin embargo, va a intentar amoldar la Constitución a su enfermedad. La sociedad debe prepararse desde ya previendo los próximos pasos después de las elecciones –si ganara Chávez- para impedir ese remiendo inconstitucional, el cual pueden intentar imponer, abusando de una mayoría en la Asamblea y en la Corte Suprema de Justicia.

Pero el verdadero problema se presentará en los próximos cuatro meses -antes de las elecciones- si se hace evidente que Capriles las ganaría. El mandatario entonces cada vez jugará más duro, y los ciudadanos deben responder con mayor obstinación cívica y entereza al defender las libertades. Más temprano que tarde las fuerzas de la democracia, incluidas las de su propio partido, entenderán que el caudillaje latinoamericano no sobrevivirá en el siglo XXI.









Vladimir Gessen

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