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Cuentos chinos en Hispanoamérica


El populismo se apoya en esos cuentos chinos que estamos obligados a desmontar. Imagen: Alyn, Pixabay

La narrativa de los populistas tiene una marcada carga de “cuentos chinos”. Eso sí, muy

bien aderezados y condensados en frases poderosas que son articuladas con base a

estrategias publicitarias, previamente elaboradas, que responden a planes comunicacionales que no dan lugar a improvisaciones. Aparentan naturalidad, que todo lo que dicen es espontáneo, una ocurrencia, pues, del líder de marras; pero la verdad es que todo cuanto divulgan está concatenado a planes que son secundados por una artillería mediática que incluyen redes sociales y en las que no pueden faltar las plataformas de bots y los algoritmos, fake news y su correlativa post verdad, y, una no menos importante batería de medios audiovisuales e impresos concatenados con esas políticas.


Desde luego que hay mucha gente que sabe que lo que dicen Nicolás Maduro desde Venezuela, o Daniel Ortega desde sus fortalezas nicaragüenses, no son más que mentiras, pero lamentablemente tampoco faltan los incautos que terminan siendo seducidos por esas historias con las que bombardean a los pueblos, induciéndolos a que den por cierto algo que es falso por los cuatro costados por donde se le vea. Son artificios como los que suele poner en el aire la expresidenta Cristina Kirchner, cuando pontifica, autocalificándose como la mandataria que “desendeudo” a la Argentina, cuento chino al que califican de milonga de mala factura sus propios conciudadanos.


En Nicaragua, los falsos revolucionarios que manipulan las instituciones de ese país centroamericano, no dejan de “rasgarse las vestiduras” para presentarse como los conductores de “un pueblo libre de ataduras con los imperios que controlan el mundo”.


El cuento chino en este caso, es que para la dictadura de Ortega el imperio equivale a

decir EEUU, pero no al de China, ante cuyas autoridades se postra, rendido y sumiso el dúo Ortega-Murillo, ejecutando acciones como el cierre de la embajada de Taiwán y dándole rienda suelta a los emisarios chinos para que emprendan el quimérico proyecto de construir un canal marítimo de una vía fluvial que acoplará el Mar caribe, en el océano Atlántico a través de Nicaragua en América Central. Es un proyecto que tiene más empaque de “cuento chino” que de posibilidades de hacer realidad entrelazar las corrientes del rio, con las aguas del Lago Cocibolca para facilitar travesías por el istmo de Rivas con la brújula puesta hacia el Pacifico.


Para los socios del Foro de Sao Paulo la detención e inmediata destitución del expresidente peruano Pedro Castillo, fue “un golpe de Estado perpetrado por los cachorros del imperio yanki”. Argumentan que la temeridad cometida por su defendido “estaba ajustada a derecho”, cuando bien se sabe que Castillo se saltó a la torera las más elementales normas que resguardan las instituciones peruanas. Aquí veremos un cuento chino cruzado porque en el caso peruano y su socio foropaulista, Pedro Castillo, se vale todo, cualquier cosa que haga es justificada, pero el cuento chino cambia, diametralmente, cuando analizan la decisión asumida por el presidente de Ecuador Guillermo Lasso, quien apegado a la norma constitucional vigente aplica la llamada Muerte Cruzada, en donde él pierde la presidencia y el Congreso tiene que llamar nuevamente a elecciones.


En Venezuela la dupla dictatorial que formaron el difunto Chávez y su designado Maduro, aplicaron tijeretazos a la moneda nacional para confeccionar el cuento chino de que tendríamos los venezolanos “un signo monetario fuerte y soberano”, resulta que esa eliminación de ceros y la emisión de nuevos billetes fue devorada por la hiperinflación que todavía deja sentir sus efectos, cuando leemos en los reportes de la prensa internacional de esta semana, que Venezuela, según el Traiding Economics, encabeza el ranking mundial como el país con la inflación más alta del mundo, además, una canasta alimentaria está costando 526 dólares (equivalente a 100 salarios mínimos), mientras el país se desliza hacia una depresión económica y a una agudización de la catástrofe social.


Sin embargo, Maduro pretende seguir con su cuento chino de que “Venezuela se arregló” gracias a sus manidos planes de I) Nueva Ética Socialista; II) Suprema Felicidad Social; III) Democracia Protagónica y Revolucionaria; IV) Modelo Productivo Socialista; V) Nueva Geopolítica Nacional; VI) Venezuela como potencia energética mundial y VII) Nueva geopolítica internacional. Los resultados no pueden ser más demoledores, haciendo añicos ese cuento chino madurista de que “son planes que todavía están en elaboración, pero que van a significar un salto tremendo, cualitativo, brillante para la felicidad social de nuestro pueblo”. Ese cuento chino de la “felicidad” madurista se estrella con el índice de miseria del economista Steve Hanke que indica que Venezuela es, junto a Zimbabue, el país más infeliz del mundo.


Otro cuentista es el presidente de Colombia Gustavo Petro que se paseó por la Casa Blanca echando sus cuentos chinos sobre “la paz que estaba logrando gracias a los diálogos emprendidos con los capos de la FARC y del ELN”. La verdad es que están asesinando a niños indígenas en el territorio colombiano de Putumayo y el cuento chino del presidente Petro se pone en entredicho, viéndose obligado a suspender el cese al fuego bilateral con las fuerzas irregulares disidentes. Esa resolución ha sido respondida sin miramientos por el guerrillero Iván Mordisco, vocero del estado Mayor Central de una de las fuerzas de la antigua guerrilla de las FARC, quien espetó que “se multiplicarán muertos y prisioneros en Colombia”.


En México el presidente López Obrador hace de su cuento chino de sacar a los manitos de la pobreza una estrategia política, confesando que “toda ayuda a los pobres da réditos electorales”, pero eso sí, no deja de tener presente la filosofía de Hugo Chávez inmersa en el cuento chino del Socialismo del Siglo XXI, según el cual “ser rico es malo”. Tal sentencia fue pronunciada por Chávez el año 2003, entonces calificada por sus fanáticos partidarios como “una verdad luminosa que hiende los sentidos y estremecen los tiempos”. Veinte años después lo que tenemos es a unas elites chavomadurista corrompidas, disfrutando de riquezas mal habidas, mientras los pobres son más pobres que nunca. En conclusión, el populismo se apoya en esos cuentos chinos que estamos obligados a desmontar.


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