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“El Profesor Carreño”


El profesor Carreño. Foto: Twitter @HospiMilCaracas

Al observar el título de la presente columna de opinión, muchos quizás piensan de inmediato en que nos vamos a referir al Carreño que está de moda por estos tiempos, que se nombra mucho y dice que a los “escuálidos” hay que desaparecerlos, por no utilizar las palabras exactas utilizadas por ese “señor”.


El mismo que solicito durante un acto conmemorativo del intento de Golpe de Estado el pasado 4F, a un Gobernador y a militantes del PSUV y su juventud, prepararse la próxima semana para hacer un levantamiento de información o “diagnóstico” escuela por escuela, para determinar cuántos maestros no están asistiendo con esa información, Pedro Carreño aseguró que convocará a los equipos del PSUV a asumir “trabajo voluntario”, para ocupar los cargos de los docentes.


El asunto es sumamente complicado y hasta ridículo, con el inmenso malestar que existe dentro del gremio educación en nuestra Venezuela, con lo mal pagados que están los profesores y maestros, sumado al franco deterioro de infraestructuras, ahora surge la especie de que VOLUNTARIAMENTE personas en su mayoría no calificada va a sumir algo tan delicado como la educación de quienes están en plena formación, lo demás se los dejo a su imaginación.


Pues bien, resulta mis estimados lectores, que el Carreño que reseñamos es al autor de “El Manual de Urbanidad y Buenas Maneras, el cual fue escrito por Don Manuel Antonio del Rosario Carreño Muñoz en aquella Venezuela de 1859. Esta obra contiene capítulos en los que se indican los consejos y lecciones sobre cómo debían comportarse las personas en espacios públicos y privados, como por ejemplo: con la familia, en eventos sociales, en la mesa y hasta en la iglesia.


Aunque tal vez suene pesado, hoy en día existe una realidad inocultable y es el hecho de que el deterioro de las normas y la educación son alarmantes, por más que se quiera ser hasta chistoso con el tema como lo hacen personeros del gobierno actual, no es más que un descalabro en lo que a comportamiento como sociedad debe ser, donde mucho tiene que ver por cierto el Carreño revolucionario de estos tiempos.


En la Venezuela de la “Revolución Bonita”, que siempre les recuerdo que de bonita no tiene nada, se ha perdido el respeto y trato cordial con los ancianos, con los niños, con las damas y lo que ha florecido luego de estos años de predica del “Hombre Nuevo” es una barbarie sin control, lo que ha surgido lamentablemente es la corriente del vivo, del que se las sabe todas, incluso del que maltrata para obtener lo que quiere por el solo hecho de que le toca y punto, sin esfuerzo, sin habérselo ganado; el concepto de meritocracia lo acabó en esta mal llamada Revolución.


En la conversaciones de la gente en muchos sitios sean públicos o privados, sale a relucir lo diferente que eran aquellos años no muy lejanos, en los cuales por ejemplo, entrar al sistema Metro de Caracas era como estar en otro país, las personas transitaban por su derecha, en perfecto orden, respetaban el paso de los demás, a los ancianos, a las damas con niños o embarazadas, a los discapacitados en fin; hoy en día lo que falta es que entren al Metro chivos y vacas, con el perdón de los animales; es terrible todo lo que sucede, buhoneros vendiendo lo que se les ocurra, personas pidiendo dinero, los individuos no caminan, corren y por supuesto, no podemos dejar a un lado los robos masivos que ocurren con mucha frecuencia, para lo que al menos por ahora no parece haber remedio.


Ante esta realidad y volviendo al tema que nos ocupa, indica el mencionado Manual de Don Manuel, que existen deberes en el hogar, para con Dios, para con la sociedad, para con nuestros Padres, para con la Patria, para con nuestros semejantes y para con nosotros mismos; es justo allí de dónde parte todo, con el grave deterioro que existe actualmente, es el hogar el más afectado y los integrantes de esas familias, separadas también por las causas que todos sabemos.


Por lo tanto mientras escribo estas líneas, no salgo de mi asombro y preocupación, al observar la ligereza con la que se llama a personas que aunque quizás tengan muy buena intención, no están del todo preparadas para dar clases, para formar, para eso se necesitan muchas cosas, herramientas, capacidades y un largo etcétera.


Son muchas las interrogantes que hay que hacerse, ese es el punto de preocupación que debieran de atender las autoridades educativas actuales que tengan conciencia de lo que puede llegar a suceder y no estar buscando culpables en la oposición o en el imperio, que es siempre la mejor salida que utilizan cuando la realidad les explota en la cara.


Recordarán muchos aquella materia del bachillerato, que se llamaba “Formación Social Moral y Cívica”, que entre otras cosas ayudaba a la formación de los alumnos jóvenes, a ser mejores ciudadanos, mejores padres y madres de familia en un futuro, también a ser mejores hijos e hijas; mucho de eso se ha perdido o ha sido sustituido por cátedras de ideología política que seguramente será un componente de la propuesta del Carreño Bolivariano y eso definitivamente a contribuirá de modo muy negativo en el desenvolvimiento de nuestra colectividad que ya es el reflejo de la grave situación social que vivimos actualmente.


Hay que luchar contra el bombardeo de lo negativo, de lo incorrecto, para salir de esta crisis moral en la que nos encontramos y eso inicia en nuestras casas, con nuestros familiares más cercanos, con la buena educación que le damos a nuestros hijos que son el futuro; solo de esa manera saldremos de este laberinto al que nos han empujado a muchos sin consultarnos y será allí donde todos tendremos que colaborar y dar nuestro aporte para que mejoremos como país.


Tal vez utilizando un poco de sentido común, podamos acercarnos a lo que el estimado Profesor Carreño, el de verdad le indicaba a su pequeña hija Teresa en el seno de su hogar y que la llevo a convertirse en una gran y famosa pianista, embajadora de aquella Venezuela que ya no está, para que de este modo podamos aplicarlas en nuestra Venezuela actual y hacerla resurgir como una nación prospera, digna y a la altura de sus ciudadanos y habitantes que lo merecen, así de simple y sencillo.


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