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El Señor Universo y la vida en otros perros

Comenzaré diciendo que el título del trabajo de hoy casi es copiado de un libro maravilloso que está en Amazon, que por casualidad cayó en mis manos: ¿Quién es el Universo? Escrito a cuatro manos por los esposos Gessen, Vladimir y María Mercedes.

Como soy muy copión y envidioso, el tema del libro en cuestión me ha inspirado. Lo que voy a escribir raya en la ciencia ficción, en religiones y en esoterismo ramplón si el tema no es bien tratado.


¿Quién es el Universo? es una lectura que me recordó, sin salvar distancias, a otro gran libro, El Universo en un solo átomo de Dalai Lama, en donde aborda temas peludísimos para humanos normales como yo. Este libro no es un libro de religión. No. Es un libro en donde se conoce a fondo cómo los budistas tratan de compaginar su filosofía con la ciencia moderna, cosa que, a mi manera de ver, le cuesta más a los cristianos apostólicos y romanos. El Dalai Lama se nos presenta como un hombre ecléctico capaz de decir que, en vista de las pruebas científicas, hay cosas del budismo que podrían estar equivocadas.


Hay otro libro que aunque usted lo lea cien veces y lo vuelva a leer doscientas más, nunca podría entenderlo bien, me refiero al libro de Stephen Hawking Breve historia del tiempo, quién también, a ultra profundidad científica, trata de explicar el tema de la existencia del Universo. A Stephen Hawking le pasó con esto de explicar el Universo, lo mismo que le ocurrió a San Agustín con el tiempo. “Si nadie me lo pregunta, lo sé. Si quisiera explicárselo al que me lo pregunta, no lo sé”.


Y fíjense mi atrevimiento, yo que realmente no sé nada del tema, ni soy científico, ni religioso, ni filósofo, hoy me atrevo a opinar como si supiera.


Vladimir y María Mercedes titulan su excelente libro ¿Quién es el Universo?, como si el universo fuese una persona tangible. Ellos me han convencido que sí, que sí lo es. Peor aún, primera vez que veo algo que aclara quién es Dios. Todo el mundo sabe quién es Dios, pero nadie cree haberlo visto y resulta que cada cosa que vemos es Dios. Los seres humanos somos unos microbios imperceptibles al microscopio de mayor alcance que existe en el Universo que vivimos. El Universo que vivimos es un cuerpo interconectado.


Los árboles, las mariposas, las jirafas, la luna, el sol, los planetas, las galaxias y los humanos somos parte inconsciente de un ente llamado El Universo. El Universo, en su totalidad, es el Dios en el cual vivimos y por eso creemos no verlo. No lo vemos porque somos parte de él. Dios, según todas las religiones, tiene el poder de crear vida de la nada. Partiendo de ese hecho, una mata de mango también es Dios, porque de la nada le salen flores que se convierten en mangos que no existían. Crea mangos. Nosotros somos Dios, un día andamos solos y conocemos a una mujer que andaba sola y sin saberlo, juntos creamos en un espacio vacío una vida que no existía.


Hubo un momento, antes de nuestra procreación, en donde todo existía menos nosotros y de pronto, sin ningún tipo de intervención inteligente, estamos vivos siendo parte del Sr. Universo y, sin saberlo, nosotros mismos, en potencia, podemos ser creadores.


Fijaos en algo curioso; dentro de usted, encima de usted, debajo de usted, que ya os dije que sois un microbio insignificante en un microscópico planeta que flota en el espacio, habitan millones de microscópicos parásitos que si pensaran (¿quién sabe?), creerían que viven en un inmenso Universo que se mueve. Es decir, viven en usted. Sí, para ese microscópico ser, usted es un Universo del mismo tamaño del Universo en el cual usted vive.


Sé que mi explicación no es nada científica y mucho menos religiosa, pero tiene sentido. Un ser humano es la suma de sus partes. Usted a la vez es los riñones, las uñas, los pulmones y tiene una central eléctrica autónoma, el cerebro, quien dirige una operación llamada vida. Somos el total de muchas partes. El sol, la luna y las galaxias funcionan igual, son el total de un ser vivo llamado el Sr. Universo, quien es un Dios tan grande o pequeño como nosotros.


Qué interesante y subjetiva puede ser la vida dentro y fuera del Sr. Universo. Si usted esta noche se asoma a su balcón, podría ver la luz de una estrella que ya no existe desde hace millones de años y está tan lejos que ahora es que vemos el reflejo de la luz de cuando estaba viva. Esto, a mi parecer, es un hecho inquietante que nos plantea una forma diferente de ver nuestra propia existencia.


Ya van a ver por qué somos dioses inmortales, me explico: en alguna parte del Universo, a millones y millones de años luz, existe la posibilidad de que seres inteligentes, en este momento, estén mirando la luz que emitía la Tierra antes de que usted naciera, incluso, podría estar Cristóbal Colón llegando a América, es decir, Cristóbal Colón podría estar vivo en alguna parte del Universo. En teoría podrían ver a su tatarabuelo o más atrás, pero, sin embargo, usted ya nació y está vivo en el mismo momento que ese ser extraterrestre está viendo a Colón y a su tatarabuelo. Y es que en el Sr. Universo todo está por comenzar y todo ya terminó a la vez. Usted no ha nacido o ya nació al mismo tiempo, dependiendo de la distancia desde donde lo estén mirando. Difícil entender este misterio siendo usted mismo parte del misterio.


Y finalizando, para divertirnos, les voy a contar un cuento. Una noche paseaba un peludo perro por una oscura y solitaria calle. Sobre su lomo viajaban dos pulgas acostadas en su pelaje. Miraban todo a su alrededor, veían luces destellantes y eventualmente a otros perros a lo lejos. Una de las pulgas, extasiada, exclama filosófica: ¿Habrá vida en otros perros?








Claudio Nazoa @claudionazoa

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