Consecuencias de una decisión presidencial

Actualizado: 23 ago

5 May 2012

Señor Presidente, con todo el respeto que me merece su alta investidura y la máxima consideración humana que le dispenso, me veo obligado a plantearle –una vez más- la imperante necesidad de que acepte su enfermedad y declare su ausencia temporal de la presidencia de la República. Usted debe seguir el ejemplo de Fidel Castro: Cuando se vio ante una enfermedad crítica, dejó el poder y su obra continuó, independientemente de que adversemos el sistema comunista que prevalece en Cuba. El segundo líder y el partido de gobierno de ese país, asumieron el mando y han abierto la posibilidad de un cambio pacífico que pudiera conducir al pueblo cubano a construir una sociedad diferente y democrática. Presidente Chávez, de eso se trata, de que su salida del poder no ocasione una perturbación social y política que arrastre a un baño de sangre a nuestra nación. Se empeña en seguir gobernando, cuando sabe que no lo está haciendo. Sus ministros, por razones piadosas más que comprensibles, no le presentan los problemas del país, ni le mencionan los asuntos delicados. Fidel y Raúl Castro, su hermano Adán, Nicolás, Elías, o Henry Rangel Silva, entre otros, no le reportan todo lo que un presidente debería saber y le deben filtrar las informaciones. También, quiere ser candidato y además seguir gobernando mientras trata su precaria salud.

El problema es que mientras tanto, los otros líderes de la revolución venezolana y la cubana, evalúan alternativas y escenarios sobre el qué hacer cuando el comandante se ausente. Escenarios que seguramente, Presidente, desconoce y de los cuales nadie le hablará. Pero créame, los planes existen. Lo sabe como militar y como político. Presidente, su poder radica en el apoyo popular, puede tranquilamente declararse enfermo, esto no lo perjudicará, por el contrario. Si nombra un vicepresidente de su confianza política y un gabinete de los más capaces, la estabilidad del país se hará presente. Su ausencia temporal la suplirá el vicepresidente, quien asumirá la presidencia. Si Usted puede ser candidato, bien. Si no, deje que el PSUV escoja a su abanderado y permita que los venezolanos seleccionemos quien será el próximo presidente, sea Usted, su sucesor político, o el candidato opositor.

Esto le dará presente estable y futuro seguro a Venezuela, a su partido, a su obra de gobierno y a los factores de oposición, sin importar quien gane las elecciones.

No hacerlo, Presidente, es acrecentar la incertidumbre y eventualmente tensar la cuerda constitucional a límites de ruptura y echar todo por la borda. Un gobierno de emergencia o de facto que trate de gobernar en su nombre no durará, y enterrará su memoria y su historia. Un golpe de otro signo conducirá a Venezuela a una historia siniestra. Señor Presidente, reciba mis deseos por su sanación y mi comentario de buena fe, como mi forma de ayudarle en este difícil trance.









Vladimir Gessen

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